Estamos viviendo entornos altamente polarizados; esto es válido para un país como México y lo es para muchos otros en el planeta. En el Instituto para las Transiciones Integrales (IFIT por sus siglas en inglés), organización de la que formo parte, estamos haciendo un esfuerzo de estudio y aproximación desde muchos ámbitos, incluyendo la perspectiva narrativa sobre la materia. Pero, además, hace unos días, Rachel Kleinfeld de la Carnegie Endowment for International Peace, publicó un muy comprehensivo y minucioso trabajo con las últimas actualizaciones al respecto, enfocado principalmente en Estados Unidos, pero con implicaciones que probablemente pueden resonar en muchos sitios. De los hallazgos de los estudios que Kleinfeld sintetiza, hay que destacar, me parece, el que la polarización ideológica se encuentra bastante menos presente entre votantes, pero muy presente entre políticos, y que esa es la esfera principal en donde se necesita comprensión y trabajo. Siendo la construcción de paz el tema central de nuestro trabajo profesional, consideré importante dedicar la columna de hoy a compartir parte lo que en estos textos se señala y contribuir así a la reflexión sobre cómo ello puede aplicarse a nuestro entorno más inmediato.

Desde la perspectiva de IFIT

En un reciente ensayo, Mark Freeman, fundador y director ejecutivo de IFIT, expone los hallazgos de esa organización después de una detallada revisión literaria sobre la polarización, además de múltiples consultas con organizaciones y personas expertas. IFIT detecta seis ambigüedades en la comprensión de la polarización acerca de las cuales parece difícil encontrar un consenso absoluto: (1) ¿La polarización es permanente o efímera? (2) ¿Es negativa o positiva? (3) ¿Es bipolar o multipolar? (4) ¿Es horizontal o vertical? (5) ¿Es racional o emocional? (6) ¿Es de grande o de pequeña escala?

La propuesta de IFIT consiste en ir superando esas ambigüedades y promover un debate más estructurado entre personas dedicadas a la academia o a la práctica, a fin de aproximarse a una comprensión compartida de la polarización.

Por ejemplo, los sinónimos comunes que se emplean para nombrar la polarización incluyen: “conflicto, división, tribalismo, sectarismo, extremismo y radicalización”. Sin embargo, cada uno de esos términos significa algo diferente.

Esencialmente, el término "polarización" se relaciona con la noción de polos y distancia, así como con la intensidad y la divergencia. IFIT encuentra que la polarización implica una distancia significativa entre los polos, ya sea física, ideológica o emocional. A diferencia de otros términos como radicalización, extremismo o tribalismo, la polarización se entiende típicamente como una relación binaria entre dos polos o extremos.

Como resultado, la definición de polarización que IFIT propone, tiene en cuenta múltiples orígenes intelectuales del término, desde la antigua Grecia hasta la sociología y la psicología social: “Polarización es una división o conflicto prominente que se forma entre grupos importantes en una sociedad o sistema político, y que se caracteriza por la agrupación y radicalización de puntos de vista y creencias en dos polos distantes y antagónicos”.

Las características de la polarización consisten en que: (1) Los polos deben tener una masa crítica, mientras que el espacio intermedio es más pequeño; (2) Se trata de un fenómeno centrífugo en el que las personas polarizadas tienden a alejarse del polo opuesto; (3) La polarización es esencialmente un problema en las relaciones, normalmente horizontales, y por tanto, lo que se buscaría sería reparar o sanar las relaciones entre grupos comparables; (4) Para IFIT, la polarización no es permanente y puede ser reversible; (5) Surge en torno a amenazas percibidas para la estabilidad de la sociedad o el sistema político; (6) La polarización tiene que ver esencialmente con la otredad: “En un estado de polarización, el afecto es la norma. Los puntos de vista se radicalizan, la complejidad disminuye, la lealtad prima sobre las ideas, y prevalece una combinación de idealización del grupo propio y demonización del grupo contrario”.

Estas ideas—las cuales no son otra cosa que propuestas para centrar la discusión—pueden ser mejor entendidas y complejizadas, si consideramos otra publicación, apenas de hace unos días, de Kleinfeld.

Polarización, democracia y violencia política en los Estados Unidos: Lo que dice la investigación

Nuevamente, a partir de una minuciosa revisión de la literatura y la investigación existente, Kleinfeld comparte elementos como estos:

1. Existe una percepción incorrecta acerca de la polarización ideológica: Los votantes estadounidenses están menos polarizados ideológicamente de lo que creen, y esta percepción errónea es especialmente común entre las personas más comprometidas políticamente. A pesar de algunas diferencias, existe una considerable superposición en las preferencias políticas en las líneas partidistas, incluso en cuestiones controvertidas como el aborto y las armas.

2. En cambio, los políticos de ese país sí se encuentran altamente polarizados ideológicamente, y tienen muy pocas coincidencias en sus posiciones políticas. La investigación muestra que esta tendencia ha estado aumentando constantemente durante décadas, impulsada por la selección y el respaldo de candidatos más extremos, especialmente en la derecha.

3. Polarización afectiva: Mientras que la polarización ideológica entre los votantes puede ser menor de lo percibido, lo que sí existe es una creciente polarización emocional o "polarización afectiva". Esto significa que los estadounidenses cada vez sienten más aversión hacia los miembros del partido contrario, un fenómeno que comenzó antes de la era del internet, pero que ha crecido junto con el auge de los programas de noticias por cable y los programas de radio de debates políticos.

