Este fin de semana se llevó a cabo el primer debate entre Xóchitl Gálvez, de la Coalición Fuerza y Corazón por México; Claudia Sheinbaum, de la Coalición Sigamos Haciendo Historia y Jorge Álvarez Máynez, de Movimiento Ciudadano, en las instalaciones del Instituto Nacional Electoral, el cual reportó que cerca de 13 millones de mexicanos escucharon, desde diversas plataformas, la primera deliberación presidencial de 2024.

El debate entre quienes aspiran a dirigir el destino de este país en los próximos seis años, es un derecho de los mexicanos a tener información sobre los programas y proyectos en su beneficio, no una plataforma para la hoguera de las vanidades que se convierte en el disfraz perfecto de los mentirosos y ¡vaya que fuimos testigos de cómo se miente sin pudor alguno y con toda frialdad!

Entre los temas que se abordaron y que representan retrocesos evidentes en la política pública de México, se encuentran el de salud, transparencia y violencia contra las mujeres.

Y ante la conversación popular que se ha centrado en aspectos como la vestimenta, el medio de transporte, el maquillaje y un largo etcétera de impacto nulo para la salud de la Patria, te pido que reflexiones que lo que realmente está tras bambalinas son dos proyectos que se encuentran en franca competencia: la continuidad del abandono y el deterioro de la calidad de vida de los mexicanos, o decidir por el respeto a la ley, enfrentar y solucionar los problemas nacionales y evitar la negligencia criminal de la autoridad que tanto dolor ha causado.

Y en el marco de esta discusión, Andrés Manuel López Obrador fiel a su costumbre, se victimizó y acusó a los participantes, empezando por los moderadores, de “atacar a su gobierno” y de paso, en el periódico casi oficialista de su comadre Carmen Lira, le mandó un mensaje a su candidata, para que no se le olvide a quién le debe la posición y quizá una advertencia para que se ocupe, en las siguientes ocasiones, de su defensa a ultranza y no de explicar los resultados fallidos de los que dijeron ser diferentes. Pero ya no nos detengamos en esas nimiedades, mejor abordemos lo trascendente:

Mientras los vocingleros cuatroteístas se indignan porque Xóchitl pega un chicle en algún mueble, guardan saliva para no hablar de los habitantes que en la CDMX fueron usados como animales de laboratorio para experimentar sobre el funcionamiento de la ivermectina, no autorizada para atender COVID.

Las personas podemos corregir nuestros hábitos, pero resulta criminal la distribución, como si fueran chicles, de medicamentos que ponen en riesgo la salud de los seres humanos. ¿Dónde entonces está la indignación?

Mientras los autodenominados transformadores apuntan con dedo flamígero si Xóchitl es o no robusta, dejan de señalar los voluminosos contratos que por adjudicación directa se han otorgado a los corruptos “aportadores voluntarios” de la ilegal campaña de Claudia Sheinbaum, que un día son proveedores y, al otro, los nombran funcionarios del gobierno de la CDMX.

Las personas podemos bajar o subir de peso, según nos lo propongamos, pero quien como Claudia Sheinbaum se ha ejercitado durante todos estos años bajo la tutela del maestro de la corrupción en el gimnasio de la opacidad, lo único que hará será subir las extorsiones a los que, desde el poder económico, se han convertido también en cómplices saqueadores del erario.

Mientras los cuatroteístas critican el maquillaje de Xóchitl Gálvez, evaden señalar que Claudia Sheinbaum lo que maquilló fueron las cifras de los feminicidios en la CDMX durante su gobierno.

Xóchitl puede cambiar de asesora de imagen, pero Claudia Sheinbaum jamás podrá devolverle la vida a todas esas mujeres que ya no están porque fueron abandonadas por su gobierno.

Hay errores que se cometen en la política y que se pueden subsanar: corregir la posición de una bandera, modificar el medio de transporte, nombrar correctamente los documentos o los lugares de nuestra extensa geografía nacional, pero lo que es imperdonable y que realmente está en juego en la siguiente elección, son las decisiones de gobierno que, con sus acciones y omisiones, dañan las arcas públicas y enlutan los hogares.

Claudia Sheinbaum no podrá regresarles la vida a los 26 fallecidos por el accidente del Metro ni a los 19 niños del colegio Rébsamen ni a las dos jóvenes que cayeron en las coladeras por la negligencia gubernamental de la capital... esos hogares tienen ya el sello cuatroteísta de la mentira, la muerte y la tragedia.

Por eso, en nuestras manos está elegir el proyecto de la vida, la verdad y la libertad de un México que merece el compromiso de todos nosotros.

Política y activista

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