El hallazgo de este diario de que Julio Scherer, consejero jurídico de la Presidencia de la República, es propietario de un departamento en Manhattan, una de las zonas inmobiliarias más costosas de la ciudad de Nueva York, despertó una serie de reacciones entre la comunidad política mexicana, especialmente entre los legisladores, tanto al interior de Morena como de la oposición, pues se ve en este hecho una incongruencia con los postulados del gobierno, en especial por tratarse de uno de los funcionarios de más alto nivel en la administración del presidente López Obrador.

Si bien son propiedades adquiridas con recursos propios, se trata de un problema de transparencia, pues al no declararlo, ni siquiera considerando que se trate de una posesión en el extranjero, se crea un conflicto de credibilidad para los integrantes del proyecto de gobierno actual.

Parece que se olvida el compromiso adquirido ante el pueblo por el gobierno, que en su llamada Cuarta Transformación, involucra como uno de los pilares de acción precisamente el ejercicio de la transparencia, en que nada se va a ocultar ni tampoco se va a hacer nada a espaldas del pueblo, como lo han reiterado en diversas ocasiones las palabras del Presidente de la República.

El conflicto de principios entre lo que se dice y lo que se hace o lo que se oculta, pone en entredicho a una administración que se propuso a sí misma como un ejemplo del cambio verdadero y de cero tolerancia a la corrupción.

Que la Secretaría de la Función Pública investigue y aclare la propiedad actual de ese inmueble para que no genere suspicacias del por qué se debe ocultar un bien adquirido con anterioridad a que el funcionario en conflicto asumiera su cargo actual.

Al no declarar la posesión de un bien inmueble de esa magnitud, se quebranta así una de las promesas de la 4T en las que radicó su triunfo en las urnas, la de la honestidad. Y se contradice también una de las sentencias recurrentes del presidente López Obrador, quien reitera una y otra vez que su gobierno y su equipo de trabajo no son como los anteriores, los neoliberales que le precedieron en el poder, y cuyas conductas perniciosas llevaron a los votantes al hartazgo y decidieron la victoria electoral del proyecto de quienes hoy están al frente del gobierno.

Si lo que se quiere es presumir de honestidad, transparencia y austeridad, se debe poner todas las cartas sobre la mesa para evitar que la población dude de los principios que rigen a quienes los gobiernan y a quienes les dieron su confianza en las urnas. En caso contrario, si no hay congruencia con lo que se pregona, entonces se cae en la simulación.

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