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Con guitarra en mano, Jorge Drexler ha tenido la oportunidad de visitar diferentes países y conocer sus culturas. El músico viajó desde su natal Uruguay hasta Madrid —a donde se mudó en la década de los 90 después de ser telonero de Joaquín Sabina—. También ha conocido a los rarámuris del norte de México como, por ejemplo, a la corredora Lorena Ramírez, entre otros.

Al recorrer diversas naciones, para el uruguayo uno de los temas más importantes en la agenda actual a nivel global es el relacionado con el cuidado del medio ambiente. Señala que el problema sobrepasa a los países y por ello la solución la tenemos que encontrar entre todos.

“Está en nuestras manos detener una tragedia que parece muy difícil de coordinar porque excede los límites con los que estamos habituados a movernos, que son los de la soberanía nacional”, dice.

En ese sentido, reconoce el trabajo de los más jóvenes como el caso de la sueca Greta Thunberg, activista de 16 años que ha encabezado huelgas estudiantiles en nombre del cambio climático.

“Me parece que es muy importante porque nos están echando en cara el hecho de no hacer las cosas, me parece muy bien, nos merecemos que su generación nos reclame”.

“Somos un animal muy cómodo y hasta que no nos estallan los problemas encima no solemos prestarles atención porque tenemos muchas cosas. Vivimos muy distraídos y en un grado a veces de inconsciencia muy grande”, lamenta.

Pide silencio. Sin embargo, no todo es hablar de cosas negativas. El intérprete de “Salvavidas de hielo” sigue llevando su música por el mundo, esta vez como parte de la gira Silente, con la que visitará México en noviembre para presentarse en Puebla, Mérida, Guadalajara y Ciudad de México.

En palabras del artista se trata de una gira unipersonal en un formato básico: sólo su guitarra y voz.

“El silencio me parece un bien escaso en la sociedad de hoy en día y dentro de este bombardeo permanente que tenemos de información son muy importantes los intervalos de silencio para procesar toda la información que recibimos”, explica en entrevista con EL UNIVERSAL.

“Es un concierto exigente con el público porque no estamos acostumbrados a que se nos exija una escucha activa en los conciertos, el oyente está oyendo casi sentado en el borde de la butaca para recibir lo que se manda del escenario que es una información muy dosificada”, adelanta.

Para el concepto de Silente, el uruguayo comparte que ha cuidado a detalle los recintos en los que se presentará.

“Hemos elegido muy bien el silencio de los teatros, eliminando todos los elementos de ruido, las luces automatizadas, los proyectores, ventiladores, todo lo que pudiera bajar la calidad del silencio que queríamos lograr”, dice.

Este experimento, confiesa, ha significado un aprendizaje personal en el que además de su voz, en materia de escenografía el público verá un juego de reflejos con luces antiguas de teatro.

“Es un concierto de música, no es una contemplación silenciosa, pero depende mucho de las dinámicas, de subir y de bajar el volumen mucho y las dinámicas sólo se consiguen cuando hay una buena calidad de silencio porque si no es como tener un lienzo con una mala calidad sobre el cual pintar; se verá mucho mejor la pintura si el lienzo es neutro, si tiene buena calidad”.

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