Esta imagen del argentino poeta en el acto de reír, que capturé hace casi 43 años durante una comida en su honor en el restaurante de Salvador Novo, me trajo a la memoria aquellos días de emoción por la primera visita de Borges a México. Vino a recibir el Premio Alfonso Reyes y a grabar una serie de programas para la televisión. Elizondo fue uno de los escritores invitados para charlar con él y yo tuve la oportunidad de fotografiar a Borges en varias ocasiones. Su visita despertó en Salvador diversos pensamientos con los que me encuentro en su cuaderno de “Diarios”, que me permito compartir con los lectores de esta columna.
Salvador Elizondo escribe Cuaderno de Diario número 35, páginas 35, 36 y 37 (extractos)
6. XII. 73.— (…) Un ciego imaginó a la mujer más bella, otro a las más sensual. Borges, la más interesante a pesar de que no le interesan las mujeres, y también es ciego.
9. XII. 73.— (…) Lo que más me impresiona de Borges es que sea ciego. Siempre desde que oí hablar de él por primera vez (en París hace 25 años, a una amiga mexicana) nunca me pareció extraño o incongruente. Antes bien, cuando lo supe, hace apenas ocho o 10 años, me permitió establecer uno de los grandes polos en torno a los que gira casi toda la escritura de Occidente, la ceguera; la de Homero, la de Joyce, la de Borges. Pienso y llego a concebir con toda claridad grandes clasificaciones generales de la literatura occidental que, a pesar de su carácter tan preciso, nunca comprenden la esencia de las cosas (…) A propósito de Borges, todo mi pensamiento. Todo tipo de preguntas se formulan en la mente ¿es Borges un técnico? ¿es un genio? ¿quién es Borges?