Los simulacros en esta ciudad, así como en el gobierno en turno, son un reflejo de lo rebasados que estamos frente a la realidad de la Ciudad de México. Las preocupaciones de la actual jefa de gobierno están más enfocadas en la visibilidad frente a la campaña para obtener la candidatura presidencial que hacia los resultados de su administración hoy en día. Lo importante es que esta ciudad tiene memoria. La ha tenido con los sismos y la tendrá frente al voto. Tenemos una jefa de gobierno ausente y sin resultados. Una fuerza política que es en realidad un efecto de gravedad del mismo peso que día con día cae con López Obrador.

En 2017, cuando yacía entre las ruinas de una tragedia, fue la gente quien protagonizó el levantamiento de los escombros y demostró que los ciudadanos son el pilar más fuerte de esta ciudad. No lo fueron los militares como en el 85, ese cuerpo supuestamente incorrompible fue el que —más que rescatar personas— se apropió de cuanto pudo saquear entre los escombros. Curioso es preguntarnos para qué llevaban armas los militares en vez de palas en las fotos que dejaron testimonio de aquellos días. El Ejército parece tener su propia agenda y no pareciera ni entonces ni ahora tener mucho interés por las causas civiles. Sin embargo, es la gente y siempre la gente quienes sacan la fuerza, quienes defienden al otro, quienes dan una mano sin ser remunerados, quienes cargan piedras para salvar a los otros.

Si lo pensamos un poco, la simulación de este gobierno (con relación al simulacro del sismo) es aún insuficiente frente a la realidad. Ni los cuerpos de rescate, ni protección civil, ni la fuerza pública tendrían la capacidad de resolver una tragedia como la que sucedió en aquel otro 19 de septiembre, primero en 1985 y luego en 2017. Esta nueva réplica en la memoria colectiva sobre todo ha puesto nuestra atención en los lugares que ya conocemos como un peligro, vimos los edificios de la colonia Doctores sacudirse, así como en la colonia Roma y la Condesa. Estamos viendo de frente las posibilidades de la tragedia y al mismo tiempo la impunidad para resolverla. Los intereses inmobiliarios están sometiendo el silencio de cualquier autoridad y la catástrofe está siendo anunciada. Si el día de hoy, salimos invictos con este saldo blanco por lo menos en la Ciudad de México, no corresponde a una medalla para la administración actual sino a la colectividad de todas y todos los que habitamos esta ciudad.

La vida política no es ajena a la catástrofe puesto que la corrupción cobra vidas. Este sismo ha sido una llamada de atención para lo que aun este gobierno no puede resolver frente a los proyectos inmobiliarios que secuestran las principales zonas de la ciudad. ¿Cuántas vidas necesita cobrar un nuevo sismo para que este gobierno deje de hacer campaña y resuelva los problemas estructurales que nos peligran día con día?

La protección de millones de mexicanos queda a la deriva por estos mandatarios distraídos en su ego en sus ambiciones de poder mientras que las estructuras que nos ponen en peligro son ignoradas cual Línea 12 del Metro.

Aun así, estoy convencida de que la colectividad de las y los mexicanos que habitamos esta ciudad es también la fuerza no solo civil sino también política para cambiar el rumbo, para definir de manera más humana y consciente la Ciudad de México que merecemos y queremos. Porque es una ciudad construida desde el pensamiento ciudadano y no desde las ambiciones del poder en turno.

Twitter: @alepuente100 

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