La evolución de la raza humana es un crisol de razas y éxodos. La globalización de la movilidad humana a gran escala es un proceso que distingue la forma de vida de la sociedad del siglo XXI.

La evolución de los pueblos se ha visto influida por la pluralidad intelectual y la diversidad genética que ha derivado de los grandes episodios de la historia.

La sociedad contemporánea requiere de la convivencia con diversidad de culturas y razas, de la misma manera que nuestro ecosistema requiere de la biodiversidad como fuente de la sustentabilidad.

Las identidades han resistido el paso del tiempo y las sociedades modernas han avanzado gracias a la interacción de razas, religiones y formas de pensar.

Como veracruzano y como mexicano reconozco que nuestra identidad prehispánica, costumbres y tradiciones prevalecen sin menoscabo de las corrientes de migrantes, refugiados o invasiones que ha sufrido mi tierra natal a lo largo de la historia.

Hoy, nuevamente en diversas regiones de Europa, en los Estados Unidos y en algunos países de Latinoamérica surgen grupos cuyo racismo y xenofobia carecen de todo fundamento en términos legales, políticos y sociales.

La historia muestra que las sociedades que se aíslan corren el riesgo de desaparecer, de estancarse o de sumergirse en la intolerancia.

Por ello, en varios países de Europa la población ha descendido al grado de que la Comisión Europea busca establecer programas de incentivos a la procreación, al tiempo que reconocen la necesidad de abrir las puertas a la migración para compensar el descenso en la natalidad de sus sociedades.

La creatividad, la innovación y la modernización industrial, las formas de organización social, las ideas políticas y los comportamientos intelectuales son resultado de un proceso multirracial, que a lo largo del tiempo se consolida como parte de una cultura universal.

La dinámica poblacional mundial indica que la migración y el movimiento de personas es una tendencia creciente e irreversible. Actualmente la migración total del mundo solo representa el 3.5% de la población mundial.

Si más gente viajara y migrara a diversas regiones, la competencia y la productividad económica mundial sería mayor. La importación de talento, la tolerancia y la apertura a las ideas que abren fronteras mentales y comerciales, generan beneficios económicos y sociales.

Las nuevas generaciones tienen una visión más global dentro de su adicción a las redes sociales, y con ello pueden tener más disposición a la migración y a la ubicación de sus intereses en las regiones que les ofrezcan mejores condiciones de vida.

La migración debe tener un sustento legal, un método formal para evitar el sometimiento a un mercado ilegal de tráfico de personas que viola los más elementales derechos humanos.

Es conveniente y oportuno reconsiderar las premisas de nuestra política migratoria y proceder a aceptar las nuevas realidades de nuestro tiempo, tales como el surgimiento de campamentos irregulares de migrantes en las fronteras que corren el riesgo de convertirse en asentamientos permanentes. Sabemos que la solución no está en el tamaño de las rejas que cierran las fronteras sino en las fórmulas que atiendan las causas de la migración mediante la promoción de la inversión, empleos productivos y competitivos, así como apoyo a los gobiernos expulsores que fortalezcan la democracia, la paz social y las libertades que hoy son las principales razones por las que se cruzan las fronteras de nuestra nación.

Rúbrica

El profeta en su curul. Cuando a Porfirio Muñoz Ledo un partido político se le “sale del corazón” luego resulta que también ese partido sale de las preferencias electorales.

Político y escritor.
@AlemanVelascoM
articulo@alemanvelasco.org

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