Son muchos y muy diversos los factores que explican el triunfo en una elección, entre otros: la eficacia de la maquinaria político-electoral; el candidato y su capacidad para conectar con el electorado; los recursos económicos, políticos y judiciales; la campaña, la estrategia, las ofertas, la narrativa y los amarres con los poderes fácticos… Pero de todos ellos sobresalen dos la maquinaria y el candidato, a los que en esta coyuntura se agrega el factor López Obrador.

La oposición pasmada no acertaba a encontrar una figura que conectara con el grueso del electorado. Algunos con largas colas, algunos otros por completo anodinos, y otros con sólida preparación y eficacia probada, pero que cargan el peso de una marca muy desprestigiada o con perfiles que resultan muy distantes al grueso de la sociedad.

Todos ellos le provocan hilaridad a Morena. López Obrador evoca a su paisano Chico Ché (¡Uy, qué miedo!) y se regodea ante la posibilidad de tener a uno de ellos enfrente para desacreditarlo y sacarle sus trapitos al sol, aunque no son mejores los aspirantes de Morena: figuras anodinas cuyas únicas ventajas son la marca Morena (con los apoyos sociales que implica) y el arrastre de López Obrador. Ni Claudia ni Marcelo ni Adán ganarían una elección para jefes de manzana o de colonia y por eso se concentran en convencer al Supremo Elector de ser más incondicionales que los otros.

En ese panorama yermo, de repente irrumpe Xóchitl Gálvez, una figura retadora, disruptiva, colorida, entrona, que rompe los esquemas de la clase política: que viene de abajo, del Valle del Mezquital, que superó enormes obstáculos en un entorno familiar y comunitario adverso y salió adelante.

Una aspirante que está a favor de los programas sociales, pero copeteados: que propone que la pensión para adultos mayores se complemente con anteojos, prótesis dentales y una atención médica de calidad; que sugiere dotar a los jóvenes de competencias profesionales, inglés y una nueva cultura: la del emprendimiento… Que se pronuncia por regresar las escuelas de tiempo completo y las estancias infantiles... Que no le teme a convocar a su equipo a los mejores expertos en materia energética, medioambiental y de seguridad…

Este presidente cargado de odios y resentimientos, que todos los días insulta, difama e intimida, se topó con la horma de sus zapatos. Ante los infundios, la senadora hidalguense le exigió su derecho de réplica, el presidente respondió que solo lo haría si fuera obligado por un mandato judicial; Xóchitl logró que un juez le concediera la réplica. Sin embargo, el presidente ha mantenido su desacato.

Lo que sigue es cuidar a Xóchitl, que los partidos de la alianza opositora no le hagan una trastada y que no vaya a sufrir un “accidente”, que no resulte con que la arrolló con todo y su bicicleta, un automovilista “distraído.”

Los que pensaban —o querían hacernos creer— que la elección del año próximo estaba decidida y que la ventaja de Morena era irremontable, hoy fruncen el ceño, con su irreverencia, su sentido del humor y su inteligencia, esta malhablada es el antídoto para Morena.

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