Ya se echó a andar la estrategia para presentar a Claudia Sheinbaum como una izquierdista moderada, pragmática, que ha aprendido y madurado con los años en el templete.

Es lo mismito que hizo AMLO en el 2018 y le funcionó: echó mano de algunos personajes con buena fama pública, hizo creer que ese sería el tono de su administración y una vez que le sirvieron para conquistar a un electorado que le tenía miedo, los desechó.

El equipo que definirá el proyecto de nación de Claudia lo encabeza el doctor Juan Ramón De la Fuente. López Obrador hasta lo nominó de secretario de Gobernación en aquel “gabinete legítimo”. A la hora de la hora lo mandó a Nueva York a la ONU. Ni siquiera una Secretaría de Estado. Figura también Gerardo Esquivel. AMLO coqueteó con ponerlo de secretario de Hacienda, al final lo puso de subsecretario, lo maltrató, lo empujó al Banco de México de subgobernador, no lo nominó para gobernador y ni siquiera lo refrendó en el cargo. Terminó saliendo del gobierno. Está Olga Sánchez. El presidente la puso de secretaria de Gobernación, le quitó poder hasta exponerla a que la llamaran duramente “florero” y a los tres años la regresó al Senado. AMLO tenía al exministro Genaro Góngora, Claudia a Zaldívar. AMLO a Germán Martínez, Claudia a Javier Corral. Si él incorporó al expriista Bartlett, ella al expriista Murat. ¿Más evidencias? Apenas hace unos días Sheinbaum bajó de nivel al radical Fernández Noroña, y nombró vocera a Tatiana Clouthier, quien le ayudó a López Obrador a presentar una mejor cara, que fue central en su triunfo y a la que luego desdeñó en la Secretaría de Economía de la que renunció a la mitad del sexenio en una despedida que también se vio como maltrato.

Están repitiendo el método. Tiene lógica: si ya les funcionó una vez, por qué no intentarlo de nuevo. A ver si Claudia luego prescinde de sus servicios.

En la operación “disfracemos a Claudia de moderada” intervienen también medios de comunicación afines, intelectuales a sueldo, periodistas funcionales y empresarios que amarran contratos. El mensaje será uno: ella no va a ser como AMLO, ella es diferente, ella no es tan radical.

Sería de pastelazo… pero al día siguiente Xóchitl Gálvez “sacudió” a la opinión pública al anunciar su equipo: una predecible baraja de políticos desgastados… ¡y sus hijos! Sí, dio a sus hijos cargos oficiales en la campaña. Ni AMLO se atrevió a tanto.

Xóchitl sabe que cuando un familiar de un político pone un dedo en recursos públicos, es cancha reglamentaria para el escrutinio de periodistas y el golpeteo de rivales. Ella fue una voz relevantísima en exigir cuentas por la Casa Gris de José Ramón López Beltrán. Xóchitl sabe también que lo que interrumpió el ascenso de su candidatura fue el tema de los contratos con la empresa familiar. Dar a sus hijos cargos en su campaña acentúa una vulnerabilidad que no fue eficaz en resolver. ¿Sus argumentos? Que por qué ella no puede echar mano de sus hijos y Samuel sí de su esposa Mariana, que ella hace lo que todos los políticos nada más que es transparente, y garantiza que no ocuparán cargos en un eventual gobierno. Me sigue pareciendo un error, más en ella. Salvo que no confíe en nadie más, y entonces es un síntoma de que la crisis en esa campaña es peor de lo que imaginamos. ¿Creen que no pueden desplomarse? Claro que sí, y hasta comprometer el que hasta hoy ha sido el principal logro de la oposición: alejar a Morena de la mayoría calificada en el Congreso.

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