Los delitos cometidos contra menores de edad siempre son motivo de indignación, pero cuando son cometidos por menores de edad son motivo de profunda preocupación.

Entre la avalancha de noticias fuertes de nuestro tiempo son pocas las ocasiones que a uno se le estremece el alma.

El día de ayer, un diario de circulación nacional publicó una nota en primera plana, no en la nota roja, que debe sacudir la conciencia de la sociedad, referente a un delito cometido por un menor de edad de apenas 14 años, que dio muerte a dos de sus primos de 7 y 13 años con un arma blanca y además dejó heridos a una menor de 10 años y a un adulto de 27 años.

Un menor que comete un asesinato de otro menor no es solamente un asunto jurídico, penal o psicológico, es un síntoma grave de deterioro de la sociedad en su conjunto. Es una enorme señal de alarma del nivel de violencia y de tensión social en la que está inmerso nuestro país. Y no debe ser reducido a un dato estadístico más.

La hipótesis causal sugiere que el entorno familiar y socioeconómico son factores que predisponen un clima hostil para los menores y los hace capaces de llegar a estos extremos; por haber sido víctimas de violencia, abuso sexual, consumo de sustancias tóxicas, depresión, bullying, hostigamiento en redes sociales o algún otro motivo.

Otros sugieren que la ley no tiene penas suficientemente coercitivas para ser disuasivas de estos delitos. Adicionalmente se esgrimen argumentos en relación al consumo creciente de sustancias tóxicas y adictivas, que pueden dañar severamente la salud mental y destruyen los cimientos morales de convivencia de la sociedad.

Lo anterior no reduce el nivel de preocupación respecto a todos los actos de violencia que afectan al país.

La hostilidad que impera en México es un termómetro que indica que, en muchos sentidos, hay grupos sociales que están al límite de su tolerancia.

El hecho es que la violencia, que en todos los niveles asecha, está llegando a desvirtuar los más elementales valores de las nuevas generaciones.

¿Qué ciudadanos estamos preparando para el futuro? ¿Qué principios e ideales tendrán quienes inician su vida en conflicto con la ley para decidir el destino del país en una boleta electoral en los próximos años?

Habrá quien piense que el asunto es ajeno y es una responsabilidad exclusiva de nuestro sistema educativo o de justicia, donde además hay una corresponsabilidad de los medios de comunicación y de los padres.

Más que reducir el asunto a la redacción de reformas penales, es urgente el diseño y aplicación de un programa nacional de alta prioridad para la prevención de la delincuencia infantil, donde todos los actores políticos, instancias gubernamentales, medios de comunicación y la sociedad en general nos comprometamos a prevenir la proliferación de los delitos perpetrados por menores de edad, con una cultura de respeto a la vida, a la ley y a la justicia. Es fundamental establecer los cauces para que todo infante cuente con las vías de desarrollo de una vida digna.

Entre las múltiples prioridades que tiene nuestro país, hoy es necesario fijarnos un horizonte más amplio a favor de las nuevas generaciones; la paz de ellos será la paz de México.

Rúbrica. 20 de noviembre de 2020. La Revolución Mexicana cumple 110 años, al igual que muchas de sus anheladas reivindicaciones.

Político y escritor.
@AlemanVelascoMarticulo@alemanvelasco.org

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