Si no se nos incluye a las mujeres, ningún cambio puede ser factible ni duradero. Después de incontables batallas y años de lucha, las mujeres hemos llegado a ocupar algunos de los principales puestos de toma de decisiones para influir en la vida de nuestro país.

Hoy podemos hablar de la primera mujer que gobierna la ciudad elegida por la votación de sus habitantes, de la primera mujer Fiscal de la ciudad o de la primera mujer gobernadora del Banco de México; pero estoy convencida de que tanto o más importante que ser la primera mujer en alcanzar un espacio, es el asegurarnos de no ser la última. Asegurarnos de que cada vez más y más mujeres puedan ocupar esos espacios que tanto esfuerzo ha costado conquistar por primera vez.

Pero, ¿qué podemos hacer las mujeres ante el desafío de lograr que más mujeres sigan nuestros pasos?, ¿cómo hacemos para convertir las brechas que persisten en caminos para el cambio? Creo que la respuesta es corta pero compleja: debemos inspirar con nuestros actos.

La tarea no es nada sencilla, pues al llegar a un cargo público o un espacio importante de toma de decisiones, las mujeres seguimos enfrentando estas barreras invisibles que no aparecen cuando el cargo o responsabilidad recaen en un hombre.

Esta situación a la que nos enfrentamos las mujeres es un asunto de branding o manejo de marca que nos fue impuesto por la sociedad. Que además nos impone actividades como el del cuidado de la familia, que por cierto debiera ser compartido por igual y no asignado únicamente a las mujeres.

Por esta razón, para que haya cada vez más mujeres ocupando más espacios, quienes participamos hoy en la toma de decisiones debemos ser ejemplo e inspirar a las mujeres que vienen detrás. Es importante que ellas vean en nosotras la posibilidad de alcanzar cualquier meta u objetivo, pero sobre todo que nuestros resutaldos sean transformadores, innovadores e inspiradores.

Si mujeres fuertes inspiran niñas fuertes, también mujeres exitosas inspiran mujeres exitosas. Por cierto, dicho éxito no debe verse desde el lente de la masculinidad sino del de nosotras mismas, porque si lo hacemos desde su mirada, lo más probable es que nos juzguemos injustamente.

En la medida en que jóvenes y niñas encuentren un espejo en el cual verse reflejadas, sabrán que no están solas en su camino. Sabrán que hay mujeres que sin importar la profesión o el ámbito en el que se desempeñan, han logrado derribar las barreras de la discriminasión y la violencia que hay en su contra.

La lucha por la igualdad de género sigue enfrentando lugares pantanosos y profundas resistencias, por eso no es de extrañarnos que cuando se logra vencer por fin, unos de estos obstáculos, la sororidad aflore, pues el avance de una representa un avance para todas.

Como herederas de la lucha de las mujeres que nos precedieron, estamos obligadas a generar oportunidades para otras mujeres, principalmente para las más jóvenes. Debemos llevar la perspectiva y la agenda de género a los temas de la ciudad, ya sean éstos de acceso a la educación, respeto y garantía de los derechos humanos, acceso a la salud, economía del cuidado, espacios de representación y de responsabilidad pública.

Y aunque sea imposible dar una solución satisfactoria a todos y cada uno de ellos, el primero paso es llevarlos al debate público desde nuestra visión.

Es cierto, nacimos en una sociedad en la que solamente por ser mujeres enfrentamos procesos de discriminación, sin embargo debemos tener presente siempre que solo juntas erradicaremos esos paradigmas que nos descalifican de la toma de decisiones, por el simple hecho de ser mujeres.

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