“Desplazarse al piso” es una expresión que puede abarcar una variedad de significados, pero en general implica una pérdida de control y, en un sentido figurado puede significar rendirse o ser derrotado en una situación. La suerte definida como el resultado de eventos fortuitos que están fuera del control humano puede manifestarse en diferentes formas o eventos aleatorios (des)favorables. Dicho esto, la suerte no parece ser una fiel compañera de la transformación de López Obrador, basta y sobra observar un sexenio impactado por múltiples imponderables atajados con un pésimo manejo de crisis y un ineficaz control de daños. Empero como en este régimen la figura del Presidente ejerce un poder desproporcionado sobre el gobierno y sectores de la sociedad, los contrapesos y las instituciones continúan con un sostenido debilitamiento de los mecanismos de control y equilibrio.

La propaganda mañanera arrecia para encubrir los usos y abusos contra los derechos humanos y las libertades democráticas. La creación de la narrativa alternativa en la que se niega la evidencia de la impunidad y corrupción del círculo familiar presidencial y en la implosión de la burbuja judicial manejada por Arturo Zaldívar está estirando una cuerda que de romperse atenta contra la situación política y social del país.

No hay maroma suficiente que anule el efecto dominó causado por la incontinencia verbal de López Obrador al expresar que el entonces presidente de la SCJN, que entraba y salía de reuniones en Palacio Nacional, habría intervenido para modificar decisiones de jueces en casos como Odebrecht, la Estafa Maestra, Tren Maya, AIFA y la ley eléctrica entre otros.

La granada deschavetada activó su mecanismo de detonación y hoy se sabe de una investigación del Poder Judicial sobre el actuar de Zaldívar y un entramado de intereses —que incluyen al ex consejero jurídico Julio Scherer— que además se han convertido en un lastre para la campaña de Sheinbaum que ya carga con un pesado equipaje adicional de corruptelas indefendibles.

En los pasillos morenos hay molestia latente por la lápida presidencial en la espalda de su candidata.

No sorprende entonces la respuesta de la aplanadora legislativa en asuntos como la Reforma a la Ley de Amparo, la pretensión de adueñarse de las Afores de adultos mayores a 70 años y una (in)explicable Ley de Amnistía.

La perversidad detrás de este timing promoviendo tácticas de un fin justificando los miedos, pintan el ánimo integral con los tambores de guerra presidenciales.

Es por más evidente que las expectativas de tener mayoría calificada en ambas Cámaras se “desplaza hacia el piso”.

Lo peligroso del choque entre Poderes por facturas personales, enconos latentes, disputas internas y visiones jurídicas ¿podría forzar una disyuntiva donde se pudieran desconocer abiertamente las resoluciones de la Corte o de los tribunales en general con base en argumentos falaces de una supuesta legitimidad de unos e ilegitimidad de los juzgadores?

La ruta trazada para dinamitar los puentes a casi 40 días de una elección amenazada por los intereses de organizaciones criminales, por un árbitro electoral tibio y sesgado y por un grupo aferrado a mantenerse en el poder como único recurso de supervivencia es un escenario que empuja a dos proyectos —continuidad o cambio— a un juego de suma cero.

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