La temática de las últimas semanas ha estado dominada por dos hechos que combinados presentan una creciente preocupación en las democracias occidentales, migración y seguridad, con un escenario predominante en el centro de Europa.

Como antecedente, cabe mencionar que en Estados Unidos en 1910 la principal minoría de población por país de nacimiento era diversa, principalmente provenía de Gran Bretaña, Alemania, Suecia, Noruega, Rusia, Canadá y Cuba. En el presente, la minoría extranjera dominante en 32 entidades de la Unión Americana es de origen mexicano. En el año de 1921 se estableció un sistema de cuotas orientadas a la recepción de población proveniente preferentemente de Europa, y con menores tasas de aceptación de otras regiones y restricciones a quienes llegaban de Asia y África.

El Buró de Censos de Estados Unidos registró a la población de origen mexicano en 1930, y fue hasta 1965 que el presidente Johnson removió los controles de nacionalidad. En ese año la población de origen extranjero era de 8 millones, actualmente es de 16.2 millones de habitantes, que representa el 28% del total de 56 millones de personas de origen extranjero en dicho país.

En EU el tema migratorio emerge recurrentemente en periodos electorales. Por ejemplo, en la administración del presidente Carter se propuso una valla conocida como la “tortilla curtain”, y nuevamente durante la administración del presidente Clinton se rescató una iniciativa republicana en el Senado bajo el mismo concepto. Es evidente que para la corriente republicana el tema nuevamente emerge con una insinuación de amenaza a la seguridad y a la composición racial de ese país. En el presente año la composición racial del total de la población de Estados Unidos es predominantemente blanca (62%), seguida de hispanos (15%), asiáticos (14%) y de raza negra (12%). Ello indica que en las proyecciones de mediano y largo plazo no habrá cambios notables en esta composición.

Por primera vez en cuatro décadas la población de origen mexicano está regresando a México. En el periodo de 2009 a 2014 se registró la llegada de 870 mil personas de origen mexicano. En total salieron 1 millón, lo que representó una pérdida neta de 130 mil mexicanos. Son parejas con niños o individuos que desean reintegrarse a su familia.

En este proceso es oportuno analizar que las razones del regreso de esta población no son exclusivamente causadas por las condiciones de vida en Estados Unidos, sino también por un notable cambio de expectativas y oportunidades laborales que se están registrando en diversas partes de México, así como la ventaja comparativa de los conocimientos y destrezas que se piensa tendrán mejores probabilidades de éxito en territorio nacional que en el extranjero.

Para México es positivo el retorno de una población mejor capacitada, con conocimiento de otro idioma y con una experiencia laboral que seguramente habrá de enriquecer las actividades productivas en diversas regiones del país. Es un fenómeno que seguramente coincide en su visión con los procesos de reformas y apertura de oportunidades que nuestro país ha venido desarrollando en los últimos años.

La expectativa económica de México y el retorno de mano de obra calificada a nuestro país son dos elementos que contribuyen positivamente al fortalecimiento de nuestra capacidad productiva y competitiva. Es de esperarse que quienes hoy regresan a México sean recibidos con entusiasmo para integrarse a la fuerza laborar que nuestra nación tanto necesita.

Rúbrica. Lo que el tiempo se llevó. El “apagón analógico” llevará entre sus ondas hertzianas al programa de Chabelo. Mi reconocimiento y aprecio a una trayectoria a favor de la niñez.

Político, escritor y periodista.

@AlemanVelascoM

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