Algunos miembros del gobierno que no merecen sus puestos. Esos que echan su rollo para dividirnos, que creen que el machismo es patrimonio de la humanidad, que no han hecho nada para terminar la violencia contra las mujeres. Esos que están clavados en el pasado en lugar de mirar el futuro que amenaza con aplastarnos. Les pido más respeto. Les pido que no estén molestando. Que no estén atemorizando ni descalificando. Que si el movimiento se convierte en un acto político, ¿pues qué esperaban?, que habrá grupos políticos que se aprovecharán; por favor, las mujeres no son ingenuas ni están jugando. Total, ¿quién dijo miedo? Ellos tienen miedo, tiemblan en su palacio y en sus palacetes, sus camionetas blancas vibran porque saben que las mujeres tienen razón, que las que están en la política pueden asistir junto con las obreras, que pueden coincidir las que usan ropa de marca con las que llevarán playeras moradas, que las enmascaradas no aparecerán.

Las mujeres están visibles, señores. No están conformes. Las mujeres tienen razón. Las mujeres no son los enemigos, señoras y señores del gobierno. No. Los enemigos son los que humillan, maltratan, prohiben, callan, despiden, acosan, violan y matan. Los injustos que cerraron las guarderías para los hijos pequeños de las trabajadoras y los refugios para las que huían. Los enemigos son los que dudan en darles su lugar en las cámaras y en los ascensos laborales. Es verdad que muchas mujeres temen denunciar que las afecta la lentitud de los órganos encargados de protegerlas. Protegernos. Que sufren la impunidad de los poderosos; ¿acaso no han oído de una saxofonista embestida? En Culiacán tenemos una propuesta, diputadas y diputados, senadoras y senadores. Señoras y señores de la Suprema Corte de Justicia. Que cuando una mujer haga la denuncia de que ha sido víctima de un delito, le crean, vayan en ese momento por el agresor sin necesidad de una orden de cateo o de la autorización de un juez, y lo pongan a disposición de las autoridades competentes. Las mexicanas han arribado al punto en que se acabó, en que no deben exponerse más a ser asesinadas. Agarren la onda. Dejen de pensar que el movimiento del 9 de marzo es una ocurrencia de las veracruzanas. No, señores, lo que hicieron ellas fue señalar un camino para la indignación total. Así que, vamos, los intransigentes y fundamentalistas no podrán amedrentar ni a sus madres y espero que tampoco a sus esposas.

Preguntan qué harán los millones de mujeres mientras están en paro en busca de la igualdad. Muchas cosas, entre ellas: leer; y para las que van a leer, que de verdad es también un acto revolucionario, voy a dejar una lista de autoras mexicanas y libros que las pueden fortalecer. Incluiré solamente a un escritor que estuviera encantado con la iniciativa: El 9 ninguna se mueve. Fernando del Paso y su obra maestra, Noticias del Imperio. Acérquense a Yo, la peor, de Mónica Lavín, que es una historia de Sor Juana; Ana Clavel publicó una novela que les puede interesar: Las ninfas a veces sonríen; ¿Por qué no leer Alta Infidelidad, de Rosa Beltrán?; El mal de la Taiga, de Cristina Rivera Garza les va a gustar; Fuego 20, de Ana García Bergua, les abrirá puertas clausuradas; No deberían dejar fuera Loba, de Orfa Alarcón, y tampoco Destierros, de Gabriela Riveros; a las que les gusta saber de grandes personajes no pueden perderse Aquellas horas que nos robaron, de Mónica Castellanos; No leer Jugaré contigo, de Maritza M. Buendía, sería como querer vivir menos; tampoco teman leer Pandora, de Liliana Blum, es dura pero significativa; ¿quieren algo fuerte? No se pueden perder Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor; ¿quieren algo imaginativo? Pues ahí están Raquel Castro con Un beso en tu futuro, y Eve Gil con su Tinta violeta; Lean poetas también: Busquen Peces de piel fugaz, de Coral Bracho; María Baranda las sacudirá con Teoría de las niñas; Rocío Cerón, con Spectio, provocará su más indómita imaginación; Si su curiosidad es grande, Retrato hablado, de Ana Belén López, les dará más misterios. No quiero concluir esta lista sin sugerir la lectura de Las maneras del agua, de Minerva Margarita Villarreal, poeta que nos dejó recientemente, con el que obtuvo el Premio de Poesía Aguascalientes en 2016 y que es un libro para creer en nuestros propios sueños. Por lo demás, estaremos atentos para que el 9 de marzo sea un principio vibrante en nuestra historia.

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