En el marco del fenómeno denominado nearshoring mediante el cual se busca reintegrar las cadenas de suministro afectadas por la pandemia y los conflictos geopolíticos, nuestro país posee importantes ventajas comparativas y competitivas; no obstante, para aprovecharlas de forma integral se requiere la conexión de las cadenas productivas y el desarrollo de proveedores nacionales. Las formas más simples de dimensionar el tamaño de lo que ha significado este proceso son el aumento en la inversión extranjera directa (principalmente en nuevas inversiones) y en el volumen de comercio con nuestro principal socio comercial.

En el caso de la Inversión Extranjera Directa, de acuerdo con el último dato publicado por la Secretaría de Economía (SE), esta ha regresado a sus niveles previos a la pandemia siendo al mismo tiempo la más alta en lo que va del sexenio. Al cierre de 2022 —medida, como es habitual, de enero a diciembre— la IED en México acumuló un total de 35 mil 292 millones de dólares, un 12% más alta que en 2021 y 25 % superior al registro de 2020. Destacan en especial las nuevas inversiones, las cuales prácticamente se triplicaron desde 2020, reflejo del atractivo del país, pero también de la estrategia de las empresas estadounidenses por dejar sus inversiones en Asia y traerlas en algunos casos de vuelta a México.

Nuestro país tiene grandes ventajas para ser punto de atracción a las inversiones que el fenómeno del nearshoring está generando, principalmente de localización, en primera instancia, y de facilitación comercial y fiscal en segundo término. Los inversionistas buscan manufacturar sus productos cerca de su mercado destino, que son los Estados Unidos y a los menores costos posibles. Y México ofrece un esquema que les podría resultar muy ventajoso: el modelo de la maquiladora de exportación.

La maquila de exportación conocida como IMMEX, es para fines prácticos un régimen fiscal que facilita la importación de insumos y componentes, los cuales se integran en líneas de producción/ensamblado de nuevos productos para ser exportados. Según estimaciones de las propias empresas IMMEX, 62 % del valor de las exportaciones lo genera este sector.

El problema de este modelo y por lo que se constituye en un riesgo del nearshoring para la economía nacional, es el alto contenido importado de las manufacturas, lo que impide que genere impactos multiplicadores sobre el resto economía. Sin abundar en el tema de la calidad y lo remunerativo, el principal aporte de la industria maquiladora es el empleo que genera. Ante esta realidad, es muy importante que se desarrollen condiciones que permitan que el atractivo de las inversiones se traduzca en valor agregado y por ende en crecimiento económico y bienestar. La clave es sustituir la importación de insumos.

Para avanzar en esta estrategia se requiere trabajo conjunto entre los agentes públicos y privados. En primera instancia consolidar la tan necesaria política industrial que incentive programas de desarrollo de proveedores confiables y competitivos de los insumos cuyas importaciones se busca sustituir. Lo anterior transita por un ecosistema en el que se potencialicen las cadenas de suministro, se acceda a recursos financieros en condiciones asequibles, se incentive la investigación en tecnología, y se desarrolle talento humano con las habilidades necesarias.

Asimismo, es necesaria una política fiscal y regulativa progresiva que otorgue los incentivos necesarios para que las empresas, sin importar su tamaño, encuentren un ambiente de negocios favorable promotor del proceso de desarrollo de proveedores y sustitución de importaciones antes mencionado. No menos importante es el desarrollo de infraestructura competitiva y la reducción del crimen. El riesgo de no aprovechar integralmente el nearshoring está latente, pero estamos a tiempo de minimizarlo.

Presidente de Consultores Internacionales, S.C.
 

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