Una vez más, la sumisión le ganó la partida a la razón en la discusión del Presupuesto 2022 en la Cámara de Diputados, donde morenistas y sus aliados reconocieron un sinnúmero de mejoras que fueron plasmadas en las opiniones emitidas por las comisiones legislativas, para luego ignorarlas al votar en el pleno un dictamen que da la espalda a la niñez y la adolescencia mexicanas.

El poder legislativo, diseñado para ser contrapeso, se convirtió en una aplanadora sorda, incapaz de reconocer en sus opositores y en la sociedad mexicana, voces que hablaron desde la experiencia y el conocimiento, pero sobre todo, desde la intención de construir una mejor sociedad, menos desigual, más feliz si es el indicador que les gusta.

Y es que, por más que evitemos el aspiracionismo, hay irreductibles para alcanzar la felicidad, como saber que el abasto de leche Liconsa llegue a la niñez que padece hambre, en lugar de recortarle casi un 8% los recursos a este programa nutricional.

Tampoco importó saber que México ocupa el tercer lugar en el mundo entre los países con más casos de trata de personas con fines de explotación sexual y mendicidad de menores: la mayoría oficialista en San Lázaro recortó para el próximo año en una cuarta parte los recursos destinados a la primera infancia en los Registros Civiles de las 32 entidades federativas, limitando así el derecho a la identidad de menores en los sitios con mayores niveles de subrregistro y de marginación.

Como si cerrar los ojos a los problemas los desaparecieran, volvieron a quitar presupuesto a menores de 3 años en el Programa de Atención a la Salud y Medicamentos Gratuitos para población sin seguridad social, que en el dictamen refleja un decremento de 47% respecto del año pasado.

De nada sirvieron las estimaciones del Coneval para denunciar que entre 2018 y 2020, en México creció la población sin acceso a servicios de salud, que pasó de 20.1 a 35.7 millones de personas: sin piedad, Morena y sus aliados acataron la instrucción del gobierno federal para quitar un 12 por ciento de los recursos al Ramo 12 en materia de salud, afectando programas como el de Atención a la Salud, al que le recortaron más de 7 mil millones de pesos (44.58% menos) y el de Atención a Personas con Discapacidad, que de un plumazo dejó de tener 10 millones de pesos: un recorte de casi el 60 por ciento.

Y ya ni hablar del regreso de las Estancias Infantiles que desde la oposición propusimos, ni de las Escuelas de Tiempo Completo o de la exigencia de contar con estudios que permitan detectar a edades tempranas enfermedades o prevenirlas mediante vacunas suficientes en su esquema básico y las urgentes de Covid para los menores que deben regresar a la escuela para garantizar su educación, sin los riesgos que reprersenta la pandemia mundial.

Mientras escribo estas líneas, continúa en lo particular la discusión anual que cada año define cómo se gastarán los impuestos que pagamos y que requiere la mitad más uno de los 500 votos en San Lázaro, los mismos que tienen Morena, el PVEM y el PT, los mismos que en estos cuatro año han invisibilizado a las mujeres que hemos levantado la voz por los recortes y a quienes tienen menos de 18 años, quizá porque no votan.

El Presupuesto 2022 será histórico por su falta de legitimidad y el exceso de soberbia de una mayoría obediente, que seguramente será incapaz de aceptar una de las casi dos mil reservas que se presentarán en el pleno durante los días siguientes y que podrían literalmente salvar vidas y atender con la urgencia que se requiere, el presente de la niñez y adolescencia, que se encuentran indefensos frente a un gobierno y sus legisladores de corta visión centralista y clientelar.

Diputada federal reelecta.
@AnaLiliaHerrera

Google News

TEMAS RELACIONADOS