Cultura

En 1953, los bomberos no estaban preparados para sofocar el incendio de la Torre Latinoamericana

"La Latino" fue el rascacielos más alto de Latinoamérica en aquel entonces. El edificio fue pionero en el ámbito de la construcción de megaestructuras resistentes a sismos; sin embargo no se contempló el reto que implicaría apagar un incendio en sus últimos pisos

Multitud observa incendio en la Torre Latinoamericana. Foto: Colección Archivo Casasola - Fonoteca Nacional/ Mediateca INAH
09/01/2021 |14:11
Redacción
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Fue en 1946 cuando la Secretaría de Hacienda aprobó la construcción del “rascacielos más alto de Latinoamérica”. “La Latino”, como también se le conoce fue pionera en aspectos como ser el primer edificio en todo el mundo cuya construcción se usó vidrio y aluminio para forrar su armazón. También innovó en la construcción de megaestructuras resistentes a prueba de sismos .

Fue el primer rascacielos en construirse en una zona de alto riesgo sísmico y tras sobrevivir cinco terremotos, es considerado uno de los edificios más seguros contra sismos en todo el mundo.

Aunque su grandeza también impuso retos. En 1953 se registró un incendio en el piso 41 del edificio. Los bomberos se enfrentaron al hecho de que las mangueras no eran lo suficientemente largas para combatir el fuego a esa altura y la presión del agua no llegaba con fuerza.

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Así fue cómo EL UNIVERSAL reportó el incendio de "La Latino" en los años 50.

En 1953, los bomberos no estaban preparados para sofocar el incendio de la Torre Latinoamericana

Foto: Hemeroteca El Universal

Ardieron los pisos últimos del edificio de la “Latino Americana”

24 de mayo de 1953

México entero pareció haberse volcado ayer sobre las avenidas Juárez, San Juan de Letrán y Francisco I. Madero, a fin de observar el más alto incendio del que se tiene historia en nuestra ciudad, que estalló en el piso número 41 del moderno edificio propiedad de la Compañía de Seguros La Latino Americana, S.A., que actualmente se está construyendo en la esquina de la segunda y la tercera avenidas (sic.) mencionadas.

En punto de las 18 horas, un cortocircuito que se produjo en la instalación del edificio, comunicó una chispa a las mangueras de hule de los tanques de oxigeno-acetileno, que se usa para la soldadura, haciendo estallar, uno de ellos, expandiéndose el gas y comunicando el fuego a la gran cantidad de madera que se viene usando en la cimbra del edificio.

El ingeniero Stain, encargado de la construcción del rascacielos, al ver que los esfuerzos que realizaban él y los trabajadores que en esos momentos se encontraban en ese piso, no eran suficientes para sofocar el voraz elemento, ordenó a uno de los albañiles que diera aviso a los bomberos.

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Llegan los bomberos

Al recibirse el aviso de conflagración en el Cuartel Central de Bomberos, se dieron las instrucciones necesarias para que se apretara el personal necesario, el cual salió a las 18:05 horas.

A bordo del transporte “General Anaya” y de las bombas “Capitán Joaquín Ruiz” y “Miguel Alemán”, veinte miembros del H. Cuerpo de Bomberos, al mando del teniente coronel Rafael García, se presentaron en el lugar del siniestro.

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Para esos momentos la madera de la cimbra, que por cierto se encontraba muy reseca a causa del gran calor y de la escasez de lluvia, era ya pasto de las llamas, por lo que los trabajadores ya habían descendido un piso, ya que la temperatura en el 41 era ya insoportable.

Inmediatamente se procedió a hacer la instalación de mangueras y distribución estratégica de los bomberos que se encargaría de combatir el incendio.

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Un equipo inútil

Aunque duela decirlo, el incendio en este edificio de la Latino Americana, sirvió para demostrar que al contrario del adelanto que día a día trata de demostrar México actualmente contamos con un equipo de bomberos que, pese a la voluntad de sus miembros, es incapaz de combatir incendios un poco más fuertes que el registrado ayer.

Resulta que después de subir mangueras y extinguidores por cuarenta pisos, al llegar se dieron cuenta de que el agua mandaba por las bombas apenas si era un chorrito que para nada servía.

Mas la falta de agua no fué (sic.) la única falla que se pudo notar en el equipo, sino que también fué (sic.) visto y observado por el sinnúmero de congregados en las avenidas adyacentes, que las mangueras de nuestro cuerpo de bomberos, son completamente inútiles, ya que apenas hacia dos minutos, y medio que se había conectado el agua, cuando reventaron tres de ellas. Al poco rato, a otras dos les tocó su turno y también reventaron.

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Foto: Colección Archivo Casasola - Fonoteca Nacional/ Mediateca INAH 

Angustia en el último piso

En las gargantas de las miles de personas que miraban la labor de los bomberos, durante más de una hora estuvo formado un nudo, al observar que en el último piso del edificio y entre las llamas, sobresalía la solitaria figura de uno de los trabajadores.

Este individuo, que después supimos se llama José Luz Moctezuma, durante el lapso que duró entre la vida y la muerte, se paseaba por entre las vigas de acero, y en muchas ocasiones, viendo que los esfuerzos de sus compañeros y de los bomberos para salvarlo eran inútiles, amagaba con tirarse al espacio, en lugar de perecer abrasado por las llamas.

