Chicago, Illinois.— La elección intermedia del 6 de noviembre será la más importante de los últimos tiempos. Ahí se definirá si Estados Unidos endosa o rechaza el gobierno de Donald Trump. El triunfo demócrata impondrá el freno de un gobierno dividido y la victoria republicana lo impulsará para continuar con su aplanadora por dos años y lo colocará en una posición ideal para ser reelecto.

En mi mente son evidentes los motivos por los que Trump debe estar recluido por incapacidad mental y no ser jefe de Estado; no obstante, aquí explico algunas razones por las que sus simpatizantes votarán alineados con el presidente por sus “logros” y detallaré la solidez de éstos. Trump tiene las habilidades de un vendedor de autos usados que convence al consumidor de comprar una porquería que no le es útil y que no necesita. Por eso mismo, se ha encargado de hacer de esta elección un referéndum sobre su gestión y lidera los eventos de campaña para que su partido conserve la mayoría legislativa, entre otras posiciones.

El gran espejito: el desempeño de la economía. El crecimiento económico en su primer año alcanzó un sano 2.7% del PIB y en 2018 podría superar esa cifra. Como consecuencia, el desempleo cayó a 3.7%, su nivel más bajo desde 1969. Más trabajo y más negocios de los que el presidente toma total crédito.

En realidad, estas cifras son reflejo de la recuperación que inició en la administración Obama, aunque es cierto que la economía se aceleró al eliminar miles de regulaciones que hacían más complejo hacer negocios en este país.

El problema con cancelar indiscriminadamente regulaciones es el daño colateral. Por ejemplo, Trump quiere aprobar de forma expedita proyectos de infraestructura. Para ello eliminó cientos de requisitos para, digamos, construir una carretera. Si hay daño ecológico y afectación a comunidades no importa. La prioridad es presentar resultados felices que el vendedor de carcachas pueda presumir.

También se inyectó esteroides a la economía con el recorte de impuestos de su reforma fiscal. Ahora, la familia promedio recibe 4 mil dólares adicionales al año, mientras que los millonarios se llevan el grueso de los beneficios. Si bien la economía es una fragata que se mueve con los ventarrones del recorte de impuestos, el déficit nacional aumentó casi 800 mil millones de dólares en el último año.

Yo creo en limitar el cobro de impuestos a los contribuyentes al tiempo que el gobierno reduce el gasto, pero ese no es el caso de EU bajo Trump. El presidente avienta dinero, como bolo en bautismo, celebra la bonanza pasajera, pero deja sin armas a la nación para mitigar la crisis de insolvencia que viene.

El otro espejito: ligar la inmigración con seguridad nacional. Trump es muy hábil en infundir temor a su base acerca de los extranjeros. La caravana migrante está conformada por familias pobres, pero Trump asegura que viajan criminales y terroristas. Pese a que la inmigración no es un problema estratégico, el presidente colocó el tema como prioritario posando como el defensor que detendrá la “invasión”.

Trump es la fuente de información (desinformación, en realidad) de su base política, segmento del electorado que lo sigue como las ratas al flautista de Hamelín. Para este hombre amoral y sin ética, no hay diferencia entre la verdad o la mentira, sólo hay objetivos que cumplir por los medios que sean necesarios. No obstante, reconozco que es perverso, pero determinado y enfocado. Sabe lo que quiere, lucha y trabaja duro por conseguirlo.

Este es el personaje al que nos enfrentamos quienes creemos en la democracia liberal, las libertades y la decencia humana. Para contrarrestar sus espejismos sólo hay una solución: votar. Recuerde a sus familiares y amigos en EU acudir a sufragar, el mundo y este país merecen algo mejor que un fraudulento encantador de serpientes.

Periodista

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