4. Kleinfeld sostiene que es poco probable que la polarización afectiva por sí sola provoque un retroceso democrático o violencia política. Es decir, lo que más puede contribuir a un entorno político divisivo, es el cómo estos sentimientos interactúan con los sistemas de votación, los incentivos para los candidatos y las relaciones personales. Por consiguiente, sigue la autora, la reducción en la polarización afectiva puede tener poco impacto sobre otros tipos de polarización, si se mantienen incentivos para que la política saque partido de ella.

“Esto es más comprensible si se considera un esfuerzo típico para reducir la polarización afectiva, como reunir a un grupo de demócratas con republicanos en una cena, o una serie de cenas, llenas de discusiones moderadas y percepciones interpersonales enriquecedoras. Esa experiencia puede llevar a las personas involucradas a entenderse mejor y sentirse más cálidas hacia los grupos que representa cada lado. Pero incluso si sus emociones han cambiado en un 20 por ciento, un efecto enorme, su voto no puede cambiar en un 20 por ciento porque solo hay dos partidos para elegir. Así que, para que los sentimientos afecten a los votos en un sistema de dos partidos, los invitados a la cena deben realizar un cambio importante en su identidad”.

5. Como resultado, indica Kleinfeld, los líderes políticos desempeñan un papel crucial en la manipulación de la polarización afectiva utilizando retórica que demoniza al otro partido. Pueden dirigir sentimientos de enojo y miedo hacia ciertos grupos, haciendo que la violencia política parezca normal o incluso heroica. La polarización afectiva dentro de la sociedad brinda a las personas una forma de justificar impulsos violentos en una causa mayor.

6. No obstante, de acuerdo con los estudios, la polarización afectiva no causa directamente la violencia política. Es probable que contribuya a un entorno que permite a los políticos y líderes de opinión aumentar la violencia dirigida hacia políticos, funcionarios electorales, mujeres y muchos tipos de minorías. Esto, según el texto, se puede constatar a través de amplia investigación que muestra que la polarización afectiva en EU ha estado aumentando durante décadas, mientras que la violencia política solo aumentó bruscamente desde 2016. La polarización afectiva también es bastante simétrica entre los partidos, mientras que la violencia política es abrumadoramente de derecha (nuevamente, de acuerdo con muy diversos estudios que así lo documentan). Esto nos lleva a preguntarnos qué sucedió concretamente en Estados Unidos a partir de la campaña y toma de posesión de Trump, y, por tanto, el rol de los liderazgos en esta materia.

7. Por consiguiente, comprender la interacción entre la polarización ideológica y afectiva, así como la influencia de los líderes políticos, es crucial para comprender las dinámicas de la polarización en los Estados Unidos.

Todo lo anterior implica, según la autora, que:

A. Los programas de pluralismo por sí solos son insuficientes: Los esfuerzos para superar las diferencias a través de programas de pluralismo que involucran a personas de diferentes grupos pueden cambiar los sentimientos individuales, pero no necesariamente afectan los comportamientos antidemocráticos, las preferencias por candidatos antidemocráticos o el apoyo a la violencia política. Estos programas deben ir acompañados

de intervenciones que modifiquen cómo se incentiva a los políticos a utilizar la polarización afectiva como estrategia política.

B. Las intervenciones más efectivas, según Kleinfeld, son aquellas que se centran en reducir los temores de que el otro lado tenga la intención de socavar las normas democráticas. Corregir las creencias erróneas sobre la disposición del otro lado a romper las normas democráticas puede ser valioso para reducir tanto la polarización afectiva como las actitudes antidemocráticas.

C. Se necesita evitar la defensa que amplifica la creencia de que el otro partido es una amenaza para la democracia pues ello puede profundizar la polarización y el apoyo a acciones antidemocráticas.

D. Los proyectos que fomentan la acción coordinada a pesar de las diferencias, centrándose en objetivos compartidos a pesar de opiniones divergentes, pueden superar la polarización partidista, construir confianza y avanzar hacia una democracia más justa. Estos programas también pueden ayudar a abordar la alienación y la desconfianza que sienten una parte de los estadounidenses hacia el sistema político y económico.

E. Involucrar a grupos de diferentes opiniones en discusiones para descubrir elementos compartidos de una agenda común puede ser efectivo en entornos altamente polarizados. La construcción de confianza es crucial para que esto funcione.

En esencia, estas propuestas proponen distinguir entre la polarización ideológica y la polarización afectiva o emocional, y aprender a trabajar con ambas, pensando mucho en los liderazgos, en los factores que incentivan los discursos divisivos y en qué medida es posible generar incentivos en sentido inverso. Un poco como lo propone Adam Kahane en su idea de “colaboración elástica”: no siempre se trata de oponerse al conflicto, sino de aceptarlo y desarrollar estrategias para colaborar incluso con personas que no nos gustan o en quienes no confiamos.

Estamos hablando, por supuesto, de discusiones inacabadas, pero que, al mismo tiempo, se fundamentan en una cada vez más vasta gama de estudios efectuados en países diversos. Estas reflexiones y propuestas nos dejan mucho para pensar y conversar. Quizás para entender un poco mejor el entorno particular que se vive en un país como el nuestro, se necesita además de incorporar esa literatura, llevar a cabo estudios cualitativos más hondos (aunque a veces se sacrifique la amplitud a favor de la profundidad), y usar toda esa información para idear formas más eficaces para la colaboración.

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