La “historia objetiva” no existe, es un imposible. Nadie puede captar en su totalidad la complejidad de lo pasado, sólo puede aspirar a reconstruirlo parcialmente y ello, desde su punto de vista y valores.

Este año cumple su cincuentenario la Historia Mínima de México (HMM) publicada por El Colegio de México y que resultó un inesperado best seller traducido a 16 idiomas. En apenas 164 páginas, en formato de bolsillo y de mano de seis autores, la HMM lleva al lector por los últimos cinco y medio milenios de la aventura mexicana. Fue Daniel Cosío Villegas quien concibió y logró esa pequeña gran historia acompañado por Ignacio Bernal, Alejandra Moreno, Luis González y Eduardo Blanquel.

Bernal prendió sus reflectores a partir de los olmecas y los apagó cuando Hernán Cortés y su aliado tlaxcalteca, Ixtlilxóchitl II, arrancaron la máscara dorada del rostro del gran dios mexica, Huitzilopochtli, y lo hicieron añicos tras haber fracasado como protector de su pueblo.

Alejandra Moreno puso el énfasis en las dos conquistas españolas: la religiosa —donde el terreno estaba abonado por la religiosidad azteca— y la militar, que nunca fue total. El corazón de la Nueva España (NE) se basó en una economía esencialmente extractiva y generó una sociedad notable por sus extremos de riqueza y pobreza. Luis González asumió la tarea de caracterizar a la NE en su última etapa. Para entonces —siglo XVIII— la NE ya había recuperado su demografía alterada por la conquista y su sociedad —60% indígena, 20% mestiza, 16% criolla y las minorías española y africana— se volvió difícil de gobernar. Ella se insertó en una coyuntura caracterizada por la independencia norteamericana, la Revolución Francesa, la invasión napoleónica de España, el ambiente de rebelión en la América española y unas cortes liberales en Cádiz (1812) que declararon que la soberanía residía en el pueblo.

La insurgencia mexicana parecía derrotada cuando se logró una improbable alianza entre los remanentes de la insurgencia y las élites conservadoras criollas y peninsulares que concluyeron que sus intereses aconsejaban separarse de la vieja España. Al final, la independencia dejó como ganadores a los intereses conservadores.

En esas condiciones el cambio político no pudo dar forma a una nación realmente viable. Un empate entre las fuerzas que impulsaban el cambio y las que lo frenaban llevó al “paréntesis de Santa Anna”. La pugna interminable entre facciones y las agresiones extranjeras se dio en un entorno de economía estancada, erario en bancarrota, un ejército metido en política pero incapaz de hacer frente a la agresión norteamericana y con un Santa Anna entrando y saliendo de una presidencia sin rumbo. A tres décadas de la independencia “[un] México, aporreado, andrajoso, sin cohesión nacional, sin paz, sólo podía exhibir con orgullo a sus intelectuales”, mismos que estaban enfrascados en una lucha a muerte en torno a proyectos rivales de nación.

Finalmente se elaboró una constitución laica (1857) y, tras una dura y decisiva guerra civil contra agresiones externas, los liberales se impusieron. Es ahí donde arranca el relato a cargo de Cosío Villegas, que aborda el período en que los liberales, con dos oaxaqueños al frente —Benito Juárez y Porfirio Díaz—, empezaron a dar forma y sentido de nación a México.

Don Daniel pone como eje del régimen porfirista —poca política y mucha administración— en el “ansia vehemente de orden, de tranquilidad, de paz” y en pos de dejar atrás medio siglo de caos. Pero, combinar modernización económica con inmovilidad política resultó en el estallido de 1910.

La Revolución Mexicana y la postrevolución las abordó Blanquel desde la perspectiva de quienes determinaron su rumbo: las clases medias. Su clímax fue el cardenismo pero con Miguel Alemán (1945-1952) dejó de identificarse con los intereses populares pero el régimen empezó a perder “su capacidad de dirección dentro de la vida nacional y [a] quedar prisionero de los grandes intereses económicos…”

Cosío Villegas vuelve a tomar la pluma para cerrar esta HMM recordando, en pleno autoritarismo echeverrista, que el Porfiriato se había derrumbado justo por mantener la cerrazón autoritaria por una “democracia otorgada” desde arriba. Finalmente no fue el caso. Tomó medio siglo más lograrla desde abajo. La HMM es, pues, un recuento de coyunturas y oportunidades ganadas y perdidas. En todas hay lecciones para aquí y ahora.


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