Estamos ante eventos históricos en Medio Oriente. De lo que emerja como resultado de la guerra actual dependerán muchas cuestiones futuras. Se puede decidir asignar el punto de partida de la situación actual el día 7 de octubre con una cadena de atentados terroristas cometidos por Hamas y la Yihad Islámica contra Israel. O bien, el tema podría revisarse señalando otros puntos de partida previos. Lo que a lo largo de los años ha faltado en estas revisiones, sin embargo, es una mirada crítico-constructiva que retome situaciones como las que lamentablemente acontecen hoy, efectúe un balance serio y desapasionado acerca de los progresos y obstáculos en la resolución del conflicto palestino-israelí y, con eso en mente, se trabaje local, regional e internacionalmente para construir condiciones que no solo eviten crisis como esta, sino que abonen a una paz de raíz en la región. En el texto de hoy sintetizo algunos elementos de contexto y explico lo que está moviendo a las partes a confrontarse en esta guerra.

El contexto mayor

Probablemente lo más importante es comprender que el palestino-israelí es un conflicto añejo, irresuelto, que es considerado por muchos como intratable, por lo que a lo más que comúnmente se aspira es a administrarlo. El conflicto contiene infinidad de temas sin solución como la ocupación indefinida de territorios por parte de Israel, la inexistente construcción de condiciones de paz y seguridad para ambos pueblos que permitan la transición de la Autoridad Nacional Palestina hacia un Estado que pueda coexistir con Israel en circunstancias de bienestar para los habitantes de la región, y a la vez, la devolución del control de la franja de Gaza a esa Autoridad Nacional Palestina, así como el desarme de organizaciones como Hamas o la Yihad Islámica, entre muchos otros factores. Esta serie de elementos irresueltos ocasionan que continuamente el conflicto exprese su violencia de muy distintas formas.

La situación actual implica, sin embargo, un choque sin precedentes entre Hamas/Yihad Islámica e Israel. A diferencia de eventos anteriores que solían desencadenar escaladas, esta vez las organizaciones palestinas han planificado cuidadosamente sus acciones, aprovechando la coyuntura actual para sorprender a la sociedad y las fuerzas de seguridad en Jerusalén.

El contexto interno: Israel

Israel se ha caracterizado los últimos años por un contexto de altísima polarización, el crecimiento de la extrema derecha y la asociación de partidos de esas tendencias con el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien, entre otras cosas, enfrenta tres procesos legales de corrupción en su país, y quien, por tanto, no podía darse el lujo de ver su coalición desplomarse. A causa de una reforma judicial entre otras medidas propuestas e implementadas por el gobierno más extremista en la historia de Israel, la sociedad de ese país vivió manifestaciones multitudinarias casi todas las semanas de este año, altos niveles de división interna, y un clima en el que los temas de seguridad se fueron politizando, hasta exhibir zonas de alta vulnerabilidad y oportunidad para los enemigos de ese país.

El contexto internacional y su conexión con el tema palestino

De manera contraria a la esfera interna, en el plano regional, Israel presentaba enormes fortalezas, con un posicionamiento histórico ante varios de los países árabes, un proceso de normalización de relaciones que ya estaba por incluir a Arabia Saudita, e incluso un reacercamiento político con Turquía.

Todo esto, sin embargo, tenía a la resolución del conflicto palestino-israelí prácticamente fuera de la agenda, no solo entre el liderazgo israelí —convencido de que ese tema podía ser simplemente “administrado”— sino incluso entre varios países árabes quienes, hasta hace un mes, no colocaban a la cuestión palestina entre sus prioridades.

A nivel global, otros temas que incluyeron la guerra siria, el combate al terrorismo global la década pasada, o el Covid, la guerra en Ucrania y la competencia entre las superpotencias más recientemente, también dejaron al conflicto palestino-israelí prácticamente sin reflectores.

En cambio, el choque mayor y por tanto el área de más alto riesgo, se gestaba entre Irán (y sus aliados) e Israel, quienes desde hace años sostienen una guerra de “baja intensidad” cada vez menos baja.

Este último tema va a resultar fundamental para moldear la percepción israelí sobre la situación actual, no solo porque Hamas y la Yihad Islámica son financiados, armados y entrenados por Irán, sino porque desde su óptica, cualquier debilidad presentada ante esas organizaciones, es entendida como una vulnerabilidad en un plano mayor, y, por tanto, una clara oportunidad para Irán o cualquiera de los miembros de su eje.

