Suele decirse: “Lo que se dice en la cancha, se queda en la cancha”. Pero hasta en el terreno de juego deben existir límites. Por mucho que los insultos se profieran en el marco de un partido de futbol, hay cosas que es inevitable tomar como personales y que atentan contra la dignidad humana.

Como no creo que Darwin Quintero esté mintiendo, podemos asegurar que Darío Verón llamó “simio” al jugador del América durante el partido semifinalista del domingo pasado en Ciudad Universitaria.

El paraguayo ya había llamado “simio de mierda” a Quintero, cuando el ecuatoriano jugaba en el Santos de Torreón. Verón no es nuevo entonces en la deleznable práctica de los insultos racistas. Se necesita tener muy poca clase para humillar de esa forma tan desconsiderada a un congénere y compararlo con un animal.

Existen varias agravantes y contradicciones. Horas antes del incidente, Verón había hecho un llamado a la no violencia, pero él incurrió sin recato en un tipo de violencia, la verbal. Por si fuera poco, es el capitán de los Pumas, representa a la máxima casa de estudios y es reincidente. Está claro que merecía una suspensión.

Con tal de no perderse la final, Verón prefiere negar su discriminación y decir que los americanistas no saben perder. ¿Es más importante jugar dos partidos de futbol que tener la grandeza de reconocer una equivocación? Jugar dos encuentros, aunque sean de la final, es irrelevante. En cambio, aceptar un error es más trascendente, porque significa crecer como ser humano. Pero allá él. Cada quién sus prioridades y su conciencia. Cabía esperar ilusamente la aceptación y el arrepentimiento del paraguayo.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) abrió una investigación de oficio, esto es, sin necesidad de esperar una denuncia de Quintero hacia el insulto del “agente discriminador”, que es Verón. Pero como el guaraní niega su bajeza y no existe ninguna grabación ni la aceptación de su parte, es casi imposible que se le sancione. Si fuera el caso, Conapred podría imponer una multa basándose en el salario mínimo vigente y obligar al paraguayo a ofrecer una disculpa “a través de un acto público y en presencia de medios de comunicación o por medio de un diario de circulación nacional o de medios electrónicos, incluyendo la página cibernética del Consejo”, tal como establecen sus lineamientos, que se pueden consultar en Internet.

Además de la disculpa, dicha entidad podría obligar a Verón a encargarse de la atención psicológica de la víctima, según lo establece en su lineamiento trigésimo cuarto. ¿Es exagerado suponer que Darwin tendría que ir al psicólogo por haber sido llamado “simio”? Todo depende de qué tanto le afecte el agravio.

Muchos se escudan en que el futbol es un “juego de hombres”, y en efecto lo es, pero no hay que olvidar que también es un juego de caballeros.

Temeroso. Hay una cosa que se llama altura de miras. Pues Guillermo Vázquez la tiene baja. Qué forma tan tibia de encarar el juego de vuelta contra el América, apostando más por no recibir cuatro goles que por ratificar su condición de local poderoso durante todo el torneo. Jugó a no ser goleado y por poco se queda fuera. Vaya petardo.

Si contra los Tigres, los Pumas del Universidad van a ser los mismos del domingo pasado, no tienen nada que hacer en la gran final a partir de esta noche en Monterrey.

heribertomurrieta65@gmail.com

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