Con las balas silbando encima de tu cabeza, las bombas cayendo y destruyendo el barrio entero, muertos y heridos por doquier. Con la muerte pintada en el rostro de quien entra a tu casa empuñando un cuchillo, un machete o un AK-47. Con la guerra en el umbral de la puerta y el miedo de perder la vida, huir es la única salida.

Empatía significa ponernos en los zapatos de otros. En el caso de los refugiados significa, ponernos zapatos rotos o simplemente ir descalzos, ponernos en los pies de los refugiados nos lleva a recorrer kilómetros en busca de un poco de paz. Caminar sobre piedras, lodo, a campo traviesa, correr para protegerte. Correr por tu vida y la de los tuyos. Aguantar días, semanas y meses de dormir a la intemperie. Llorar como un niño buscando una salida, un momento de respiro, un escape.

Con esa premisa circula en redes sociales un video desarrollado por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que se titula “Si tuvieras que huir de casa ¿qué te llevarías?” ()

Una cartera vacía, un bastón, los pocos pesos que hay en casa, una olla, una taza, un plato vacío. Una pulsera que te recuerde lo que fuiste alguna vez y el resabio de libertad que te inspira el poder usarla. Tu familia o lo que queda de ella… aunque sea sólo una foto borrosa. Un dibujo de una muñeca olvidada, un pan a medio hacer porque los terroristas no te dieron tiempo de terminarlo. Un pasaporte si lo tienes, un certificado de estudios o quizá crema blanqueadora porque si se es blanco nadie pensará que es refugiado.

La ropa del bebe, un pañal aunque sólo sea uno, sus calcetines para que no pase frío aunque estén sucios y rotos de tanto uso.

Cate Blanchet, embajadora de buena voluntad de ACNUR encabezó este esfuerzo con otros actores más poniendo de relieve lo que ellos, muchos de ellos se llevaron cuando se vieron forzados a dejarlo todo.

La vida de un refugiado lo convierte en gran medida en ciudadano de segunda o de tercera... con suerte. Generalmente es simplemente un ser humano habitando un territorio que le es ajeno y donde, casi nunca, es bienvenido.  Los refugiados pierden no sólo sus pertenencias, sus recuerdos y su hogar, pierden su identidad, pierden su familia, pierden su país y pierden su libertad.

Duele verlo, porque es brutal. Pero hay que verlo, para darnos un poco de idea de lo que verdaderamente pasan quienes a veces parecen convertirse sólo en números y estadísticas lejanas. De otro país, de otro tiempo que no se relacionan con uno... Nos acerca a aquellos que lo han perdido todo o casi todo y sólo les quedan sus recuerdos y alguna otra cosa que lograran arrancar de la tragedia que se cernía sobre sus cabezas. Nos acerca porque nos hace vernos parecidos. Nos hace darnos cuenta de que podemos ayudarles pidiendo más ayuda a los gobierno para que ellos puedan reconstruir sus vidas y contar con lo básico para empezar de nuevo.

Firma aquí la petición (), las firmas que se reúnan serán entregadas al Secretario General de las Naciones Unidas el 19 de septiembre.

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