No es cierto que la tasa de muerte por coronavirus en México sea superior al promedio mundial. Es falso que estemos por encima de Estados Unidos o China. Es imprudente afrmar que se está muriendo el 10% de las personas contagiadas.

El lunes de esta semana el periódico Milenio publicó una nota firmada por los colegas Fanny Miranda y Rafael López donde se afirma que, en México, por obra del coronavirus muere un individuo por cada diez que se contagian. Según el argumento de este texto, bastaría con dividir el número de personas confirmadas entre el número de personas fallecidas para obtener la tasa de letalidad del coronavirus en nuestro país.

Ese día había 13 mil 842 contagios y las muertes se contabilizaban en mil 305, por tanto, según la lógica señalada, la tasa de letalidad e México rondaría el 9.4%. Con este resultado nuestra nación se ubicaría en el número diez de los países más afectados por la mortandad del SARS-Cov2.

Este dato resulta muy alarmante cuando se toma en consideración que todavía nos hallamos a dos o tres semanas del pico, en nuestra propia epidemia, y que para ese momento podríamos estar rozando entre los 250 mil y 300 mil contagios, en el mejor de los escenarios.

De ser cierto el cálculo de Miranda y López la cifra esperada de defunciones podría alcanzar los 30 mil; (ora que hay otros epidemiologos que han propuesto un número superior a los 50 mil decesos).

En un texto académico seminal, publicado el 30 de marzo de este año en The Lancet, (Estimates of the severity of coronavirus desease; Robert Verity et al) se afirma sin ambigüedad: la tasa de letalidad no puede obtenerse de la muy simplista operación que quiere dividir el número de contagios confirmados entre el número de decesos por coronavirus.

No hay nadie en la ciencia seria que cometa un error como el incurido cuando se afirma que uno de cada diez contagiados en México está condenado a perder la vida. El equívoco radica en dos errores básicos. El primero refiere a las métricas diferentes que cada país tiene para definir el número confirmado de personas contagiadas. El segundo error estriba en desestimar otras variables que también influyen en la tasa de letalidad, tales como la edad promedio de la población, las condiciones preexistentes de salud o la infraestructura médica del país.

De todas estas variables, según el análisis de Robert Verity y sus colegas, el más importante es el de la edad, sin embargo para obtener una tasa de mortalidad lo más precisa posible se requiere celebrar una combinación entre todas ellas.

Pero antes debe evitarse la comparación entre peras y manzanas: la métrica para medir personas contagiadas confirmadas varía de un país a otro y por tanto no deben contrastarse los datos sin atender el punto.

Justo por este tema es que no es posible comparar países como México y Estados Unidos. En la nación vecina optaron por practicar un número de pruebas para confirmar el contagio que es muy superior al mexicano. Mientras allá se han realizado, en promedio, alrededor de 16 mil 500 pruebas por cada millón de habitantes, en México la tasa es de mil 900 por cada millón.

Es decir que aquí se han celebrado menos de un 10% de las pruebas y por consecuencia el método para obtener la cifra de personas contagiadas consigue resultados muy distintos. La métrica mexicana sigue el modelo conocido como “centinela” el cual, para el propósito que nos ocupa, permite calcular el número real de personas contagiadas después de multiplicar por ocho la cifra de sujetos que han resultado positivos después de haberse practicado la prueba.

Grosso modo, este método revelaría que el país tiene en realidad 136 mil personas contagiadas. Sin embargo no hay 13 mil 600 decesos por Coronavirus, sino mil 600. Atendiendo a esta medición para contar los contagios la verdadera tasa de letalidad estaría rondando el 1%.

México tiene como ventaja la juventud de su población. Mientras la tasa de letalidad en los adultos mayores a 80 años es del 20%, quienes tienen menos de 19 años obtienen una tasa próxima al 0%.

Esta circunstancia ayuda a explicar la tasa baja de mortandad. Sin embargo, del otro lado tenemos condiciones preexistentes que afectan masivamente a la población: diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares y también respiratorias. La última variable a considerar es la infraestructura sanitaria que tiene grandes falencias, pero aún ha llegado a su punto de saturación.

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La epidemiología no es una ciencia exacta pero no comete errores tan graves a la hora de predecir un asunto delicado como lo son los decesos por Coronavirus.

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