Con una declaración, el presidente de la República dio un duro golpe a una de las prácticas más recurrentes y funestas en las que se apoyó y se perpetuó el sistema de dominación priísta: la mayoría legislativa, en la que la democracia, paradójicamente, se convertía en tiranía por votación mayoritaria en pro de cuanta iniciativa recibiera del Ejecutivo, que aprobaba por aclamación. Con ello, rendía culto al semidiós sexenal y recreaba el autoritarismo, el verticalismo y la antidemocracia.

Al fijar su postura sobre el entuerto que se armó por la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara Baja, Andrés Manuel López Obrador se exhibió realmente como Jefe de Estado. Haciendo hincapié en que en todos los casos se debe respetar la ley y que el mayor número de un partido no debe servir a fines particulares o grupales, dio e impulsó un paso hacia la tolerancia, la pluralidad y la verdadera democracia, en línea con Gurvitch, quien escribió: “No se puede ser demócrata sin afirmar la soberanía del Derecho sobre el poder”.

Con el Derecho como piedra angular, la Cuarta Transformación estará firmemente orientada hacia su cristalización. Puesto que la vida nacional requiere reconstruirse en cada una de sus partes o que se detenga su descomposición en otros casos, su observancia debe ser una constante.

“El Derecho no puede ser lo que debe ser: a la vez factor de orden social y promotor del bien común, más que a condición de apoyarse sobre la fuerza o, mejor aún, llevándola en sí mismo”, recuerda Georges Burdeau, importante tratadista del Derecho. Contra cualquier duda que hubiese para apelar a ese recurso, recuerda: “Si (el Derecho) tiene el riesgo de encontrarse con la fuerza, es necesario que pueda oponer a ella otra fuerza que mueva y dirija conforme a su propio fin. (Porque) lejos de ser la antinomia de la fuerza, el Derecho la postula y la justifica”.

Los grandes problemas del México de hoy sólo pueden tener como principio de respuesta el ejercicio de la legalidad. En todos los casos. Es la única posibilidad para recuperar el orden, la estabilidad y la paz, y la oportunidad de alcanzar la concordia, el bienestar y el progreso. Y esa expectativa sólo puede ofrecerla el Príncipe. Pues, otra vez Burdeau: “…el jefe proporciona a los individuos la ocasión de una liberación general. Le presta el poder a los desarmados, el verbo a los mudos, la grandeza a los mediocres y la seguridad a los humillados”. Lo que debe hacer empezando por ajustarse y ajustando al orden legal los actos de todos. Darle continuidad al caso del Congreso, sería un enorme acierto.

Máxime, porque la creencia de debilidad del poder se ha extendido por el país y ya llegó a las puertas de Palacio Nacional, donde esta semana un grupúsculo de miserables arremetió con palos contra los policías militares que resguardaban la entrada. Una vez más, integrantes de la Guardia Nacional han sido vejados y avergonzados. Frente a esos hechos, al poder sólo le queda la ley, y su imprescindible fuerza, sin olvidar que, como decía De Gaulle: “el prestigio no puede marchar sin misterio, ni este sin la lejanía”.

Sotto Voce… El titular de la Auditoría Superior de la Federación, David Colmenares, estuvo en Sinaloa. Y sólo hizo observaciones al gobierno de Quirino Ordaz por seis millones de pesos, por lo cual lo felicitó, pues en otros estados, estas alcanzan miles de millones. En ese logro, el papel de Guadalupe Yan, titular de Transparencia y Rendición de Cuentas, ha sido determinante… Los ataques a la UNAM son una canallada. Los animan titiriteros y títeres interesados en sacar raja. Empero, al parecer, nada impedirá la reelección del rector Enrique Graue.

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