Cuando en México se habla de tráfico de armas siempre se mira hacia la frontera norte, por compartir límites con Estados Unidos, donde la venta de armamento es libre para mayores de edad.

En territorio estadounidense, en la franja cercana a nuestro país, se estima que hay alrededor de 8 mil 500 armerías (datos de 2017). Ahí bandas del crimen organizado pueden abastecerse fácilmente e introducir de contrabando el armamento.

La situación comienza a cambiar y por la frontera sur —desde países centroamericanos— están ingresando pistolas y rifles AK-47 que terminan en la capital del país.

De acuerdo con el testimonio de un traficante que hoy presenta EL UNIVERSAL, la ruta que siguen las armas comienza en Nicaragua y entran al país por Quintana Roo o Chiapas para desplazarse por carretera y llegar a la zona de Tepito para su venta ilegal. Según su relato, el armamento viaja a bordo de camiones de carga o de pasajeros en compartimentos de doble fondo. Las autoridades, afirma, reciben sobornos para permitir el libre tránsito de esas unidades.

La proliferación de armas en México ha sido el combustible principal para mantener durante más de una década la violencia desatada por grupos de la delincuencia organizada. Sorprende que en 10 años el fenómeno del tráfico de armas prevalezca sin resultados contundentes para erradicarlo.

Un análisis de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) estima que más de 15 millones de armas están en manos de civiles en México. La organización Small Arms Survey informó el año pasado que en el país hay alrededor de 16 millones 800 mil armas, de las cuales 85% son ilícitas. ¿Qué caso tiene la prohibición establecida en la ley si la realidad es diferente?

Desde el gobierno federal se asegura que el despliegue de agentes de Estados Unidos en los límites con México para frenar el flujo de migrantes obligó a bandas criminales a abrir nuevas rutas para el ingreso de armas a México.

Preocupa que el ingreso de armas florezca ahora por ambas fronteras sin que se tenga conocimiento de una estrategia específica para disminuir el fenómeno. Se exige a Estados Unidos contener el tráfico, pero las dependencias mexicanas también tienen que reconocer su responsabilidad en ello, por omisión o incapacidad.

Corresponde a la autoridad indagar los dichos del traficante que detalla el contrabando de armas desde Centroamérica. En ellos hay datos, rutas y graves señalamientos contra elementos de seguridad. Es una línea que tendría que investigarse, si hay voluntad para terminar con el problema.

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