¿Será posible que el espíritu navideño se abra paso en estos días entre los pasillos de las cámaras legislativas y ocupe curules y escaños, para que se pueda dialogar, razonar y negociar a fin de que la Ley de Ingresos y el Presupuesto resulten positivos para los mexicanos?

A juzgar por las escenas que trasmiten los noticieros, en los que la Cámara de Diputados se ha convertido en un pandemónium vulgar, la posibilidad de que el ambiente de fraternidad y generosidad se apodere de diputados y senadores es del todo nula.

Las ingeniosas frases de Muñoz Ledo para que los diputados no confundan el recinto de San Lázaro en una cancha deportiva, no frenan el ímpetu de la escuadra del oficialismo morenista para acallar la apasionada ofensiva opositora de camisetas variopintas. Los primeros, ufanos de su mayoría invencible, no oyen razones ni ven riesgo alguno de sus decisiones atropelladas. Los segundos, sabedores de que ya no les queda más recurso que el pataleo, optan por pancartas y goyas universitarios.

Ni en el pleno ni en las comisiones hay voluntad de diálogo y entendimiento. Es una lucha de trincheras. El ejercicio parlamentario de verbo y razón para decidir lo que mejor convenga al país ha sido expulsado de su espacio natural. El cancionero popular sustituye al argumento y Paquita la del Barrio ocupa la tribuna.

Tal ambiente se explica porque el régimen ha cultivado la confrontación radical y la polarización política a partir de una estrategia maniquea para autodefinirse como el bien total y a sus seguidores como los buenos de la película, en tanto que a sus opositores los señala con espada flamígera, justiciera y vengadora, como perversos, mafiosos y engrendros del mal. Así no hay margen alguno para que fructifique un diálogo constructivo.

La historia y la experiencia demuestran que más lejos podemos llegar los mexicanos en nuestros propósitos de constituirnos como una nación libre y justa cuando privilegiamos el diálogo y la tolerancia.

Pero para este gobierno, a sus ideólogos y propagandistas les gusta predicar una lectura de los grandes logros históricos de México desde la lógica de la aniquilación del adversario. Según ellos, todo lo bueno que ha sucedido en este país es cuando un grupo de mexicanos nulifica a otro grupo de mexicanos.

Esta manera de entender y querer hacer historia es propia de los regímenes totalitarios. Es el discurso utilizado por toda la galería negra de los autócratas del siglo XX y de sus imitadores que ya desfilan en la pasarela internacional en estas dos primeras décadas del siglo XXI.

Lo que está ocurriendo ahora en nuestro país lo reportó puntualmente Alonso Cedeño en estas páginas, el pasado martes en su columna, Laboratorio de Redes, con el título: “La línea de e–masas”, (EL UNIVERSAL, 18/12/2018). A la letra dice:

“Sin duda @López Obrador_ es un viejo lobo de mar en esta estrategia marxista, leninista, maoísta. En lo que es innovador, e indiscutiblemente el mejor en la actualidad, es en llevar esta estrategia a los medios sociodigitales. Mao estaría orgulloso. Lenin y Stalin celosos, tuvieron que impulsar con sangre lo que hoy es posible a través de los dispositivos móviles…”

Y siguiendo la lógica de nuestro colega de páginas, la estrategia maniquea de aniquilación al adversario se sabe cómo comienza y también cómo acaba: los gulags soviéticos, los éxodos masivos a Miami, a Colombia o a dónde sea, con tal de respirar un poco de libertad y salir de la miseria impuesta por el ogro filantrópico.

Mejores resultados obtendremos como país, si el régimen desecha sus pulsiones totalitarias y sigue por el camino del diálogo y la construcción plural de acuerdos, como lo acaba de hacer con el sector empresarial para elevar los salarios mínimos.

Analista político. @L_FBravoMena

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