Si a un iberoamericano cualquiera le preguntan qué es la SEGIB, es decir la Secretaría General Iberoamericana, lo más probable es que la inmensa mayoría no tenga ni idea. Si se le explica que es una organización a través de la cual las 700 millones de personas que forman el espacio iberoamericano pueden lograr acuerdos que nos interesan a todos y que es la mejor vía que tenemos para abrir canales de comunicación en un espacio cuya polarización no beneficia a nadie porque evita el diálogo y pone de manifiesto nuestra debilidad negociadora frente a las grandes potencias, es probable que algunos de nuestros interlocutores muestren algún interés por conocer más sobre la organización.

Como ocurrió durante la guerra fría cuando dos visiones ideológicas dividieron al mundo, hoy la guerra larvada, y a veces manifiesta, que se libra entre Estados Unidos y China parece forzar a los países a tomar partido por una de las dos grandes potencias mundiales. Decisión que es harto compleja para regiones o países que tienen intereses comerciales, de seguridad o geoestratégicos con ambas potencias. En la guerra fría, el Movimiento de Países no Alineados permitió a un grupo de naciones conservar su posición neutral sin aliarse ni con Rusia ni con los Estados Unidos. Hoy, una relanzada Alianza entre América Latina y Europa que sume la voz de los 27 Estados miembros de la Unión Europea a los de los países latinoamericanos podría fortalecer la capacidad de influencia de estas regiones en la escena global sin necesidad de decantarse en una visión dicotómica que parece opacar las prioridades y preocupaciones de otras regiones.

En el contexto actual la SEGIB está llamada a ser un urgente puente Iberoamericano y los mexicanos debiéramos ser pieza clave de esta renovada alianza con España que permita a la región alzar la voz en el ámbito diplomático sobre la importancia de mejorar la vida de las personas mas allá de los confines geográficos de las dos superpotencias.

En las próximas semanas se decide quien va a comandar la SEGIB en los siguientes cuatro años, pues la sede ha quedado vacante tras la dimisión de su anterior Secretaria General, la costarricense Rebeca Grynspan, quien fue designada a un alto cargo en la ONU. Al día de hoy, hay cuatro candidatos registrados para dicha posición que debe ser elegida por consenso, lo cual lleva aparejadas arduas y discretas negociaciones.

Los candidatos actuales son el excanciller del Perú, José Antonio García Belaúnde, el canciller de Guatemala, Pedro Brolo, el canciller de Chile, Andrés Allamand y la que a mi parecer es la candidata idónea para dirigir la organización, le expresidenta del Ecuador, Rosalía Arteaga.

Como se evidenció en la reciente Cumbre de la CELAC en México, las fracturas ideológicas hacen que los intereses regionales queden sometidos a las visiones políticas. Podríamos escribir un prontuario de acrónimos de organizaciones regionales que han naufragado bajo visiones ideológicas a lo largo de la historia latinoamericana, baste ver a nivel Sudamérica a la extinta UNASUR (inspirada por la izquierda) y al moribundo PROSUR (inspirado por la de derecha). Es imperdonable que visiones partidistas se antepongan a los intereses del estado y la región. No caigamos en la trampa de trasladar al ámbito internacional el cortoplacismo nacional.

Es norma no escrita de las organizaciones multilaterales que se rote la procedencia regional de sus dirigentes. Rosalía Arteaga cumple con dicho requisito pero además es la candidata que menos ampollas puede levantar en los países de la región pues es la única que a pesar de haber ocupado los más altos cargos de su país y haber sido Secretaria General de otra multilateral, la Organización del Tratado Amazónico, lleva más de 20 años fuera de la contienda política y siempre se ha caracterizado por un carácter conciliador con todos los lados del espectro ideológico. La expresidenta ecuatoriana tiene una extensa trayectoria que le ha valido el reconocimiento global, es además escritora, con libros traducidos a numerosas lenguas y habla los dos idiomas de trabajo de la organización.

Rosalía es una mujer de avanzada que fue presidenta y vicepresidenta de su país hace más de 24 años, cuando la participación política de la mujer en America Latina era muy escasa. Esto debiera ser tomado en cuenta entre los países miembros de la SEGIB pues uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible es la equidad de género. Además, Arteaga es una mujer con un marcado perfil educativo, cultural y de diálogo, alejada de la polarización política y eso es lo que requiere la SEGIB en medio del actual entorno internacional. El nuevo o nueva Secretaria General debe ser alguien capaz de tender puentes y de generar consenso a partir de todo aquello que nos une.

Europa necesita a Iberoamérica e Iberoamérica necesita que su voz sea escuchada en Europa y para ello es fundamental una SEGIB fuerte y dinámica que no caiga en la irrelevancia. La SEGIB debe ser el instrumento a través del cual el inmenso poder y riqueza del espacio iberoamericano se traduzcan en capacidad de influencia internacional, que por el momento brilla por su ausencia.

@B_Estefan

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