Si estuvieras entre comprarte el coche que sueñas o ahorrar para tu retiro, seguramente, te comprarías un auto nuevo. Así es, y es que estamos hechos para decidir a corto plazo. El largo se ve muy lejano y abstracto y preferimos tomar decisiones que nos den placer y felicidad en el momento. ¿Y mañana? Ése está muy lejos y mejor ni pensamos en él.

Pero, ¿por qué? Dejando a un lado la precariedad de los salarios que en muchas ocasiones hace imposible el ahorro, buscar la razón de por qué las personas preferimos gastar en otras cosas a ahorrar ha sido la motivación para muchos investigadores de todas las nacionalidades.

Es un tema recurrente para una rama de la economía denominada economía del comportamiento, la cual echa mano de la psicología para entender por qué las personas se comportan como lo hacen. Y es que guardar dinero no tiene que ver tanto con educar, sino con la manera en la que funcionamos los seres humanos.

Cuatro investigadores de la Escuela de Negocios Wharton, en un capítulo del libro The psychology of desire, explican uno de los conflictos que causan tensión una y otra vez en nuestras vidas: el que se genera entre lo que queremos y lo que deberíamos de hacer. Pero, ¿por qué escogemos la mayoría del tiempo lo que queremos hacer y no lo que debemos? Los profesores aseguran que la utilidad instantánea obtenida de la opción de escoger lo que queremos es mayor que la utilidad instantánea que se obtiene de elegir lo que deberíamos hacer. Vaya, que nos va a hacer más felices en el momento tomar esa decisión.

Y, ¿por qué deberíamos hacer lo que debemos? Porque la suma de la utilidad que derivará de hacer lo que deseamos en el momento en un periodo futuro es menor que la que va a derivarse de elegir lo que deberíamos. Es decir, vamos a ganar menos por decidir al calor del momento que inclinarnos hacia lo que deberíamos.

“Cada uno enfrentamos conflictos entre 'múltiples yos', uno que quiere gratificación inmediata y otro que alega por los intereses de largo plazo”, explican los investigadores.

Dan Ariely, un profesor de psicología y economía del comportamiento de la Duke University de Carolina del Norte, coincide con este dilema de decidir por algo hoy o inclinarnos a algo que nos hará mejor pero sucederá en un futuro.

“En todos los casos nos enfocamos en el presente más que en el futuro, es un gran error pero es inherente a la naturaleza humana”, asegura en una entrevista televisiva.

En este sentido, el profesor asegura que sólo educar a las personas no será útil, precisamente, porque esta naturaleza humana siempre tenderá a señalar el corto plazo como prioritario.

No tenemos una idea clara del dinero

La segunda razón por la que a los seres humanos nos cuesta tanto ahorrar es porque la idea de dinero es abstracta y esto hace que sea muy difícil pensar en lo que realmente significa.

“Si te digo ‘¿quieres una bicicleta ahora?’ Tú sabes qué significa, pero si te digo, ‘¿quieres mil dólares más para tu retiro?’ No sabes qué significa, no le encuentras el valor hedonista”, expone. Lo que sucede es que el dinero es tan abstracto y podemos hacer tantas cosas con él que al final no entendemos qué es lo que estamos ganando o a qué es lo que estamos renunciando.

El autor de Irrationally predictable asegura que nuestra intuición nos engaña de una forma repetitiva, predecible y consistente, mucho más en temas abstractos como lo es el dinero.

Pero, ¿podemos cambiar? Un estudio publicado en el Journal of Political Economy demostró que involucrar a los empleados en un plan de ahorro puede aumentar hasta cuatro veces su tasa de ahorro. Lo que hizo este experimento fue ofrecerle planes de ahorro automático a los trabajadores con la idea aprovecharse positivamente de la procrastinación y de la inercia, dos actitudes que prevalecen en temas de retiro.

“Este plan tomó precisamente la misma tendencia conductual [inercia] que induce a la gente a posponer de manera indefinida el ahorro y la puso a trabajar a favor”, sostiene el análisis. Lo que se demostró fue que una vez que las personas se involucraron en el plan, muy pocas se salieron, lo cual hizo que incrementaran su ahorro.

Así, la ciencia prueba que naturalmente no somos propensos a ahorrar y que la educación financiera no es suficiente para prepararnos para retos tan grandes como el retiro.

En este sentido, Dan Ariely, el economista del comportamiento de Duke, decidió unirse a Qapital, una startup que diseñó una app dedicada a hacer que la gente pueda ahorrar de veras. Su idea es hacer la “app más efectiva para ahorrar en el mercado” gracias a los conocimientos que puede aportar la economía del comportamiento.

Ariely explica en una entrevista para Quartz que esta app forzará a las personas a pensar en el costo de oportunidad del dinero, en lo que estás abandonando si no guardas dinero (ahorrar para la universidad, por ejemplo) o en lo que puedes ganar ahorrando (si te propones recompensarte con una botella de gin, otro ejemplo). El dinero es demasiado abstracto y esto no nos permite darnos cuenta de lo que ganamos o perdemos con él.

¿Cómo eres? Así gastas

Así, hay muchas razones por las cuales las personas no ahorran. Y una de ellas tiene que ver con la personalidad. Varios análisis realizados demuestran que la personalidad se relaciona con la forma en la que las personas se vinculan con el dinero y en la que toman decisiones financieras. El estudio Personalidad y cultura financiera: Un estudio de jóvenes mexicanos, revela que las personas menos extrovertidas e irascibles son aquellas más propensas a planear y a prever escenarios futuros, es decir, a ahorrar.

En este sentido, Olivia Mellan, una psicoterapeuta que se ha dedicado a estudiar la relación entre el dinero y la personalidad, analiza ésta a través de un cuestionario y a lo largo de sus estudios ha encontrado que existen 10 tipos. Y éstas están forjadas, entre otras cosas, por la educación financiera que se ha dado de pequeño y por las personas que más influenciaron en este aspecto al individuo, afirma Alejandro Saracho, especialista en finanzas personales y autor del libro Reconfiguración financiera.

“Una de las razones por las cuales las personas no ahorran es por su configuración financiera. Tiene que ver con los patrones que aprendiste y que empiezas a repetir. Uno de los orígenes de la forma en la que manejamos el dinero tiene que ver con cómo manejaban el dinero las personas cercanas a ti cuando eras pequeño”, dice.

Si en tu casa había personas que solamente gastaban el dinero, eso es lo que aprendiste y si no te das cuenta de adulto que adoptaste esta actitud, la empezarás a repetir.

Otro aspecto sobre por qué nos gusta el corto plazo en vez del largo se encuentra en la dopamina que genera el comprarnos algo en el momento, en vez de ahorrarlo, lo cual hace que lo repitamos una y otra vez. “Tener ese apapacho y esa dopamina hace que las personas fumen, tomen y algunas compren de más”, asegura.

Las personas buscan con esas compras el sentirse arropados y es porque se estimula la secreción de este neurotransmisor que provoca sensaciones de bienestar y placer, dice Alejandro.

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