Alimento básico, herencia cultural y de identidad, así es la relación del maíz con México, un grano que, de una u otra manera, siempre ha estado involucrado en la mayoría de nuestras actividades y es parte fundamental de nuestra historia.

Y es que su versatilidad lo ha hecho esencial para la seguridad alimentaria en el país, no solo de humanos, sino de animales; además, un elemento clave para la producción de biocombustibles, almidón, endulzantes, entre muchos otros.

Sin embargo, a pesar de este valor, en años recientes su situación se ha vuelto complicada, dado que fenómenos naturales impulsados por el calentamiento global, como la sequía y las altas temperaturas, están amenazando su producción y poniendo en riesgo su estabilidad.

En 2021, por ejemplo, si bien la producción de las 64 variantes de maíces que hay en México superó los 27 millones de toneladas, apenas el 52 % de ellas se produjo en temporada de lluvias, lo que muestra las dificultades que en la actualidad se están presentando.

Esta situación ha traído consigo muchos efectos adversos, siendo uno de los más notables las afectaciones que se han presentado particularmente en los suelos, indispensables para los cultivos, los cuales, de no ser cuidados con nutrientes adecuados pueden no solo perder su capacidad de producir alimentos, sino también su capacidad de ser una barrera contra el calentamiento global. Lo anterior, debido a que un suelo sano puede almacenar dióxido de carbono (CO2) y, con ello, disminuir las emisiones de carbono a la atmósfera.

La producción del maíz amarillo es una de las que más se ha visto golpeada por este contexto, de acuerdo con el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, el año pasado apenas se generaron 3.5 millones de toneladas del grano, derivado de la falta de lluvias que se gestó entre primavera y verano.

Por ello es que resulta crucial el aprovechamiento de herramientas y soluciones tecnológicas que hoy ya están presentes, como los herbicidas, fertilizantes o los reguladores de crecimiento de plantas los cuales pueden apoyar en la nutrición de los terrenos agrícolas.

Además, el aprovechamiento del agua y la creación de programas de fertilización de maíz, elaborados por especialistas, pueden proporcionar el balance nutricional adecuado en el momento óptimo de la aplicación de nutrientes para que, de esta forma, se logre la mayor eficiencia posible.

Por otra parte, nutrientes clave para cada etapa, como lo pueden ser el Zinc y el Fósforo para las etapas iniciales del cultivo, y que se aplican de manera más eficiente como tratamiento a la semilla, pueden ayudar a asegurar la calidad de nutrición en productos agropecuarios como el maíz.

En el caso particular de los fertilizantes, es importante destacar que fortalecen la productividad agrícola, hoy vulnerable ante la inestabilidad climática, lo que permite a los agricultores evitar pérdidas económicas y reducciones en sus ingresos.

La producción de granos cruciales para nuestro país, como es el caso del maíz, requiere de soluciones diversas y sostenibles, por lo que debemos unirnos y apoyar la creación de estrategias que generen todos los nutrientes que estos necesitan para vivir.

Esa será la base que nos dará la pauta para preservar el bienestar de las comunidades mexicanas y mantener nuestra herencia agrícola, permitiéndonos no sólo continuar disfrutando de este cereal, sino hacerlo sin que ello signifique sobreexplotar nuestros ecosistemas y suelos.

Representante de Yara México

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