La política española está entrampada porque los electores decidieron fragmentar su voto y los partidos políticos no logran ponerse de acuerdo para pactar un gobierno de coalición. El pasado domingo 10 de noviembre se celebraron elecciones generales en España, las cuartas en apenas cuatro años y las segundas en siete meses. A diferencia de México, España posee un régimen parlamentario donde el gobierno surge del propio Congreso, el único órgano elegido por el voto popular. Los diputados tienen la potestad de votar la investidura o la moción de censura del presidente de gobierno, quien es electo entre los propios legisladores.

Tras formar gobierno con una mayoría insuficiente para dar estabilidad a largo plazo, el conservador Mariano Rajoy gobernó hasta 2018. En ese año, el secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez , ganó una moción de censura y ocupó su lugar como presidente de gobierno. Desde la salida de Rajoy, España ha sido encabezada por una mayoría que depende de otros partidos para gobernar. Después de presentar su propuesta de presupuesto y no contar con el apoyo del Congreso, Pedro Sánchez convocó a elecciones en abril. Con un PSOE sin mayoría absoluta y un Congreso fragmentado, España volvió a las urnas el pasado 10 de noviembre (10-N).

Las campañas electorales se centraron en tres temas: economía, política y separatismo catalán. La recesión de 2008 tiene todavía repercusiones en la economía española que crece a un ritmo débil de 2.5%, apenas por encima de la media europea y tiene una tasa de desempleo del 14.2%, casi cinco veces mayor que la alemana. En materia económica, los partidos se posicionaron en el tema de la baja de impuestos, el fortalecimiento del estado de bienestar, la revalorización de las pensiones y la formalización de los contratos de trabajo. En política pelearon hasta el último momento para evitar la fragmentación con el llamado al voto útil para formar gobierno. Y en la cuestión catalana, los partidos no coinciden sobre la posible solución al conflicto territorial. En este campo las propuestas van desde la negociación sin precondiciones hasta la aplicación estricta de la ley de seguridad nacional.

El electorado decidió fragmentar de nueva cuenta su voto. Para formar gobierno se requieren 176 de los 350 escaños que tiene la Cámara de los Diputados. En las recientes elecciones ningún partido obtuvo la mayoría. En el espectro político se encuentran, por un lado, las dos fuerzas con mayor peso electoral: PSOE y Partido Popular . Por otro lado, los partidos que se han posicionado como escisiones de la tradicional división derecha-izquierda: Vox , a la extrema derecha; Ciudadanos , al centro derecha, y Unidas Podemos , a la izquierda del PSOE. Con los resultados electorales del 10-N, el PSOE cuenta con 120 escaños y le faltan 56 para gobernar. Sorpresivamente Vox se convirtió en la tercera fuerza política con 52 diputados y Ciudadanos se desplomó. Existen distintas combinaciones matemáticas posibles para lograr una mayoría que pueda investir a Pedro Sánchez, pero todas tienen complicaciones políticas.

El 10-N consolidó una estructura de bloques derecha-izquierda polarizada. Tras el colapso del centro político y su reemplazo por Vox, el PSOE y Unidas Podemos lograron un preacuerdo que todavía requiere sumar adeptos para formar gobierno. Desde el regreso a la democracia en 1978, España había sido gobernada por mayorías claras y pendulares que turnaron el gobierno entre el Partido Popular y el PSOE. La irrupción de nuevas fuerzas políticas a nivel nacional, resultado del descontento social y la crisis económica, han puesto en primer plano la tensión política de una España más pluralista. Desde la Segunda República, España no ha vuelto a tener un gobierno de coalición.

En Alemania , los dos principales partidos, opuestos en el espectro político, acordaron un programa de gobierno bajo la fórmula de “gran coalición”. Los democratacristianos y socialdemócratas lo han hecho en dos ocasiones: en los noventas del siglo pasado con Kurt Georg Kiesinger y durante el actual mandato de Angela Merkel . Las opciones para España son pocas: un pacto al estilo alemán entre socialistas y populares o un acuerdo entre todas las fuerzas políticas de izquierda, nacionalistas y la abstención de algún otro grupo. Esta última opción fue la preferida por Pedro Sánchez, sin embargo, esta coalición podría generar compromisos que compliquen la estabilidad del gobierno. Si la poca voluntad política para generar pactos o, al menos, permitir la investidura de un nuevo presidente de gobierno no cambia, la parálisis persistirá en España.

Especialista en temas electorales.

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