Cartera

Negociación de sumas y restas

Si no tomamos la decisión activa de crear, consolidar y diversificar cadenas globales de suministro, no hay futuro

04/09/2018 |02:11
Redacción El Universal
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El lunes 27 de agosto de 2018 finalmente se alcanzó un entendimiento bilateral en las negociaciones para modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Si bien es cierto que haber llegado a un acuerdo con Estados Unidos ha brindado cierta certidumbre para diversos proyectos de inversión, nacional y extranjera, el sector productivo nacional se encuentra en vilo a expensas de conocer los términos específicos en que los negociadores mexicanos han alcanzado este acuerdo.

A juzgar por la información que corre a cuentagotas, a través de las conferencias y diversos medios de comunicación, se avecinan momentos de reflexión y acción de varias industrias estratégicas en el país, como resultado de una reorganización comercial que parece ser desfavorable para México. Con base al actuar del presidente Trump, al decir que es un acuerdo bueno para Estados Unidos, prácticamente en automático podemos decir que no lo es para México.

En el caso de la industria automotriz ha trascendido que se habría aceptado un límite a la exportación sin aranceles de 2.4 millones de unidades, mientras también se habría pactado un límite de 90 mil millones de dólares a la exportación de autopartes. Estas premisas, de confirmarse, limitarán la capacidad de producción y exportación del país en el mediano plazo, que en 2016 ya habría alcanzado las 2.66 millones de unidades exportadas.

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En el sector farmacéutico, la extensión a 10 años en la protección intelectual de los estudios clínicos de nuevas drogas retardará el acceso por la industria de genéricos a nuevos medicamentos.

Por otra parte, la industria del acero ha mostrado su inconformidad por lo que parece un acuerdo en donde no se habría solicitado el retiro de 25% de aranceles.

Del sector logístico del país, la Canacar ha declarado que la condición para el acceso de fletes mexicanos con límite de la zona comercial pone en desventaja a este sector en comparación con el estadounidense, que sí tendría permitido fletes a cualquier punto de México.

En el cuarto de siglo de vida del aún vigente TLCAN, la economía mexicana se ha beneficiado de la apertura comercial y el incremento de la competitividad en un proceso de integración internacional. Sin embargo, la ausencia de una visión y planificación industrial de mediano y largo plazo impidió una diversificación regional profunda del comercio exterior mexicano, que pasó de exportar 82% del total de su valor a Estados Unidos en 1993, a 79% en 2017. Si no tomamos la decisión activa de crear, consolidar y diversificar cadenas globales de suministro, no hay futuro.

Por otra parte, ha quedado pendiente la inclusión de temas clave como la adopción de innovaciones y promoción de transferencia tecnológica, más allá de mantener IED.

A pesar de los esfuerzos del gobierno mexicano y confederaciones industriales como Concamin, la adopción de innovaciones aplicadas al sector industrial no ha sido suficiente. Este obstáculo demandará de acciones rápidas y eficientes de los actores públicos y privados, para transitar de una industria maquiladora a una innovadora y que base su competitividad en procesos de alta sofisticación propios de la Industria 4.0. En este sentido, la condición de que 40%-45% de los automóviles tendrán que ser manufacturados con salarios de 16 dólares la hora, implica que el sector automotriz tendrá que innovar en tecnologías y capacitación.

¿De lo perdido, lo que aparezca? El acuerdo binacional parece haber sido negociado desde una perspectiva reactiva por parte de México, con propuestas nacionales que no pudieron ser manejadas en la negociación hasta su versión final, tomando la responsabilidad de un verdadero cambio de paradigma.

La cláusula de revisión a los 16 años genera un ambiente de incertidumbre en nuestra relación comercial con Estados Unidos y Canadá —que al momento de escribir este artículo no ha llegado a un acuerdo en inicio con su parte estadounidense— y limita su versión como un acuerdo benéfico para todas las partes. Es por esta razón que se requerirá una revisión minuciosa lo antes posible de los bemoles que conforman este nuevo acuerdo comercial, para plantear, en conjunto, las estrategias que fortalezcan e impulsen el futuro uno de los principales motores de desarrollo económico mexicano: la apertura comercial.

Vicepresidente de Consultores
Internacionales, S.C.

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