El gobierno de la llamada Cuarta Transformación concentra tanta incapacidad, estulticia y corrupción que no pocos analistas lo han tildado de ser una auténtica kakistocracia: el gobierno no sólo de los peores e ineptos, sino también de los más cínicos.

Incapaz de responsabilizarse de nada de lo que ocurre en su administración, particularmente en materia de violencia, culpa todo el tiempo a los gobiernos anteriores a pesar de que el suyo cumple ya más de cinco años. Negado a entregar cuentas claras, tiene como norma ocultar el costo de muchas de sus obras públicas pretextando absurdamente asuntos de “seguridad nacional”. Inútil para gestionar y atender contingencias sanitarias como la pandemia o para comprar y distribuir medicamentos, también ha dejado al Metro de la CDMX sin mantenimiento, con resultados trágicos como el desplome de un tramo de la línea 12 o afectaciones tan grandes como la suspensión del servicio en la línea 2.

Una de las muestras más deplorables de su criminal falta de sentido común nos la dio con la desaparición del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN), a partir de la cual diversas poblaciones han tenido que enfrentar, como han podido, diversas tragedias. El gobierno debía saber que entre los años 2000 y 2019, murieron 3,765 personas, 1.8 millones de viviendas resultaron destruidas o afectadas y se registraron daños por 40,000 millones de dólares en diversos eventos catastróficos que sufrió México. (Datos de Irasema Alcántara-Ayala, investigadora del Instituto de Geografía de la UNAM, brindados a Forbes). Era un fondo vital, prioritario, pero la kakistocracia no conoce el significado de la palabra emergencia, como pudimos ver no hace mucho con la llegada del huracán Otis a Acapulco.

Ahora, frente a la falta de agua que ya se vive en muchos lugares y que amenaza con ser desastrosa en el Valle de México, está decidido a seguir mintiendo señalando exclusivamente a la sequía, los patrones de consumo y, desde luego, a los gobiernos anteriores, como los únicos culpables del problema.

Evidentemente nadie puede negar que la sequía que se vive en distintas regiones del país desde hace unos años, junto con el derroche de este líquido por parte de millones de ciudadanos inconscientes son parte muy importante del problema, pero no se puede ignorar que este gobierno abandonó la inversión en la infraestructura hidráulica y castigó sistemáticamente el presupuesto de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el organismo que tiene por objetivo preservar las aguas del país y velar por la seguridad hídrica.

Lúcido como era, el recién fallecido ex secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos M. Ursúa, describió en su última columna para este diario el desastre que ha venido perfilando la insensata decisión del gobierno de descobijar prespuestalmente a la Conagua para atender, en cambio, sus prioridades políticas y obsesiones ideológicas: Pemex y la refinería de Dos Bocas.

“En el presupuesto federal correspondiente a este 2024 –decía en su comentario el doctor Ursúa– el monto asignado a Conagua fue del orden de 63 mil millones de pesos. En términos reales, esta cantidad representa una reducción del 13% de la cantidad aprobada para el año pasado. Ese recorte presupuestal fue hecho a pesar de que en el 2023 el país sufrió una de las olas de calor más intensas y una de las sequías más pronunciadas de las que se tenga memoria, probablemente debido al irreversible cambio climático. Un hecho más que preocupante es que el nivel de almacenamiento de las presas no llega ahora ni siquiera a la mitad de su capacidad”.

No es de extrañar que entre el grupo de expertos de los que se rodeaba López Obrador al inicio de su gobierno, Ursúa haya sido el primero en renunciar y alertar sobre el caótico e irresponsable rumbo que estaba tomando esta administración. Otros, tan preparados como su “científica” candidata y colocados en todos los niveles de gobierno, simplemente se han dedicado a obedecer órdenes y a cumplirle todos sus deseos y caprichos al señor Presidente, por descabellados, irracionales o peligrosos que estos sean.

Viendo el desastre cuando ya lo tiene enfrente y, sobre todo, temiendo que la carencia de agua pueda movilizar votos para la oposición, el Presidente López Obrador está urgiendo a las autoridades de Conagua, CDMX y Estado de México para que tomen medidas y enfrenten el asunto. Su convocatoria, a destiempo y parcial (porque no sólo el Valle de México sufre este problema, como bien apuntó Ursúa en su columna), tiene los tiempos electorales encima. En su momento, prefirió usar los recursos que racionalmente debieron ser para Conagua en proyectos como la refinería de Dos Bocas (que ha nacido obsoleta y que a la fecha no produce más que costos y deudas) y, seguramente, en completar el gasto social-clientelar, convencido de que las obras hidráulicas no le iban a traer votos; ahora, la crisis en marcha, se los puede quitar.

Correspondencia parda

Mientras tanto, ¿qué pasa en la CDMX? Donde gobierna Morena, siguen repitiendo el discurso oficial: sequía, descuido ciudadano y, por supuesto, cero responsabilidad del gobierno federal y del de la ahora candidata presidencial Claudia Sheinbaum. Por su parte, y en la escala que le corresponde, la Alcaldía Magdalena Contreras, por ejemplo, gobernada por la oposición, invirtió casi 3 millones de pesos en la rehabilitación del tanque de rebombeo y almacenamiento de agua “La Mesita” ubicado en la colonia La Carbonera; este tanque es el único que pertenece a la alcaldía ya que los otros 15 tanques de esta demarcación son operados por el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX). Y aunque el tanque de “La Mesita” es pilar principal en la distribución de agua de la zona alta de la demarcación, los vecinos esperan desde luego que el gobierno de la CDMX le haya dado mantenimiento a los otros tanques, que son la mayoría.

Y la historia se repite: tuvieron que pasar 40 años para que en esta misma demarcación se renovaran más de 11 mil metros de tubería de agua potable, con lo que se ha logrado disminuir de forma considerable las fugas de agua y se ha mejorado la distribución de este líquido.

Ojalá que otras alcaldías estén tomando todas las providencias a su alcance y que, con la participación ciudadana, consigamos sortear el irresponsable manejo de este tema por parte del gobierno federal y el de la CDMX.

@ArielGonzlez

FB: Ariel González Jiménez

Ariel2001@prodigy.net.mx

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