Pocos países han manejado la pandemia de manera satisfactoria de acuerdo con sus ciudadanos. Entre las clasificaciones que más cobertura mediática han tenido se encuentra la de Bloomberg en la que Nueva Zelanda, Japón, Taiwán, Corea del Sur y Finlandia encabezan la lista de los mejores países para estar durante la pandemia. La encuesta de Pew Research Center en economías desarrolladas muestra que la mayor parte de la población de esas economías considera que se ha manejado bien la pandemia, exceptuando al Reino Unido y Estados Unidos.

Más allá de las encuestas, tenemos datos duros. Ha habido en México más de un millón de contagios y más de 114 mil fallecimientos. Sabemos que esos números están subestimados. Probablemente sea el caso en todo el mundo, pero en México se asumió desde el principio. En los primeros días de la pandemia, el Dr. López-Gatell nos anunció que se seguiría el modelo centinela, una estrategia distinta a la que otros países implementaban, pero la mejor de acuerdo con lo aprendido en la epidemia de H1N1. El modelo centinela implicaba hacer pocas pruebas y por ende rastrear menos contagios. A las pocas semanas, el modelo centinela se abandonó sin mayor explicación. En varias ocasiones el Dr. López-Gatell ha hecho uso del término inconmensurable para describir el fenómeno y decirle a la población que los números son irrelevantes. Me extraña; no hay manejo epidémico que se pueda hacer sin mediciones.

El modelo centinela dio paso al semáforo epidemiológico que utilizaba el número de contagios y la ocupación hospitalaria como indicadores. Hubo cuestionamientos, pero también acuerdos que permitirían comunicar la gravedad de cada entidad. Esta semana el gobierno federal dijo que el semáforo ya es intrascendente. Seguir lo establecido en el semáforo implicaría cerrar la actividad económica y eso no lo desea el presidente. La herramienta establecida, seguida y defendida por la Secretaría de Salud también fue abandonada.

La semana pasada, en una conferencia mañanera se nos presentó la estrategia de vacunación. Nos mostraron una lámina en un powerpoint con una ilustración que divide la población en grupos de edad y el mes en el que corresponde la aplicación de la vacuna. Nadie habló de la pirámide poblacional, de la diferente composición de los grupos etarios y mucho menos de comorbilidades. Supongo que más allá de esa lámina hay una estrategia para vacunar a los más de 120 millones de mexicanos que la requerirán. Esa misma semana, el Dr. López-Gatell nos informó también que el único proveedor de la vacuna será la federación, no habrá participación del sector privado ni de las autoridades estatales; ni en la compra de la misma ni en la logística para su aplicación.

Los números serán más relevantes que nunca. Habrá que rastrear a los vacunados, garantizar la aplicación de la segunda dosis en caso necesario, identificar a los grupos que reciban diferentes vacunas, monitorear las comorbilidades, cuidar la logística hasta el mínimo detalle. La única vía de recuperación económica y sanitaria del país radica en la vacuna. Tiene que haber una estrategia precisa y clara. Exactamente eso que no ha habido en ningún momento de la pandemia. No podrán darse el lujo de llamarla irrelevante o intrascente.

@ValeriaMoy