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El shock del 7 de octubre

Es así como los atentados terroristas perpetrados por Hamas y la Yihad Islámica el 7 de octubre entran a escena. La inteligencia israelí falló en prever y detener la planeación de estos ataques, pero también Hamas los trazó cuidadosamente durante al menos un año y medio, tiempo en el que ejerció la máxima cautela y desplegó todo su aprendizaje y conocimiento acerca de la inteligencia israelí y sus métodos.

Así, Israel fue brutalmente sorprendido y entró en shock, ya no por los 2 mil 500 misiles que le lanzaron en dos horas, sino por la penetración de sus fronteras de miles de terroristas, las masacres perpetradas y los más de 200 rehenes capturados.

El terrorismo y la respuesta ante el terrorismo

El terrorismo es una categoría muy específica de violencia premeditada que usa a las víctimas civiles únicamente como instrumentos con el objeto de inducir un estado de terror en terceros, canalizar a través de ese terror una serie de mensajes y reivindicaciones, elevar temas en la agenda mediática, producir propaganda política acerca de la organización perpetradora, y a la vez ejercer una alteración en las opiniones, actitudes y conductas de sociedades enteras, generando presiones que buscan avanzar las metas de la organización señalada.

Por consiguiente, más allá de condenar al terrorismo o a las represalias que genera, y por supuesto, sin intentar justificar a esa clase de violencia o a los métodos que se usan para combatirle, se requiere comprender que el terrorismo es un fenómeno complejo que necesita ser profundamente estudiado, no solo en términos de cuáles son los contextos que le favorecen —como lo son justamente los conflictos irresueltos y la ausencia de paz de raíz (revisar el GTI, 2023)— o los procesos de radicalización de personas y organizaciones, sino también en términos de los efectos psicosociales y políticos que ocasiona.

Los atentados del 7 de octubre serán estudiados a lo largo de décadas por muchos de los elementos que señalo, pero concretamente por el sentido generalizado de vulnerabilidad, de inseguridad, de ausencia de gobierno y fronteras penetradas en Israel. Por tanto, cuando ocurre un atentado terrorista de esa magnitud, para las autoridades del país, el tema se convierte inmediatamente en un asunto de seguridad nacional:

1. Primero, porque, desde la óptica del país atacado, se vuelve indispensable regresar el sentido de seguridad y control ante su población gobernada.

2. Segundo, porque para ese país resulta crucial devolver los golpes (no de forma proporcional, sino de forma masiva) ante las organizaciones que penetraron sus fronteras para atacar a su población civil, además de secuestrar a más de 200 personas. Lo que hay en el fondo es la necesidad de restaurar su capacidad disuasiva: llevar a las organizaciones atacantes a la convicción de que el haber cometido esos atentados fue un error de cálculo pues los costos de haberlo hecho, serán muy superiores a los beneficios.

3. Pero más allá de Hamas y la Yihad Islámica, para Israel resulta fundamental desde el 7 de octubre en adelante, mandar un mensaje de fuerza que sea recibido por Irán —que como dije, financia, arma y entrena a las organizaciones atacantes— y por todo el eje de milicias que ese país respalda, desde Líbano hasta Yemen pasando por Irak y Siria. Israel, desde su visión, no puede ser percibido como un país débil, vulnerable y atacable, y entiende eso como una meta de seguridad nacional que tiene prioridad por encima de cualquier otra. Más aún, la lectura en los círculos de seguridad israelíes ha sido que, debido a que en el pasado ese país restringió sus ataques contra Hamas —y contra toda su infraestructura militar construida de manera inmersa y subterránea a las zonas densamente pobladas de Gaza— entonces Hamas sacó ventaja de ello, creció y le atacó como lo hizo.

Esta serie de consideraciones han hecho que Israel responda de manera inusitada ante los atentados, desplegando una represalia sin precedentes, lo que lamentablemente ha tenido costos humanitarios históricos.

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La crisis humanitaria en Gaza

A medida que ha crecido la ofensiva aérea y ahora terrestre israelí, como era esperado, el monto de víctimas civiles palestinas en Gaza ha crecido dramáticamente. Esto no solo es en el número de muertes y heridos, sino en términos de desplazamiento humano y las posibilidades de supervivencia. El gobierno israelí podrá plantear que esto es lamentable pero necesario. Sin embargo, así no funciona hoy la construcción social de narrativas y, por tanto, el impacto político de esas narrativas.

