La angustia que vive el mundo por la devastadora presencia de la pandemia de coronavirus es tan grande, que en Estados Unidos esa enfermedad podría definir, en menos de un mes, la disputa por la Casa Blanca y establecer lo que bien cabría llamar, puesta en esa perspectiva, La Gran Elección Covid-19.

De hecho, esa es la apuesta potencialmente ganadora que desde hace varios meses ha hecho el candidato republicano, Donald Trump. Sus esperanzas más profundas y sus expectativas más sólidas de reelegirse, se hallan en que, para antes del 3 de noviembre, día de los comicios, pueda anunciar que Estados Unidos cuenta con una vacuna para la enfermedad que a todos atemoriza.

Con esa carta en su poder, aunada al hecho de que recientemente sufrió el azote en carne propia y que superó en sólo tres días, podría decir no sólo a sus partidarios, sino a toda la nación: “Yo he sido, yo soy la solución al Covid-19… soy la solución a todos sus problemas”. Entonces, no habría ninguna otra cosa más importante para nadie, no sólo en la Unión Americana, sino en todo el planeta. Nada evitaría que gobernara Estados Unidos por un segundo periodo.

Por eso, la pandemia ha sido parte esencial de su estrategia. Como nunca, un factor extrapartidista puede jugar, en el último momento, un papel decisivo en las elecciones. La ventaja del presidente es que, por su posición, puede manejarlo a su favor. Sería ingenuo pensar que él y su brain trust no lo han hecho parte esencial de su esquema de triunfo, calculando milimétricamente todos los factores políticos-electorales-mediáticos-temporales-espaciales-propagandísticos que les permitan alcanzar su objetivo.

Con una vacuna en la mano, sus excesos, errores y abusos, que han salpicado y caracterizado su ejercicio del poder, quedarían en el pasado.

Con la certeza de que frente al Covid-19 ya habría defensa y de que la existencia de la población está más protegida, la larga cadena de señalamientos que se le han hecho, incluso la manera como accedió a la presidencia, supuestamente con la ayuda de Rusia, serían borrados, así fuese sólo para el momento de las votaciones, que es lo importante.

En esa vertiente, las cerca de 220 mil muertes y los más de 7.5 millones de contagios causados por el Covid-19, imputables al presidente por su desatención inicial de la emergencia, serían un factor inofensivo para sus aspiraciones reeleccionistas. Eventualmente pasaría lo mismo con la reciente acusación de que no ha pagado impuestos. La ventaja que ha mantenido en las encuestas el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, en unas cuantas horas quedaría en nada.

Este, empero, es sólo un escenario, considerando que Trump apelará a todos los medios legales e ilegales; morales e inmorales —propios de la política en todos lados—, en su propósito de poder mandar cuatro años más desde el Salón Oval.

Empero, en política lo único absolutamente seguro es lo consumado. Trump tiene la posibilidad de protagonizar un vuelco, pero no deben faltar quienes estén rezando porque se confirmen los pronósticos… y gane Biden.

SOTTO VOCE…

Si Mario Delgado, Porfirio Muñoz Ledo o Yeidckol Polevnsky van a encabezar la presidencia de Morena, es cuestión de horas para saberlo. Lo que nadie puede garantizar es que la pugna no continúe e incluso se agudice por lo que viene… Lamentable y doloroso para el país y la ciencia, el deceso del doctor Mario Molina quien, al ganar el Premio Nobel de Química en 1995, puso muy en alto el nombre de México… Imperativo, que el gobierno Federal y el Poder Legislativo inicien una campaña para evitar la confusión, el desinterés y el desánimo para cuando se levante la encuesta que permitirá juzgar por primera vez a algún expresidente y a funcionarios públicos de administraciones pasadas.

@MarioBeteta

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