La esencia de los programas de posgrado en nuestra Universidad radica en algo que llamamos “Comité Tutoral”. En este Comité existen tres tutores —profesores o académicos— a quienes el estudiante de posgrado les expone sus avances de tesis al final de cada semestre. Esta exposición implica un fuerte intercambio de ideas, donde el estudiante se ve beneficiado no sólo en su proyecto de tesis, sino también en su propia formación científica, sobre todo cuando el alumno es de doctorado.

Cada ejercicio semestral es una especie de inversión muy individual: una suerte de oleaje académico que le da forma a un sin fin de granos de arena, representado por los miles de estudiantes de posgrado de nuestra Universidad.

Cuando un estudiante dice que se formó en la UNAM, en particular que obtuvo su doctorado, esto supone que realizó exámenes tutorales y que semestre tras semestre ganó herramientas que lo capacitaron para hacerse científico. Este nuevo doctor debe ser capaz de resolver problemas de forma novedosa, siguiendo principios científicos y con altos estándares éticos.

La responsabilidad del Comité Tutoral no es trivial, sobre todo cuando se piensa que estos doctorantes se incorporarán a la masa científica que transformaría a la sociedad para bien.

¿Cuál es el efecto de la UNAM a nivel de formación de doctores a escala nacional? Unos pocos números nos pueden ilustrar esto. Por ejemplo, en 2021 se graduaron 890 doctores en Ciencias, a partir de los 57 programas de doctorado que oferta nuestra Universidad. Esta tasa de graduación equivale a casi 10% de la tasa nacional —la cual fluctúa entre 8 mil y 10 mil nuevos doctores por año—. Es decir, de cada 10 doctores en ciencias egresados en nuestro país, uno se graduó en la UNAM. Los campos de especialización contemplan prácticamente todas las áreas del conocimiento, lo cual indica que no tan sólo es la cantidad, sino que es un efecto homogéneo en todo el sistema en el país.

Otra forma de ver el impacto de nuestra Universidad es en términos de la calidad científica. Nuevamente recurro a números básicos: de los 33 mil miembros del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt, 5 mil 430 pertenecen a la UNAM. Este casi 15% está ubicado en todos los niveles del Sistema y, si suponemos valores “fríos”, implicaría que el 15% de la generación de conocimiento se hace en la UNAM.

Quizás por las cifras anteriores, la UNAM es en gran parte la institución mejor reconocida tanto a nivel nacional como internacional. Por ejemplo, cuando alguien de la comunidad universitaria se presenta en un evento científico, los colegas ubican a nuestra Universidad fácilmente. Por esto, previo a tales eventos, sugiero a los estudiantes: “Pon el nombre de la Universidad en alto, porque somos sinónimo de referencia y calidad”.

Para el caso de los Comités Tutorales recurro nuevamente a la metáfora del oleaje: el mar —representado por nuestra institución— le da forma a la sociedad vía los estudiantes de doctorado, mientras que la ciencia es una de sus muchas playas. Este mar no se detiene nunca, de la misma manera que la sociedad está necesitada de soluciones todo el tiempo. Por supuesto que hay muchos otros actores en este oleaje —la Fundación UNAM es un ejemplo de varios—. Como sea, desde la trinchera que supone lo que hacemos en el Comité Tutoral, nuestra misión es hacer el mejor papel posible.

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Investigador titular del Instituto de Ecología, UNAM

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