En esas narrativas, Israel pasó velozmente de haber sido percibido como la víctima de los atentados terroristas a ser el victimario, como potencia ocupante y ahora, como potencia que está vulnerando el derecho internacional humanitario. La cuestión, en este campo, no está en cuanto a la posibilidad o no de Israel de defender legalmente sus acciones, o su capacidad de sostener su versión de los hechos ante investigaciones que se hagan ahora o en el futuro, sino en el ambiente que se respira en el entorno político a nivel global. En ese ambiente lo que hay es una visión negativa de Israel que todos los días daña ese otro ámbito no material del poder, crucial por los efectos políticos que ocasiona.

El impacto político local e internacional: el crecimiento de Hamas

Hamas no era hasta el 8 de octubre una organización popular o bien percibida entre la población palestina, y especialmente en Gaza. Esto es documentado por el más reciente estudio, la encuesta del Barómetro Árabe en Cisjordania y Gaza, realizada por el Centro Palestino de Investigación de Encuestas y Políticas con el apoyo del Fondo Nacional para la Democracia.

Sin embargo, otros estudios históricos muestran que Hamas crece en imagen, aprobación y popularidad, tras sus enfrentamientos con Israel. Esto ocurre tanto entre la población palestina como a nivel internacional.

Lo que hoy podemos observar es que a medida que la respuesta israelí ante los atentados terroristas se deslegitima, ocurre el fenómeno inverso con Hamas. Sus acciones se legitiman como “parte de su resistencia”. Revise no solo el discurso de mandatarios como el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, sino el emitido desde espacios como la academia estadounidense.

La internacionalización del conflicto

Fuera de que, hasta el momento de este escrito, las milicias aliadas de Irán han optado por no escalar el conflicto desde sus fronteras de manera mayor que lo que actualmente hemos observado, es ya impreciso llamar a este un “conflicto en Gaza”. Todos los días hay intercambio de fuego entre la milicia libanesa de Hezbolá e Israel. Además, hemos ya visto numerosos ataques con misiles crucero, misiles balísticos y drones desde Yemen y desde Siria contra territorio israelí y contra tropas estadounidenses en la zona.

Intentando contener el riesgo de la expansión señalada, Washington está desplegando portaaviones, aeronaves, escudos antimisiles y personal en distintos puntos de la región enviando el mensaje a Irán y a sus aliados de que ese país intervendrá si estos actores escalan su intervención en el conflicto.

Con todo, tanto Irán como sus aliados se encuentran expectantes. Su cálculo actual consiste en que no es necesario sacrificar más de lo que lo están haciendo, para defender la causa palestina. Pero este tema debe ser observado con detenimiento a lo largo de los días y semanas que siguen.

Situación actual

Por ahora, Israel está determinado a seguir el curso de acción que ha emprendido, buscando destruir la infraestructura militar de Hamas y la Yihad Islámica, incluso al costo de la crisis humanitaria y la imagen negativa a nivel global que esto le está ocasionando. En el mundo se habla continuamente acerca del “día después”; es decir, distintas fórmulas para resolver la pregunta de ¿en manos de quién quedará Gaza si es que efectivamente Hamas deja de tener capacidad para gobernarla? Se habla acerca de la posible restauración de la Autoridad Nacional Palestina como una alternativa, y se habla de la posibilidad de un flujo de inversión sin precedentes para la reconstrucción. Sin embargo, estamos aventurando ese tipo de reflexiones demasiado pronto.

Por ahora, será indispensable evaluar tanto la esfera militar-material, como el campo psicológico-cognitivo y, por consiguiente, el político. Es decir, al margen de los objetivos militares que Israel expresa, determinar si es que éstos son materialmente logrables, la duración del conflicto para que esto efectivamente se lleve a cabo, la reacción de Irán y sus aliados a lo largo de las semanas o meses en los que estas operaciones transcurran, el crecimiento de la crisis humanitaria y por tanto, del costo político ya no digamos para Israel, sino para aquellos gobiernos como el del presidente estadounidense Joe Biden que tanto le respaldan, el potencial crecimiento político de Hamas no solo en Gaza sino en Cisjordania y en otras partes (a pesar de los daños materiales que pueda sufrir) y las consecuencias que esto tendrá dentro del campo palestino con miras a las soluciones políticas o diplomáticas que hoy se trazan. Es decir, estamos apenas en las primeras fases de algo que falta mucho tiempo por definirse.

*Internacionalista. Instagram: @mauriciomesch

TW. @maurimm

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