Un adolescente estadounidense que resultó herido en el ataque ocurrido en el aeropuerto de Bruselas tiene suerte de estar vivo. Y lo sabe.

Mason Wells, con el rostro cubierto por vendas, estaba el viernes en un hospital en la ciudad belga de Ghent, donde narró el haber sobrevivido a su segundo ataque terrorista. Hace tres años el ahora joven de 19 años de Sandy, Utah, estaba a sólo una manzana de distancia de la bomba que explotó mientras observaba a su mamá correr la maratón de Boston.

"No sé si nací bajo una estrella de la suerte", dijo. "Definitivamente fui afortunado de haber escapado con las heridas con las que escapé en el aeropuerto, siendo que estaba muy cerca de las bombas".

Wells, quien está en Bélgica en una misión de dos años de la Iglesia mormona, habló con reporteros vía videoconferencia desde su habitación de hospital, donde yace en una cama con su cabeza apoyada sobre una almohada y con una toalla azul claro envuelta alrededor de sus hombros.

El ex jugador de futbol americano en su escuela secundaria y actual jugador de lacrosse habló con el rostro cubierto por vendajes que sólo permitían ver sus ojos, boca y la oreja izquierda.

"La detonación fue realmente estridente", dijo Wells con voz fuerte y clara. "Incluso levantó mi cuerpo un poco. Recuerdo haber sentido muchas sensaciones realmente calientes y realmente frías en todo el costado derecho de mi cuerpo. Estaba cubierto de una buena cantidad de sangre, e incluso no necesariamente mía".

"Recuerdo haber visto fuego frente a mi cara y también algo de fuego bajo mis pies en el suelo", narró. "Estábamos realmente cerca; me siento afortunado de escapar con lo que escapé".

Wells estaba en la parte posterior de la fila de Delta Airlines para registrarse al vuelo cuando explotó la primera bomba justo antes de las 8 a.m. del martes, y dijo que corría hacia la salida del aeropuerto cuando estalló la segunda.

Respirando aire profundamente para recuperar la calma durante su narración, Wells recordó que se sentó en la acera fuera del aeropuerto "cubierto de mi propia sangre" y que experimentó un sentimiento de tranquilidad y paz que atribuyó a la presencia de Dios.

"Si hay algo que he sacado (de esto) es que existe alguien superior a nosotros que nos está cuidando", agregó.

Otros dos misioneros mormones -Richard Norby, de 66 años, de Lehi, Utah, y Joseph Empey, de 20 años y residente de Santa Clara, Utah- también sufrieron heridas graves en el ataque en el aeropuerto de Bruselas.

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