Washington.— En los últimos días, decenas de habitantes de El Paso (Texas), con pluma en mano, están escribiendo en una tela mensajes de esperanza, de ánimo, de solidaridad, de cariño, de buenos deseos, de duelo y de resiliencia.

“Dios bendiga a El Paso y sus familias”. “Por siempre en nuestros corazones”. “Juntos somos más fuertes”. “Todo nuestro amor con las víctimas y las familias”. “Por siempre en nuestros corazones: Oramos por todas las familias que viven este dolor eterno”. “Mis oraciones para todas las familias de todos esos dulces ángeles”. “El Paso llevará todas esas personas perdidas en nuestros corazones porque hacen que El Paso sea fuerte”.

La tela, de unos 40 metros cuadrados, está formada por siete retales de tela blanca de muselina. Fue necesario el trabajo de siete voluntarios durante 12 horas para hacer todas las tareas de corte y costura, para que lo que antes eran piezas sin encaje se conviertan en un mural que, durante algunas semanas, quede colgado en un parque de la ciudad. El título de la obra: “In Remembrance/En Recuerdo”.

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En la memoria de las 23 víctimas mortales (nueve de ellas mexicanas) de la peor masacre contra latinos de la historia moderna de Estados Unidos, que este martes cumple su segundo aniversario. El tiroteo de El Paso del 3 de agosto de 2019 se convirtió en una fecha para el recuerdo eterno, y la ciudad texana quiere que este año, a pesar de la pandemia de Covid (o precisamente por ello), el recuerdo del dolor que han sufrido familiares y la ciudad sea rememorado de forma única.

Empezando por la inauguración del “Jardín de la Curación” (Healing Garden) en el parque Ascarate, lugar fronterizo con Ciudad Juárez (Chihuahua), tras dos años de ideación, gestión y construcción para que la ciudad tenga un lugar para no olvidar ese trágico suceso.

“Nuestro más sentido objetivo es generar un hermoso espacio para las víctimas, sus familias y para nuestra comunidad valiente. Todos en nuestra comunidad han sentido el profundo dolor de esa vívida experiencia del 3 de agosto de 2019. Nuestra esperanza es que nuestro Healing Garden sea un lugar acogedor para individuos y familias, para encontrar consuelo y la oportunidad de abrazar su proceso de sanación individual”, escribía el juez del condado, Ricardo Samaniego, en los primeros bocetos de lo que a partir de este martes será el memorial para esas víctimas.

A dos años, en El Paso esperan por justicia
A dos años, en El Paso esperan por justicia

El emblema del parque es una flor de loto de 23 pétalos, uno por cada víctima. “La flor de loto tiene un ciclo vital único: sus raíces se basan en el barro [nuestra tragedia], y milagrosamente reflorece cada mañana sin suciedad en sus pétalos [nuestra fortaleza regenerada]”, explican los creadores del logo. “Simboliza muchas cosas, incluyendo serenidad, pureza, belleza, fertilidad y conocimiento (…)”, añaden. En el centro brilla una estrella dorada para dignificar la resiliencia y la esperanza de la ciudad.

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La inauguración se hará en un acto privado con los familiares y personalidades destacadas, incluyendo la activista mexico-estadounidense Dolores Huerta. En el Congreso de Estados Unidos ya hay una propuesta para que el lugar se convierta en monumento memorial nacional.

El jardín está a poco más de 7 kilómetros del Walmart en el que sucedió todo, ese supermercado al que hace dos años Patrick Crusius llegó armado con un rifle de asalto y decenas de balas, con el objetivo explícito de matar a cuantos más latinos fuera posible.

Precisamente este martes, mismo día que se inaugurará el memorial, Crusius debía presentarse ante un juez para hacer seguimiento de su caso, mismo que está paralizado en las cortes, a la espera de nuevos acontecimientos. La complicación derivada de la pandemia de Covid y la complejidad del proceso están ralentizando un proceso que vio cómo se postergaba la próxima audiencia de Crusius hasta noviembre, evitando así la macabra coincidencia de su presencia en un juzgado el mismo día del segundo aniversario de su obra mortal.

Crusius, supremacista blanco declarado, enfrenta dos causas judiciales: una impulsada por el condado de El Paso y la otra de carácter federal. En la primera, la que se prevé que suceda antes, la fiscalía pedirá la pena de muerte. Lo que no hay todavía es fecha para inicio de un juicio que, cuando empiece, se espera que dure entre cuatro y seis semanas.

“No hay forma posible de que podamos programar este caso de esta magnitud, con la cantidad de testigos, jurados, investigadores, abogados. Simplemente no hay forma de que podamos llevar a cabo ese tipo de juicio, en el entorno actual de nuestra sala de audiencias”, agregó la fiscal de distrito, Yvonne Rosales, recordando la situación pandémica.

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“Obviamente, nuestra comunidad quiere cerrar este caso y ciertamente lo entiendo y respeto. Sin embargo, tenemos que mantener la seguridad de la salud de todos como una prioridad número uno”, argumentó.

Aparte, Crusius debe enfrentar también las 90 acusaciones del gobierno federal, que incluyen delitos de asesinato, posesión de armas y crimen de odio. De todos los señalamientos, tanto locales como federales, se ha declarado por el momento no culpable.

En estos dos años, sus abogados han intentado convencer al juez de una supuesta “discapacidad mental diagnosticada” que incluso fue tratada con medicación antisicótica, lo que debería ser un atenuante en la petición de pena de muerte de los fiscales estatales y una consideración a la hora del juicio.

La fiscalía, sin embargo, recuerda que su presunto crimen llegó “tras substancial planificación y premeditación”, incluyendo la compra de una arma de fuego y munición más de seis meses antes del ataque, además de conducir 10 horas desde su lugar de residencia hasta el sitio de la masacre, espacio elegido con conocimiento de causa por su cercanía con México y ser lugar de paso y compras de latinos a ambos lados de la frontera, aumentando así las opciones de encontrar el tipo de víctimas que buscaba.

Veinte minutos antes de su acto, colgó en las redes un manifiesto en el que detallaba que “este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas. Ellos son los instigadores, no yo. Simplemente estoy defendiendo mi país de un remplazo cultural y ético llevado a cabo a través de una invasión”.

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El acto de Crusius es uno de los más evidentes de la teoría de la conspiración del “gran reemplazo”, que cree en un complot que busca deliberadamente que Estados Unidos deje de ser un país de mayoría blanca y un cambio de cultura que desplace una tradición cultural de raíces europeas. Esa teoría, junto el discurso racista antiinmigrante del expresidente Donald Trump —cabe recordar que su inicio presidencial empezó con un ataque directo a la población mexicana, a los que tildó de criminales y violadores— se conjugó en un caldo de cultivo que provocó un aumento del sentimiento antilatino en EU.

Las últimas cifras oficiales del FBI, de los hechos acontecidos en 2019 (que incluyen la masacre de El Paso), apuntaban un aumento de 8.7% de los crímenes de odio contra latinos, superando el más de medio millar, el nivel más alto desde que en los años 1990 se empezó a recolectar información de este tipo.