Históricamente, las mujeres hemos sido relegadas del sistema financiero por cuestiones de género y tenemos menor acceso a servicios financieros que los hombres. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), del total de personas que no tienen cuenta bancaria, 56% son mujeres.

En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, sólo 42% de las mujeres tiene acceso a servicios financieros en una institución bancaria, en comparación con 55% de los hombres.

Además, actualmente no hay muchos productos diseñados con una perspectiva de género que se adapten a las necesidades de las mujeres. Es necesario que las emprendedoras tengan acceso a créditos y financiamientos que les permitan transitar rumbo a mejores formas de inserción a mecanismos empresariales.

A nivel regional, sólo 1% de las emprendedoras ha tenido acceso a capital semilla y fondos de capital de riesgo, mientras que 7% de los hombres ha utilizado en sus negocios alguna de estas fuentes de financiamiento, de acuerdo con cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La inclusión financiera es un mecanismo de empoderamiento de la mujer, pero también un motor de desarrollo económico. La inclusión promueve el ahorro, reduce la informalidad, aumenta la capacidad de resistencia de los hogares ante algún tipo de siniestro, aumenta la productividad de los negocios, genera una base de depósitos sostenida y fortalece el sistema financiero.

En los últimos años, las mujeres han encontrado en el ecosistema fintech una oportunidad para lograr la independencia financiera y desarrollar proyectos que permitan un balance entre su vida personal y profesional.

En Brasil hay dos ejemplos de empresas fintech con un modelo de negocio muy interesante y lideradas por mujeres: Creditas, sistema de préstamos con garantía en línea, y ElasBank, que bajo el modelo open banking crea una variedad de servicios de inversión centrados en las mujeres.

En México existen dos bancos digitales, Jefa y Stori, cuyo objetivo es acortar la brecha de mujeres infrabancarizadas, así como generar un efecto multiplicador que les permita tomar el control de sus finanzas.

De acuerdo con Finnovista, una compañía de construcción de startups, 33% de las empresas fintech en México han sido fundadas o cofundadas por mujeres, el máximo número en la región.

Además, el país es el primero a nivel mundial con una ley para regular a las instituciones de tecnología financiera, estableciendo un marco seguro para la competencia justa entre las compañías de este ecosistema y las instituciones bancarias tradicionales.

Otro gran paso hacia la inclusión financiera fue el nombramiento de María Teresa Arnal al frente de la Asociación Fintech México en 2021, un hito en la historia al ser la primera mujer en dirigir la institución.

De acuerdo con el informe Fintech en América Latina: Crecimiento y Consolidación del BID, las mujeres han tenido un rol más activo que en otras regiones, al crear 35% de las startups, de las cuales 49% está centrada en soluciones de inclusión financiera para sectores vulnerables.

Las mujeres trabajando en las finanzas digitales tienen consecuencias positivas en el cierre de la brecha de género en el ámbito económico, ya que se trata de una forma de impulsar el empoderamiento femenino.

Las empresas fintech representan una oportunidad para impulsar en México un desarrollo sostenible e inclusivo. En 2022, definitivamente el ecosistema fintech representa una esperanza para enfrentar los retos que ha traído la crisis por el Covid-19.

Empresaria, inversionista de impacto y defensora de los derechos de la mujer

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