Óscar Mario Beteta

De los riesgos de las denuncias mediáticas

08/03/2019 |02:05
Redacción El Universal
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En su legítimo interés por mantener informada a la sociedad, estar cerca de ella y acentuar su popularidad, el presidente Andrés Manuel López Obrador soslaya peligrosamente algunas herramientas clásicas indispensables para conservar al Estado. De observarlas, lo que busca sería más fácil, eficaz y duradero.

Mirando al propósito de preservar a la sociedad, médula de esa entidad, figura, de muy larga data, la Arcana Imperii, los Secretos del Imperio, sobre los que se mantiene un sigilo absoluto en el manejo, pues son asuntos vitales.

Emparentada con esa figura, también desde antiguo, se halla la Ragione di Stato, o Razón de Estado, que permite e incluso obliga política y moralmente al gobernante a hacer lo que sea con el mismo propósito. Este se sintetiza en la sentencia de Maquiavelo, de que “el fin justifica los medios”.

Mantener la confidencialidad, la discreción y la prudencia en la conducción de los estados nacionales, da lugar a una expresión que, quienes tienen esa responsabilidad, deben recordar con Freud: “prefiero ser amo de mi silencio que esclavo de mis palabras”.

En el deber político de prevenir y evitar males a los Estados, como revueltas, sediciones y conspiraciones, surgieron nuevas estrategias, como la de Bentham, quien a fines del Siglo XVIII propuso el panóptico, un modelo de arquitectura carcelaria que imita el Estado para, observarlo y saberlo todo, de todos, en todo momento, lo que obliga a un comportamiento social ordenado y rígido, bastante cuestionable. Si el orden no prevalece, la anarquía, la violencia y el sufrimiento es el precio que se paga.

En México, esa especie de ojo total, llamado zoon panoptikon, ha sido utilizado por mucho tiempo. Quien mejor lo describió fue Jesús Reyes Heroles, quien como titular de Gobernación sentenció que esa institución “no se ve, ni se oye… ¡pero se siente!”. Hoy todo es abierto, público, visible, rayano en la infidencia.

En la actualidad, no hay un país que no tenga un aparato de inteligencia; es indispensable para salvaguardarse de peligros internos y externos. La tarea de esas instituciones es investigar y vigilar. Su código es uno: top secret, confidencialidad, sombra, silencio, mentira y ocultamiento. De ingrata memoria, aquí, están las funestas DFS y la Brigada Blanca; y ahora, el Cisen.

Si el gobierno dispone hoy de los archivos que contienen los episodios de la época negra del espionaje, realizado en décadas y enfocado a neutralizar al enemigo, más que a proteger a la sociedad, lo obligado en su manejo es la prudencia.

Es deseo generalizado que desvele las corruptelas de funcionarios y que las castigue con severidad extrema. Esa fue una de las razones por las que 30 millones de personas votaron por el cambio.
Pero es un error que revele información que debería utilizar con reservas. Lo menos a lo que está obligado, es tener todos los elementos constitutivos de cualquier delito y, sin importar quién lo haya cometido, actuar en su momento conforme a la ley.

Acusar, señalar, sugerir, insinuar y luego desdecirse, corregir o disculparse, se traducirá en un desgaste innecesario e improductivo. En esa línea, el costo será el descrédito y la duda; la desconfianza y el disenso, con lo cual la Cuarta Transformación perdería su base más sólida.

SOTTO VOCE… De los gobernadores abucheados en presencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, no son pocos los que se lo merecen. Ignacio Peralta goza de repudio y desprestigio totales como para haberse hecho el “chistosín” en la reciente visita que el presidente hizo a Colima, donde impera el terror. Y si no, que le pregunten a su secretario de Turismo… El escándalo que envuelve a la UAEH, al parecer pondrá al descubierto a personajes hasta hoy intocados… Cerradísima, la contienda por la candidatura de Morena al gobierno de Puebla.
 
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