En días pasados, durante la “misa cívica” —así le dicen los ideólogos de la 4T a las mañaneras— el oficiante, que de acuerdo a esa denominación funge como Sumo Pontífice de tan singular secta, recomendó a su feligresía usar el “Detente” y un billete verde de dólar, como las mejores medidas para protegerse del coronavirus.

Vale explicar que el primero es un adminículo de una arraigada devoción católica muy popular, establecida por el Papa Pío IX el 14 de julio de 1877, en el que se proclama una imperativa orden; que rodea la figura de un músculo cardiaco resplandeciente del que emerge una cruz: “Detente, el corazón de Jesús está conmigo”. Es una coraza de fe contra el mal.

El dólar, a su vez, lleva impresa la frase “In God We Trust” (En Dios confiamos) lema nacional de Estados Unidos adoptado como tal por el Congreso en 1956.

Convertidos ambos objetos en placebos médicos, la prescripción del doctor de la nación resultó extraña e hilarante. Le dio la vuelta al mundo prestándose a todo tipo de críticas, chanzas y memes, por no mencionar la vergüenza que a muchos mexicanos produjo, por pena ajena, ante los comentarios que despertó en los ámbitos médicos, académicos y científicos nacionales y en organizaciones del exterior.

Entender los gestos y motivaciones del Presidente de México no es fácil. Se cuentan por decenas los artículos y ensayos que pretenden desentrañar los misterios de su psicología y conducta; pero en este caso es bastante transparente; utiliza un recurso que le ha funcionado de maravilla con las masas: se apropia y explota la vena religiosa de una población proclive —por deficiente formación religiosa— a crear fetiches sincréticos con personajes politico-mesiánicos, para acumular y sostener su poder personal; así tenga que hacer tabla rasa, sin rubor alguno, del sacrosanto laicismo institucional juarista. La 4T bien valen tantas de esas misas como sean necesarias.

La gravedad de la situación global y nacional así como el vertiginoso ir y venir de acontecimientos impactantes envejeció muy pronto tal desfiguro presidencial.

El anuncio más reciente es que ahora sí, siguiendo sus propios datos, el gobierno federal decidió ponerse serio y tomar medidas acordes a los peligros de la infección. Reconoció el inicio de la fase 2.

Con anticipación, acciones y prevenciones de mayor calado, por su propia iniciativa, la sociedad, las empresas y varios gobiernos estatales ya las habían implementado, en abierto rebase al supremo gobierno central.

La mala noticia es que la sociedad se encamina a un complejísimo escenario económico, social y de salud, totalmente dividida. Desde la cima del poder se inyectan todos los días fuertes dosis de droga polarizante, el guante provocador lo recogen de inmediato críticos y opositores.

En estos días se rompió definitivamente la confianza entre el gobierno y un sector amplio de la sociedad; no hay diálogo ni liderazgo de altura, concertador y tolerante, que articule una estrategia nacional con fuste para salir bien de esta fenomenal prueba.

Para seguir con las referencias religiosas: podríamos decir que todavía estamos a tiempo de impedir mayores estropicios del furioso trotar de la cabalgata de los cuatro charros del Apocalipsis que ya se avecinan sobre sus impetuosos corceles: el blanco, la invasión del Covid- 19; el de “color del fuego”,la violencia ; el negro, el hambre; el “pálido”, la muerte”. ¿Seremos capaces de frenarlos?


Analista político.
@ LF_BravoMena

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