En participaciones anteriores hemos venido realizando aproximaciones a lo que nuestra generación puede estar atestiguando: un cambio de época. Un cambio de época es un fenómeno de enorme importancia si consideramos que hemos atravesado cuatro épocas en la historia de la humanidad hasta el día de hoy: la Prehistoria, la Antigüedad, la Edad Media y la Modernidad.

Un cambio de época no es fácil de percibir en el momento en que está ocurriendo, por su complejidad y la falta de perspectiva en el tiempo, además de que se trata de un fenómeno que no se mide por externalidades (mayor desarrollo tecnológico, avances en materia de salud, mejor nivel de vida, etc.), sino por el cambio que tienen las personas en su percepción del mundo y de ellas mismas, los valores relevantes y la visión de futuro. El cambio de época supone una nueva cosmovisión. Si el cambio de época se realizara por externalidades, sería incomprensible que siendo tan grandes las diferencias entre la tecnología y avances de la primera mitad del siglo XVII y la segunda mitad del XX, en ambos momentos nos encontrábamos en plena Modernidad.

Desde finales de la década de 1980 en distintos foros se venía debatiendo sobre el posible fin de la Modernidad, todavía sin total claridad. A esa idea se le denominó “Posmodernidad” que significa lo que sigue después de la Modernidad. Una época sin nombre propio de la que se debatía si se trataba de un proceso de decadencia o de resistencia de la Modernidad.

En la última década, sin embargo, han aparecido fenómenos que parecerían ser cualitativamente distintos. Fenómenos que efectivamente están cambiando la cosmovisión moderna como lo hemos visto en participaciones anteriores. Algunas de las que hemos repasado:

La emergencia de una nueva conciencia de vulnerabilidad, contraria a la conciencia de dominio, propia de la modernidad.

El cambio de percepción de la realidad y la omnipresencia digital en la vida de las personas.

El cambio de concepción de tiempo y espacio.

A estas características podríamos añadir la deconstrucción cultural, la pérdida de sentido y cambio por emociones, así como la relativización de la vida y la muerte.

Las características anteriores tienen como origen y denominador común el predominio de la artificialidad sobre la realidad, esto es, de lo realizado por el ser humano sobre la originalidad del mundo. En un día ordinario, una persona que vive de forma urbana en el planeta (la mayoría de la población), observa espacios y objetos artificiales, escucha sonidos artifíciales, huele olores artificiales, come sabores artificiales y está sujeta a un ambiente controlado por inteligencia artificial. Aún más, hoy vivimos inmersos en lo digital, nuestro espacio vital puede ser reducido, pero percibir un entorno gigantesco.

Los anteriores cambios parecen marcar un cambio de época porque afectan al interior de la persona y su cosmovisión. Hoy las personas perciben distinto, piensan distinto y valoran distinto que hace todavía pocos años. De allí que ya tenemos elementos para nombrar la nueva época. Tenemos una idea de su inicio y pocas claridades de su futuro.

Seamos bienvenidos a la nueva era, la era de la artificialidad.

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