Donald Trump y el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tienen mucho en común. Comparten una postura nacionalista y el recuerdo idealizado de un pasado dorado y de grandeza, reflejado en su eslogan de campaña por la presidencia para su primer periodo y acusando al tratado de libre comercio con México del retroceso económico.

En el caso del mexicano, su añoranza por la época del desarrollo estabilizador, donde el modelo de sustitución de importaciones permitió altas tasas de crecimiento, bajos niveles de inflación apoyada por una paridad fija con el dólar, pero con crecientes niveles de pobreza y desigualdad a pesar de que hubo una clase media favorecida, y donde un empresariado cercano al gobierno se benefició de contratos, concesiones y de la protección de las importaciones.

Por su parte, el Estado participaba directamente en la economía con empresas paraestatales en los sectores estratégicos y que se fue ampliando a otras actividades bajo el argumento de que la inversión privada era insuficiente y que había que darle empleo a la creciente fuerza laboral.

El modelo de sustitución de importaciones reventó a principios de la década de los ochenta ocasionando desequilibrios recurrentes de balanza de pagos, de las finanzas públicas y de endeudamiento con el exterior generando crisis de la deuda externa. Se impusieron políticas de ajuste y estabilización promovidas por organismos como el Fondo Monetario Internacional, entre las que destacaron contenciones salariales, como ancla antiinflacionaria y un modelo exportador aprovechando los bajos costos laborales, combinado con privatizaciones.

Sin embargo, este modelo fracasó en 1994 provocado por un mal manejo de la política económica, especialmente de la cambiaria, ocasionado una fuerte devaluación que obligó a México a adoptar un tipo de cambio flexible, disparando las tasas de interés por las nubes y generando el colapso del sistema bancario privatizado en el sexenio salinista. El gobierno de Zedillo se vio obligado a tomar el control de la banca mediante el Fobaproa, un esquema de rescate que evitó una crisis sistémica, pero que en gran parte socializó pérdidas privadas. La fobia del presidente hacia los rescates proviene en gran medida de ese suceso.

Zedillo a su vez decidió privatizar los ferrocarriles, entre otras medidas. Se otorgaron las concesiones de la operación ferroviaria a Kansas City Southern de México, a Union Pacific Railroad, y a Ferromex, que orientaron el negocio hacia el transporte de carga aprovechando el fuerte movimiento de mercancías (importaciones y exportaciones) que impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, porque el de pasajeros no era rentable, quienes mudaron hacia vías aéreas y terrestres.

El reciente decreto anunciado que las compañías privadas de ferrocarril tendrán que incorporar el transporte de pasajeros, si quieren seguir con la concesión, se interpretó como una forma de revivir ese pasado y que podría llevar a nacionalizar el sistema ferroviario revirtiendo la decisión de 1995.  El problema es que, en casi todo el mundo, salvo el caso de Japón, están subsidiados por el gobierno generando una enorme carga para el erario.

La variante respecto al pasado, es que las empresas paraestatales están siendo puestas directa o indirectamente bajo el control de las fuerzas armadas, lo que es deliberado para evitar que puedan ser privatizadas en un futuro. Tren Maya, Transístmico, construcción de las sucursales del Banco del Bienestar, centralización del reparto de medicinas con esquemas verticales, costosos e ineficientes para su distribución a lo largo de todo el país; la línea aérea Mexicana al quedarse con la marca, aeropuertos, puertos marítimos, aduanas, seguridad pública, entre otras actividades. Para garantizar su funcionamiento se han aprobado fideicomisos, que permiten ir acumulando y administrando recursos más allá de un año y con completa discrecionalidad.

Querer que las cosas funcionen por decreto, sin estudiar la viabilidad financiera parece más un capricho que una decisión sensata de política pública, como lo fue la cancelación del aeropuerto de Texcoco antes de que comenzara su gobierno, y que a la larga todos pagaremos, como son los enormes elefantes blancos, como el Tren Maya, la mega refinería de Dos Bocas, y otras cuya reconversión no termina de concluir y se han vuelto barriles sin fondo acumulando pérdidas, generando mayores déficits de las finanzas públicas y endeudamiento.

La creciente carga fiscal de los programas sociales, de pasivos contingentes como las pensiones, así como los graves daños que generarán los desastres naturales por el cambio climático, negado por fanáticos como Trump y Milei, que ocasionan fuertes sequías, huracanes y heladas, tendrán un mayor impacto.

Ojalá nos veamos en el espejo argentino, donde una profunda crisis económica que elevó la pobreza y el desempleo, llevó a la población y especialmente a las personas jóvenes a buscar desesperadamente un cambio, hartos de sobrevivir con los apoyos gubernamentales, cuando lo que quisieran es tener empleos dignos y bien pagados; pero esto sólo es posible si la economía funciona adecuadamente.

ADENDA

1) El PRI, PAN y PRD fueron los ganones en el reparto de las candidaturas de senadurías y diputaciones de la Coalición Fuerza y Corazón por México, antes Frente Amplio por México. La ola rosa ciudadana se estrelló con los intereses cupulares.

2) La izquierda llora la derrota del peronismo, la derecha en júbilo por la victoria del ultraderechista Javier Milei. Parodiando a Clinton, fue la economía la clave. Sin embargo, las promesas de dolarizarla y desaparecer al Banco Central Argentino no son viables, porque su economía no genera los dólares suficientes para que funcione. El entusiasmo de los mercados ante la expectativa de mayores privatizaciones, reducción del gasto público y menores impuestos podría revertirse cuando se caiga en la cuenta de que la economía no funciona, a pesar de la grandilocuencia del nuevo mandatario.

3) Miley trae un discurso anticomunista, antisistema y conservador que puede regresar el ejército al poder si las cosas salen mal ante la percepción de la crisis de la democracia y los partidos políticos. Paradójicamente, lo mismo que en México por la creciente militarización.

4) Alicia Bárcenas, secretaria de Relaciones Exteriores hace un llamado a que México aproveche el nearshoring. Cabe aclarar que Vietnam es un caso de friendshoring, ya que el nearshoring alude a relocalización de inversión cercana al destino del consumo final. La pregunta es qué está haciendo el gobierno mexicano para que las empresas decidan instalarse en nuestro territorio y se aprovechen las ventajas del T-MEC.

5) El presidente AMLO estigmatiza a quienes los critican o lo cuestionan como conservadores. Así calificó a los ministros designados que no han sido incondicionales a sus propuestas y han mostraron independencia. La terna para suceder a Arturo Záldivar deja claro que quiere controlar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación evitando que las controversias constitucionales promovidas por la oposición prosperen.

Economista, catedrático de la Maestría en Administración e Innovación del Turismo de la EST-IPN

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