Sin embargo, durante todo ese tiempo, un muchacho de nombre Manuel Gonzáes, que tiene 23 años, estuvo obervándolo desde un piso abajo, gritándole que tuviera paciencia y otras palabras de aliento para que serenamente esperara a ser rescatado.

En 1953, los bomberos no estaban preparados para sofocar el incendio de la Torre Latinoamericana

Las personas observaron el incendio desde el Palacio de Bellas Artes. Foto: Hemeroteca El Universal

Algunos de los compañeros de trabajo de Luz Moctezuma, al ver que se hallaba atrapado entre las llamas y que los esfuerzos realizados hasta esos momentos habían sido inútiles, aun tratando de vencer la resistencia que les oponían los bomberos, trataban de trepar a los pisos superiores, a fin de intentar salvarlo, por lo que hubo que someterlos a base de golpes, ya que cuantas veces fueron retirados, esas mismas veces volvieron con nuevos bríos, tratando de llevar a cabo su intento.

Otro de los humildes albañiles, Miguel Juárez, desùés de serie impedido que intentara e salvamento de su compañero atrapado, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, cayó de rodillas y poniéndose las manos en la cara, comenzó a derramar abundantes lágrimas.

Rescatado

Como último intento para salvar a José Luis Moctezuma de la cárcel de fuero en que se hallaba atrapado, un grupo de trabajadores decidió utilizar un malacate, hecho de un tambor aceitero.

A pesar de que el uso de tal máquina representaba un serio peligro, ya que la viga en que se hallaba suspendido estaba siendo pasto de llamas y no era difícil que se derrumbara de un momento a otro, como última carta, fué (sic.) subido hasta donde se hallaba Moctezuma, indicándole que se introdujera en él.

El fuego, que al parecer tenía vida y trataba de evitar que se le escapara la víctima que tenía escogida, fué (sic.) avivado por una fuerte racha de viento y el tambor aceitero en cuyo interior se encontraba Moctezuma fue (sic.) envuelto por una fuerte llamarada.

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Foto:

Un grito de angustia salió de los pechos de quienes presenciábamos la escena, incluso de algunos bomberos, ya que pensamos que a pocos pasos de conseguir su salvación, el destino impediría al joven trabajador conseguir su anhelo.

Afortunadamente esa intensa llamarada pronto se extinguió, permitiéndonos ver que Moctezuma llegaba sano y salvo hasta donde estábamos.

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El fuego, como tratando de desquitar su furia por la escapatoria de su víctima, nuevamente aumentó cebándose en la viga que sostenía el malacate, la que dos minutos después de salvado Moctezuma, se derrumbó consumida.

Viendo lo providencial de su salvación, José Luis Moctezuma, con lágrimas en los ojos, y semiahogados por el humo, tuvo aun fuerzas para descender hasta el tercer piso, cayendo entonces postrado ante los pies de una pequeña imagen de la Virgen de Guadalupe, a la que algunos trabajadores le han erigido un pequeño altar. Casi en el mismo instante, cayó desmayado, vencido más por la emoción que por la sofocación del humo.

En 1953, los bomberos no estaban preparados para sofocar el incendio de la Torre Latinoamericana

Foto:

El personal de la Cruz Roja intervino y levantó al trabajador y lo transportó a su sanatorio en las calles de Monterrey y Durango, en donde aparte de varias quemaduras, se le apreció una contusión profunda en la caja torácica.

Son detenidos todos los trabajadores

A fin de llevar a cabo una minuciosa investigación entre los trabajadores, para avaeriguar las causas que motivaron el incendio, el Agente del Ministerio Público de la Cuarta Delegación, licenciado Enrique Espejel, determinó que todos fueran detenidos.

Después de alguna averiguaciones, solamente fueron llevados a la Cuarta Delegación en calidad de detenidos, José luis Moctezuma, Jorge Montero y Julián Uribe, a los cuales les será tomada una declaración en relación con los hechos, ya que ellos eran los que se encontraban más cerca del lugar del siniestro.

No hubo heridos graves

Al contrario de lo que se esperaba de los heridos con excepción de Abraham Martínez, ninguno fué (sic.) de gravedad y fueron atendidos en las ambulancias cinco y seis de la Cruz Roja, Alfredo Ruiz, Luis López Ferrat, Alejandro Juárez, Ricardo Ecequera Cortés y José Luis Álvarez, todos ellos con quemaduras leves.

Estalla otro incendio

A causa de la copiosa lluvia de vigas encendidas que estuvieron cayendo del nuevo edificio de la Latino Americana, sufrieron algunos daños las construcciones adjuntas, pero el más grave fué (sic.) el incendio de la farmacia Real, ubicada en San Juan de Letrán 5-bis, propiedad de la firma Maya y Cía., S. A.

En este nuevo incendio, según lo dicho por su administrador Miguel Maya Albarrán, el monto de los destruido por el fuego ascendió más o menos a trescientos mil pesos, sin desgracias personales.

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Después de ardua lucha contra el fuego, el cuerpo de bomberos destacado para combatir el mencionado incendio regresó a su cuartel.

Hasta los momentos de escribir esta nota el montos de las pérdidas en el edificio de la Latino Americana, no había sido precisado, aunque extraoficialmente averiguamos que es probable asciendan a más de medio millón de pesos, debido a que solamente los dos motores de los elevadores que ya habían sido instalados y quedaron completamente inutilizados por el guego, tienen un costo, cada uno, aproximadamente de doscientos cincuenta mil pesos.

fjb