Ricardo Raphael

Pemex no se merece tanto

30/05/2019 |01:02
Redacción El Universal
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Creo que fue Porfirio Muñoz Ledo quien lo dijo hace ya tiempo: el petróleo es un regalo que el diablo hizo a México cuando peor le caíamos.

Acaso este argumento explica por qué Pemex impone hoy sacrificios tan ingratos. La obsesión por rescatar a esta empresa del Estado raya en lo insensato, porque el resto del gobierno federal y sus dependencias están sufriendo recortes que lastiman su responsabilidad para con los gobernados.

No es cierto, como dice el presidente Andrés Manuel López Obrador, que la política de austeridad republicana tenga como objetivo redistribuir el gasto de tal manera que el antiguo despilfarro sirva ahora para financiar la política social.

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Si bien se insiste en que es inaceptable que los servidores públicos se beneficien en un país con 50 millones de pobres, también lo es que cada peso ahorrado está siendo destinado al fortalecimiento de Pemex.

Los recortes no están poniendo a los pobres primero, sino a una empresa paraestatal cuyo futuro, hágase lo que se haga, seguirá siendo incierto.

En el reciente memorándum presidencial del 3 de mayo se ordenó, por ejemplo, que las dependencias ajustaran sus estructuras orgánicas a las plazas autorizadas. Es decir que corrieran a todo personal eventual o pagado por honorarios.

Porque no se previó un periodo de transición, esta decisión va a significar una verdadera sangría. Para poner un ejemplo, en los hospitales pertenecientes a la Secretaría de Salud se quedarán sin empleo, el día de mañana, más de una tercera parte de los trabajadores.

¿Qué hará Cancerología o Nutrición cuando no haya quien se encargue de lavar la ropa de cama de los enfermos, bañar a los pacientes, o velar por su seguridad?

Es una barbaridad que, en vez de reorganizar las plazas para darle estabilidad laboral al personal eventual, el presidente haya ordenado correr a trabajadores que se hallaban ya en una muy precaria situación laboral.

Cabe advertir que no se trata de los médicos o del personal administrativo de alto nivel, sino de la última casta en la estructura de ese hospital: las y los intendentes ubicados por debajo del personal de base.

¿De veras Pemex se merece tanto sacrificio?

Otro caso trágico es el del Instituto Mexicano de la Radio (IMER) que, en breve, habrá de eliminar a 220 prestadores de servicio, responsables del funcionamiento de 18 estaciones y 39 canales digitales.

Producto de estos mismos recortes, ayer este Instituto anunció que dejará de transmitir sus noticieros y otros programas con contenido hablado en sus emisoras de AM. También habrá de recortar en un 30% su gasto en energía eléctrica y diésel, lo cual le implicará clausurar la antena que tiene en el cerro del Chiquihuite, así como las plantas de luz que operan en situaciones de emergencia.

Este preciso recorte dejará herida de muerte a una de las patas principales del recién presumido sistema nacional de medios públicos, y todo para cumplir con el capricho de construir una refinería en Dos Bocas, Tabasco, que muchos consideran innecesaria.

Como si las anteriores medidas no fueran suficientes, el memorándum ordena cortar —con la violencia del carnicero— el 30 por ciento de los gastos en viáticos y transporte. A los funcionarios se les ha prohibido que viajen en avión a nueve entidades consideradas próximas a la Ciudad de México. Por ejemplo, no pueden volar a Veracruz o a Oaxaca. Sin embargo, ya no cuentan con los automóviles que antes daban servicio a esos mismos funcionarios. Y para aderezar el desastre, se recortaron los recursos para gasolina.

Porque nadie está obligado a lo imposible, lo que terminará sucediendo es que esos servidores no van a visitar nunca tales estados; los cuales, por cierto, hospedan a varias de las poblaciones mas vulnerables del país.

ZOOM:

¿Qué pasaría si se sometiera a consulta popular la propuesta de fortalecer a Pemex contra, por ejemplo, recuperar las estancias infantiles , otorgar apoyos Prospera para los menores de 4 años, financiar los refugios para mujeres víctimas de la violencia , contar con una radio pública potente, o pagar salarios justos a los trabajadores corridos de los hospitales del Estado? Es preciso reclamarle al presidente que reflexione otra vez sobre la selección de prioridades que nos está imponiendo.