La mayoría de los indicadores, sobre cómo vive la sociedad en México, niegan rotundamente la existencia de la democracia que muchos, ilusamente, ven incluso en tránsito hacia el “perfeccionamiento”. De larga data, esa forma de gobierno, entendida en una de sus acepciones como la realización de la igualdad socioeconómica y aún enunciada legal y políticamente, en realidad es una “muertocracia”, el imperium mortis, el poder de la muerte.

Ese hecho, considerado solamente por algunos referentes, atraviesa al país en la lucha de muchos contra muchos, en un horizonte poco prometedor de mejoría porque el poder político, obligado a conciliar, armonizar y consensuar sobre el diálogo y la disposición al entendimiento, encabeza y alienta una postura irreductible e inamovible que deja a todos sin salida.

La política, que debería ser un instrumento de superación de las diferencias y de arreglo de la problemática nacional, en México se ha convertido vergonzosamente en una práctica deleznable porque se reduce al interés individual o grupal, lo que explica que auténticas hordas se lancen a sus turbias aguas con el único propósito de capturar cargos públicos para obtener los mayores beneficios.

Esa evidencia se expresa en toda su magnitud en tiempos electorales. La vemos hoy en la competencia política que desembocará el 6 de junio. Esta, que debiera ser una lucha civilizada y civilizatoria, y darse lealmente a través de los partidos en congruencia con su alegato de que el interés popular es lo único que los mueve, ha trocado en un descarnado aniquilamiento del contrario, reflejado hasta ahora en 76 asesinatos. ¿Cuántos más habrá al día de las elecciones?

Antes de llegar a las urnas como candidatos, muchos han quedado o quedarán excluidos por el funesto poder de la muerte que, manipulada por personajes sin escrúpulos y eventualmente vinculados a grupos y/o actividades criminales, no se han detenido ante nada para despejar su camino.

En perspectiva, esto culminará con el ejercicio de puestos por parte de personas a las que nada les interesa el bien común; obtendrán todo el provecho que puedan y recrearán y multiplicarán sus funestos métodos cuanto tiempo sea posible para hacer de la “democracia” que tanto cuesta a los contribuyentes, no una realidad, sino una auténtica pesadilla por la formación de narcogobiernos.

Y lo que estos prohijarán no será el respeto a la vida de los demás, ni la solución de los múltiples problemas sociales. Se desentenderán de todo deber que representan y encarnan teóricamente los gobernantes; “gobernarán” con el poder de la muerte sobre los demás. Se institucionalizará un método, que no una forma de gobierno, que tratará de perpetuarse sobre la violencia. Nacerá una descarada tiranía con rostro “democrático”.

¿Están las autoridades conscientes de la presencia de ese monstruo, que se agiganta cada día y actúa con más frecuencia por doquier a plena luz del día? Y si lo están, ¿tienen el propósito y la estrategia para detenerlo? ¿Podrán hacerlo?

Su respuesta no puede ser más que obligadamente clara, eficaz e inmediata. Es aterrador que seamos el único país en todo el planeta que se caracteriza por mantener un altísimo nivel de inmunidad e impunidad cuando hay más de 100 homicidios al día.

SOTTO VOCE…

Los 11 feminicidios y las 50 violaciones de mujeres que se registran a diario en México, son razón para que ese sector esté cada vez más indignado y avance hacia expresiones que eviten ser soslayarlo…Lorenzo Córdova, el único presidente “fifí” que ha tenido el INE, defiende su salario con uñas y dientes en vez de cumplir la tarea que tiene. Un desplante más del ya conocido “consejero exquisito” … Admirable y loable, la organización, precisión y coordinación que ha implantado la doctora Claudia Sheinbaum en la aplicación de las vacunas. Una acción más que abona a su reconocimiento y popularidad.

ombeluniversal@gmail.com
@mariobeteta