Bashar al-Assad (Damasco, 11 de septiembre, 1965) no estaba destinado a ser el líder de Siria; ese cargo era para su hermano mayor, Basel.

El segundo de cinco hijos de Hafez al-Assad —conocido como el “León de Damasco”, quien dirigió Siria durante 29 años—, Bashar se graduó como médico a los 23 años de la Universidad de Tishreen, en Siria, y posteriormente inició en Reino Unido sus estudios para especializarse en oftalmología, pero su vida cambió en 1994 cuando Basel murió en un accidente de tránsito y se convirtió en el principal candidato para suceder a su padre.

En ese momento abandonó su proyecto personal para entrar a un curso acelerado de administración política en Damasco. En 1997 fue nombrado teniente coronel del ejército y en enero de 1999 su padre le confirió el rango de coronel. Entonces era conocido por su talante conciliador y sirvió de mediador en momentos de tensión con Líbano.

En febrero de 1999 viajó a Amán en representación de su padre para manifestar las condolencias por la muerte del rey Hussein, lo que fue visto como un indicio de la mejora de las relaciones sirio-jordanas, tensas desde que Jordania firmara una paz separada con Israel en 1994.

El 10 de junio de 2000 Hafez al-Assad murió víctima de leucemia y Bashar fue nombrado aspirante único a la Secretaría General del partido gubernamental Baath y a la jefatura de Estado.

El Parlamento tuvo que aprobar una enmienda a la Constitución para que pudiera gobernar debido a su que la ley marcaba que el presidente debía tener un mínimo de 40 años y, entonces, él tenía 34 años.

Ese mismo año se casó con Assma al-Assad, una ciudadana británica de origen sirio a quien conoció durante su estancia en Reino Unido y con quien posteriormente tuvo tres hijos.

El 11 de julio de 2000 el Parlamento lo declaró presidente de Siria y analistas lo consideraban el hombre que llevaría al país a una era moderna. Entre sus primeras acciones, el joven mandatario presentó un programa de reformas en las que incluyó el indulto a decenas de presos políticos islámicos, medida que fue interpretada como un signo de apertura.

Sin embargo, Al-Assad abandonó poco a poco sus intenciones democráticas y la apertura económica liberal que había llamado mucho la atención de socios internacionales.

En cuanto a su política interior, en septiembre de 2003 remodeló su gabinete e introdujo reformas políticas y económicas en el país, lo que se llamó la Primavera de Damasco, esperanza que se desvaneció en menos de un año, cuando inició el desmantelamiento de foros políticos y las ONG de defensa de derechos humanos, que surgieron a la luz de su apertura inicial, encarcelando a muchos activistas por la democracia.

Dos años después, en 2005 clausuró el X congreso del Partido Baath, en el poder en desde 1963, en el que fue reelegido líder, lo que fue una clara señal de que la democracia no llegaría pronto a Siria, como se esperaba.

Su gobierno estaba en la mira de Estados Unidos por albergar en su territorio a ex jerarcas iraquíes afines al ex líder iraquí Saddam Hussein.

En febrero de 2005 hizo frente a las acusaciones de la ONU que implicó a su régimen en el atentado que costó la vida al ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, y que culminó con la retirada de las tropas sirias de Líbano en abril, después de 30 años de ocupación. En mayo de 2007 se celebró un referéndum para votar sobre la continuidad de Bashar en la jefatura del Estado, el cual ganó con 97.62% de los votos por un periodo de siete años. Dos años después llevó a cabo una remodelación de gobierno que afectó a varios ministros.

Es señalado como el responsable de la represión que sufrieron los manifestantes que pedían su salida del gobierno durante la Primavera Árabe de 2011. Los enfrentamientos entre civiles y las fuerzas de seguridad, primero y, posteriormente, el ejército, duraron meses, costaron decenas de vidas y llevaron al país al estado de guerra civil en el que se encuentra ahora.

En sus casi 17 años en el poder, Al-Assad ha demostrado que no es el hijo dócil y conciliador de Hafez al-Assad, todo lo contrario; para muchos es uno de los responsables de la guerra civil que desangra a siria desde hace seis años, un hombre capaz de sacrificar a su propio pueblo para mantenerse en el poder.

“La Rosa del Desierto”. Assma al-Assad, la esposa del presidente Bashar al-Assad, ha sido admirada y odiada.

Tras su boda y la llegada de su marido al poder, las revistas del corazón la alabaron por su belleza y le llamaron “la Rosa del Desierto”.

Sin embargo, tras el inicio del conflicto en Siria han corrido todo tipo de versiones sobre la vida que lleva en Damasco.

Mientras algunos medios aseguran que lleva una vida de lujos en medio de la guerra, otros la señalan como una mujer que respalda a su marido y permanece en Siria, pese a todo.

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