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El ejido Patrocinio, perteneciente al municipio de San Pedro de las Colonias, en Coahuila, está escondido a una hora de camino desde Torreón. Ahí, familias que buscan a sus desaparecidos en el estado, creen que en los últimos años el lugar se convirtió en un panteón clandestino.

El rancho es pequeño. Cerca de 300 personas habitan el pueblo ubicado a las orillas de San Pedro, la cabecera municipal. Las pocas casas construidas son de adobe, pero cuentan con antena de televisión satelital. Arbustos, matorrales, mezquites, huizaches entre las casas. Únicamente hay dos calles a medio pavimentar, el resto, son de arena. Pisas y te hundes como si fuera playa. Las viviendas están casi dentro del monte. A la redonda, grandes plantíos de algodón, alfalfa o nogal. El resto es despoblado, un llano.

Una vecina cuenta que hasta hace un par de años, el desfile de grandes camionetas era un espectáculo diario. “Ahí ponían a los mocositos con sus radios hablando en claves”, cuenta mientras señala un árbol donde se cruzan dos caminos de terracería.

Pegado a Patrocinio está el ejido Porvenir, pero aquí la gente avienta las malas experiencias a Patrocinio. “Allá es donde sucedieron las cosas”, dice un señor, como si entre un ejido y otro los separara un gran puente y no un camino de tierra.

En el ejido hay gallinas y gallos, perros flácidos que buscan una sombra, como si se tratara de un oasis. Los hombres trabajan en el campo y las mujeres en la maquila. Por el día se miran niños solos porque sus padres trabajan.

La gente en Patrocinio no quiere hablar. “No me di cuenta… no le sabría decir”. “Yo apenas tengo dos años viviendo aquí”. “Me voy un mes a trabajar a Piedras Negras y luego regreso. Yo creo ni me di cuenta”, fueron algunas de las excusas de los lugareños al preguntarle sobre lo sucedido en los años violentos que vivió el poblado.

Pero los niños no mienten. En una esquina a las afueras de primaria de Patrocinio —en total hay dos primarias, una secundaria y una prepa en la zona—, los niños hablan como si les fueran a dar premio:

“Pasaba mucho un cochezote negro, brillosote, nomás daba la vuelta. Eran los zetillas”, suelta uno. “A la escuela una vez llegó la hermana de un compañero, llegó llorando porque estaban tirando los balazos”, narra otro. “En una nogalera llegaron cuatro trocotas negrotas y sacaron a la gente a balazos”, se anima un pequeño. “Encontraron una vez una fosa y ahí quemaron gente, pasaba un cochezote blanco, lento como las carrozas”.

No rebasan los 10 años y los niños hablan como si contaran la reseña de una caricatura. “Los zetillas se quedaban en el monte, había chozas”, insiste un pequeño.

El cementerio clandestino. Hace unos meses, familias encabezadas por el Grupo Vida, que busca a sus seres queridos desaparecidos, encontró restos calcinados, tres osamentas, esposas, dos tambos con restos quemados y olor a diesel en cuatro lugares de Patrocinio. La Policía Científica cercó algunas zonas, inclusive fosas pequeñas. “La investigación que hizo el grupo arrojó que en el lugar hubo muchas muertes, que había de 80 a 90 tambos donde cocinaron gente. Eso dice la gente cercana a la zona”, relata Silvia Ortiz, mamá de Silvia Stephanie Sánchez Viesca, desaparecida hace 11 años. “Nos contaron que se veían las lumbradas todo el día de gente que calcinaba”, agrega la señora María de la Luz López, madre de Irma Lamas, desaparecida también en Torreón.

Miguel, dueño de una miscelánea en el ejido, admite que Los Zetas tenían azorado al pueblo.

—Venían a las dos, tres de la mañana a poner gorro. Teníamos que cerrar temprano —cuenta.

Aquí nadie quiere aceptarlo, pero los narcos se apoderaron del miedo de la gente y usaron el consultorio del rancho y la cancha de futbol como su lugar de descanso. Llegaban camionetas, y así como llegaban se iban. A Miguel, los vendedores de droga le pidieron que vendiera. “Ayúdeme a vender, jefe”, le dijeron al tiempo que le extendían un tenderete con las drogas.

Fue a unos siete, 10 kilómetros del ejido. En parcelas abandonadas, en tierras que nadie más visitaba. En esa zona, según las evidencias que encontraron las familias de desaparecidos, hubo una masacre: ahí es donde encontraron los tambos con diesel quemado, huellas de incendio, fragmentos óseos, además de ropa de chicos y grandes.

Se rumoraba que había tanques con ácido, llenos de cebo, huesos, cráneos. Ahí los enterraban —narra Miguel—.

Leticia, una mujer cuarentona que cuida una pequeña propiedad que alberga dos avionetas fumigadoras, platica que sí ocurrió mucha matanza. Cuenta el caso que en una noria cercana al pueblo, donde generalmente tenían secuestrada a gente. “Una vecina oyó los gritos y después, días después vino la policía”.

Más atrás, está la pequeña propiedad “Las Pistolas”, como si la hubieran bautizado en honor a los pistoleros que deambulaban por el rancho.

“Te impresiona ver eso, tanto terror”, cuenta Luz Elena Montalvo, madre de un desaparecido y miembro de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec), grupo que también acompañó a las búsquedas.

La impresión de ver las huellas de una masacre provoca impotencia en quienes buscan, pero también las anima a seguir.

“Yo no vine a llorar ni a ponerme mal. Quiero encontrar, buscar lo más que se pueda, darle consuelo a otra mamá”, dice Luz Elena. “Se ven las huellas de los tambos, donde quemaron. Te das a la idea de cómo estuvo lo que sucedió ahí y tienes que mentalizarte que no es tu hijo si no te derrumbas”.

Sin resultados. A la fecha, las familias no han obtenido resultados de ADN de los restos encontrados.

“Teníamos la esperanza de que nos dieran resultados en la última reunión con autoridades, pero dicen que es muy poco lo que se le puede sacar y que necesitan más tiempo”, refiere María de la Luz López, madre de una mujer desaparecida en Torreón.

La señora recuerda que cuando visitaron Patrocinio, la Policía Científica levantó un resto óseo y estimó que tenía ocho o 10 meses. “Una señora que nos acompañaba se puso mala porque ése era el tiempo que su hijo tenía de desaparecido”.

Las familias pensaron en levantar aquí un memorial para la gente sin localizar en Coahuila. Pero el lugar está tan escondido y lejano, que pensaron que nadie lo vería ni lo visitaría. Sin embargo, en próximos días las familias regresarán a Patrocinio, a seguir escarbando, cavando y apolillando la suela en busca de sus seres queridos. Regresarán a lo que, consideran, es un panteón clandestino.

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