Unos 300 militares y policías estatales intentaron desarmar al grupo armado —autodenominado como policía comunitaria— que opera en la comunidad indígena de Tlaltempanapa, del municipio de Zitlala, en la región Centro, pero no lo lograron. Hubo resistencia: hombres, mujeres y hasta niños se formaron en la entrada del pueblo y a palos, piedras y golpes lo impidieron.

Del enfrentamiento quedaron heridos nueve soldados y cinco civiles. El grupo opera desde hace dos años y se conformó para defenderse de Los Rojos y después se alió con Los Ardillos. Hoy los acusan de asesinatos, desapariciones y de acosar a pueblos enteros.

Los militares y policías intentaron desarmarlos y detener a cuatro, a los que acusan de matar a Benigno Marabel, quien era habitante del pueblo vecino, Quetzalcoatlán, donde en enero del año pasado entró un comando y asesinó a seis.

Los principales sospechosos de la masacre son del grupo armado de Tlaltempanapa.

El vocero del Grupo de Coordinación Guerrero (GCG), Roberto Álvarez Heredia, explicó los motivos del arribo de los militares y policías, y la detención de cuatro sospechosos del asesinato de Benigno Marabel.

Álvarez Heredia indicó que dos días antes, “integrantes de una Base de Operaciones Mixtas intentaron hacerle el alto a una camioneta blanca donde iban cuatro hombres en la que, según testigos, huyeron los homicidas de Benigno Marabel”.

Los integrantes de la camioneta blanca agredieron a los soldados y a los policías. En respuesta, el viernes organizaron un operativo.

“Desde el primer minuto los militares y policías encontraron resistencia. Los pobladores se formaron en la entrada con palos y piedras”. Se enfrentaron y finalmente los militares ingresaron, en busca de los cuatro implicados en el asesinato del hombre y de revisar el armamento de los supuestos policías comunitarios.

Sin embargo, la resistencia se mantuvo y no lograron la detención de los sospechosos del crimen. Lo que lograron fue la detención de un hombre que portaba un arma de uso exclusivo del Ejército.

Militares, policías estatales y funcionarios del gobierno del estado negociaron ayer con los pobladores para la entrega de los cuatro sospechosos y las armas no permitidas. La gente, informó el vocero, aceptó entregar a los sospechosos y no interferir en las acciones.

Tlaltempanapa es una comunidad indígena que se dedica a la siembra del maíz, la calabaza y el frijol, pero en los últimos años le agregaron la marihuana y la amapola. Esa droga tenían un comprador: Los Rojos, pero desde que comenzaron a disputar la región con Los Ardillos, todo cambió.

La zona se convirtió en un trinchera: los pobladores se armaron y restringieron el paso. Sin embargo, meses después se unieron a la Policía Comunitaria por la Paz y la Justicia. Este grupo es señalado como el responsable de la desaparición de 30 personas en Chilapa.

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