Con la visión de Estado que posee, la profunda percepción de la realidad nacional que tiene y la autoridad moral que lo caracteriza, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano lanzó al gobierno el más grande desafío en una petición que, con certeza, apoyan 130 millones de mexicanos: que recupere el territorio que controla la delincuencia.

Sin confrontarse ni referirse a nadie en lo personal, el tres veces candidato a la Presidencia de México, hizo notar que “…si social e institucionalmente existe un vacío en el territorio que no ocupa el Estado, alguien lo va a ocupar”, y quien ha hecho eso en una buena parte de la geografía nacional, son los grupos delictivos que lo ocupan como su coto y lo operan como negocio privado sin que nadie los moleste.

Ese fenómeno no sólo ha provocado una aterradora cifra de muertos, sino de desplazados; a unos se les arrancó la vida, a otros se les cortaron sus raíces y sus relaciones con sus comunidades, las que han tenido que abandonar por la incertidumbre y el pavor que les genera la presencia incontrolable de grupos que imponen su ley.

De acuerdo con datos de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, casi 350 mil personas en distintas entidades se vieron obligadas —hasta diciembre de 2019— a dejar sus tierras, sus casas, sus propiedades, con tal de salvar lo insustituible, que es la vida. El tema se intensificó ante el recrudecimiento de la inseguridad y la violencia.

Ante ese hecho, que se puede considerar propiamente como un despojo, Cárdenas Solórzano, crítico, objetivo y propositivo, ni siquiera sugirió apelar al uso legítimo de la fuerza, base constitutiva fundamental del aparato estatal, sino que alentó su petición sobre la idea de que el Estado reactive su presencia con base en proyectos económicos.

“En las condiciones actuales, crecimiento y paz social demandan que el Estado se apodere y rescate territorios y actividades que hoy controla, y en los que impera la delincuencia. Que su presencia se imponga mediante la implantación y expansión de proyectos productivos”, recalcó el también primer jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Su diagnóstico es preciso; obligada y urgente, la cura. La buena fe es la base de su propuesta. No hay motivo ni fundamento para desestimar o cuestionar su planteamiento.

Es innegable que el gobierno del presidente López Obrador ha estado actuando en esa línea. Lo evidencia la cuantiosa cantidad de recursos del presupuesto nacional que canaliza a sus programas sociales. Su estrategia es la adecuada, más allá de los abrazos no balazos, va a la raíz de la transformación con base en un cambio de conductas colectivas.

Pero la batalla es dura, ingrata y nadie puede ni lanzar campanas al vuelo de que todo se ha hecho, ni mucho menos dejar de hacerlo. Mantener el método, ahondarlo y ampliarlo es un deber ineludible del poder legalmente constituido. Aun así, habrá que esperar un tiempo para que esa política, orientada a pacificar el país, ofrezca los resultados que toda la sociedad anhela, pues hasta el momento han sido insuficientes.

Sotto Voce…

El ministro presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, asegura que en el Poder Judicial ha terminado la corrupción. Es importante que en breve la sociedad lo confirme con hechos… La revocación de mandato y la disputa de seis gubernaturas, encabezan ahora la agenda política de 2022, pero se sumarán otros importantes temas en el contexto de una lucha feroz por la sucesión presidencial… Muy pronto, se reafirmará la máxima presidencial de que no hay intocables… En Petit Comité dejará de publicarse las próximas dos semanas. Reaparecerá el 7 de enero. ¡Buena salud y tranquilidad para todos en 2022!

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@mariobeteta