La guerra de Ucrania parece muy lejana vista desde América Latina, y es difícil seguir su evolución reciente, pero no se puede dudar de su importancia global, de su efecto directo sobre la inflación de bienes básicos como energéticos, granos y fertilizantes, ni de su efecto global, porque ha desestabilizado el sistema internacional, y especialmente el europeo. Olvidados están los esfuerzos de Alemania (con Angela Merkel y otros europeos) para adquirir gas a largo plazo de Rusia. Por su parte, los países de la ex URSS, hoy independientes, como las repúblicas del mar Báltico -–Estonia, Letonia y Lituania—creen firmemente que si Rusia logra sus objetivos en Ucrania, ellos mismos seguirían en la futura línea de ataque del Señor Putin.

No en balde Suecia y Finlandia han entrado ya, o están a punto de entrar a la Alianza Atlántica, y el jefe de gobierno polaco declaró hace meses (junio, 2022): “Si a Rusia se le ocurre atacar Polonia, el Kremlin debe saber que hay cuarenta millones polacos dispuestos a empuñar las armas y defender su patria”. Desde el inicio del conflicto, más de tres millones de ucranios han cruzado la frontera hacia Polonia (cifras de la ONU, 2022)

Mas de cerca ¿cómo va la guerra en Ucrania? Ante todo, hay que señalar los muy limitados éxitos de la contraofensiva que Ucrania inició en junio de 2023. El ejército ruso tuvo mucho tiempo para construir fuertes líneas defensivas, amplios campos minados, artillería pesada preparada para detener la ofensiva, y han mejorado su uso de las armas más modernas, anunciadas como una innovación en las tácticas bélicas: los drones propios y los sistemas electrónicos para neutralizar drones enemigos. La contraofensiva se complica porque su campo de acción se sitúa en frente muy amplio, de aproximadamente 1400 Kms de largo y cinco Kms de ancho, en donde se ubican las tres líneas defensivas rusas.

En una guerra convencional, librada por un país rico, la ofensiva contra las actuales defensas rusas requeriría necesariamente de una fuerza aérea especializada que pudiera “limpiar” el terreno antes del avance fuerzas terrestres. Pero sin fuerza aérea, los ataques terrestres de Ucrania se hacen a costa de pérdidas humanas y de equipo militar. Todo esto explica sus limitados avances.

Por otra parte, analistas de Gran Bretaña han señalado que el ejército ruso ha perdido en 14 meses la mitad de su capacidad ofensiva, y aunque han reclutado nuevos soldados, no tienen suficientes reservas para relevar a los que ya están en el frente (NYT, 19 de julio, 2023).

Dentro del frente ruso, si tuvo su importancia el breve motín de los mercenarios de Wagner organizado por el mafioso Yevgeny Prigoshin, quien abiertamente criticó la conducción de la guerra. Sorpresivamente, el Presidente ruso (y la capital del país) se vieron amenazados por una fuerza militar que había sido creada por Putin mismo como fuerzas especiales separadas, pero mejor entrenadas que el grueso del ejército. Hasta ese momento su gobierno había tenido éxito reprimiendo a disidentes liberales y a empresarios, pero esta vez el motín provino de grupos de derecha que formaban parte de su propia coalición. Aún está por verse el futuro de las fuerzas Wagner, y las consecuencias de este motín.

Especialmente relevante ha sido el uso militar de drones, la gran innovación del conflicto. Fareed Zakaria informó en CNN que los Ucranianos utilizan en el frente 200 mil drones al año, muchos de ellos fabricados en Ucrania, que además tienen vidas cortas. Ucrania pierde 10 mil drones cada mes por la capacidad de los rusos de derribarlos o de bloquear sus comunicaciones.

A su vez, Eric Schmidt, un asesor del Pentágono entrevistado por Zakaria, explicó que los rusos gastan 60 mil disparos de artillería cada día, lo que significaría una capacidad de fuego más grande que cualquier ejército de Occidente, e indica que los rusos habían acumulado municiones desde hace años. Se trata de una situación parecida a los escenarios de la I Guerra Mundial.

En el frente económico, un año después del inicio de la invasión rusa, el comercio global se ha ajustado a las sanciones económicas. Una red de proveedores está enviando automóviles, partes electrónicas, teléfonos celulares, laptops y artículos de lujo a Rusia a través de Dubái, Armenia, Turquía y Kazajstán. Por ejemplo, las exportaciones europeas hacia Kazajstán y Armenia se han multiplicado por cuatro (NYT, 13 de julio, 2023), y las ventas a los Emiratos han subido 40%. Al mismo tiempo, autos y electrónica provenientes de China inundan los mercados rusos.

A pesar de que los precios de todos estos bienes han aumentado para los rusos, las ventas a través de países intermedios que tienen frontera con Rusia muestran la imposibilidad de detener el comercio desde Occidente a Rusia.

En otro informe de Zakaria en You Tube, se analiza la situación general de la sociedad rusa: la expectativa de vida es reducida, propia de un país subdesarrollado, su población se viene reduciendo y miles de rusos educados y urbanos huyeron del país al estallar la guerra en Ucrania. Mucho de esto es producto del gobierno de Putin, que dura ya más de veinte años, que se financia con ingresos petroleros y de gas, y que no provee a su población de servicios básicos de bienestar, mientras que la corrupción está generalizada en el país, y la desigualdad social es creciente. No es un buen momento para vivir en Rusia.

El futuro se ve sombrío: en entrevista con el Washington Post en YouTube, el exembajador norteamericano a Rusia hasta 2022, John Sullivan, ha advertido que Putin no se va a detener, sin importar los costos internos que tenga que pagar, porque la considera como parte de un conflicto más amplio contra Occidente, al que concibe como “en decadencia” y con la intención de destruir a su país. En este sentido, la invasión de Ucrania sería para Putin el inicio de una guerra más amplia. Sullivan opinó que su presidencia no sobreviviría a una derrota en Ucrania.

Además de enviar armas de todo tipo y municiones, la coalición occidental ha entrenado a miles de soldados ucranianos. El apoyo militar de EE. UU. a Ucrania se ha reportado en 40 mmd. Aun así, es claro que, a menos que ocurriera algo extraordinario, esta guerra va para largo, porque ninguna de las partes tiene una ventaja significativa.

La geopolítica mundial ha cambiado, al grado de que algunos analistas hablan de que se ha terminado el largo ciclo de globalización que se inició con la expansión económica china desde los años ochenta, para entrar a una era de regionalización, cuyas principales características serían las crecientes tensiones entre China y los Estados Unidos, las dos principales economías del mundo, y el enfrentamiento directo entre Rusia y el resto de Europa, con todas sus consecuencias. Pero esto es apenas una tendencia que apenas muestra sus primeros pasos.

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