En la segunda mitad del siglo XX, Corea del Sur atravesó por la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Era un país en extrema pobreza, con un PIB considerablemente inferior al de México. A lo largo del tiempo, el esfuerzo y el trabajo de los coreanos los llevaron a convertirse en una de las naciones más prósperas y avanzadas del mundo, superando significativamente a México, incluso llegando en años pasados a tener un PIB cuatro veces mayor.

En nuestro país, la historia del país asiático ha sido utilizada durante años para ilustrar nuestro rezago en comparación con una nación que, en términos económicos, era similar a la nuestra. Sin embargo, en este 2023 esta anécdota quedó obsoleta.

Actualmente, México ha superado en términos reales el PIB de Corea del Sur, ubicándose como la 12ª nación más próspera del mundo. Aunque este hecho por sí solo ya pueda ser celebrado como un gran logro, es crucial considerar que el crecimiento del producto interno no es el único indicador para medir el desarrollo de una nación. A pesar de esto, si se toman en cuenta otros parámetros, el panorama es aún más alentador.

Durante este período, cerca de 10 millones de personas han salido de la pobreza, marcando un enfoque de desarrollo con una visión universal. Se ha promovido el desarrollo económico, priorizando a quienes más lo necesitan. Además, se ha logrado abordar uno de los desafíos más significativos que enfrentaba la sociedad mexicana: la falta de credibilidad en el gobierno. El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en un líder cercano a la gente, representando los intereses del pueblo.

Todo ello habla de que el gobierno de Morena ha establecido un paradigma que ha generado beneficios significativos para nuestra nación. Sin embargo, existen áreas que requieren mejoras, las cuales lamentablemente trascienden cualquier acción gubernamental. La corrupción es un claro ejemplo de ello. A pesar de que ciertas políticas implementadas durante este sexenio han contribuido a mejorar esta problemática, sigue estando fuertemente arraigada en la sociedad civil. Es fundamental abordar este problema que afecta profundamente el tejido social y económico, promoviendo no solo acciones gubernamentales, sino también cambios culturales y sociales que disminuyan su presencia y efectos.

Para enfrentar un enemigo de tal magnitud, es fundamental involucrar a todos los actores influyentes en nuestra sociedad: empresarios, sociedad civil, instituciones religiosas, ONGs y otros más. La estrategia más efectiva continúa siendo la concientización sobre cómo la corrupción afecta de manera más profunda el entramado social que los mínimos beneficios que podría brindar a unos pocos ciudadanos. Es crucial unir esfuerzos y coordinar acciones entre todos estos sectores para erradicar este flagelo que mina el progreso y el bienestar de toda la comunidad.

El 2023, es el mejor ejemplo de todo lo que se ha logrado, pero también un recuerdo de que aún queda mucho por hacer, continuemos con la transformación.

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